Silencio. María Emilia se para al frente del estrado. Comienza a mover las manos. Las aproxima, las combina, las separa. Se entiende que está utilizando la lengua de señas. Sigue el silencio. Los gestos que utiliza, a algunos, parecen no comunicar. Esos espectadores no decodifican el mensaje. Silencio. Aparece una intérprete. Toma el micrófono y dice: “Esta sensación que ustedes sintieron es la que nosotros sentimos todos los días, por eso es tan importante que cada uno de ustedes interprete este lengua, ¿entendieron? Bueno, ahora sí, voy a presentarme. No se preocupen, no se pongan nerviosos que ahora sí, con intérprete, vamos a empezar”, dijo María Emilia en lengua de señas y replicó con palabras su intérprete. “Soy estudiante de sexto año del liceo IAVA y sorda profunda”, se presentó. Ella fue la encargada de anunciar la campaña “Mejor hablar de ciertas cosas”, diseñada por un grupo de jóvenes con discapacidad auditiva que persigue el objetivo de difundir información sobre la salud sexual y reproductiva en lengua de señas.

Los materiales fueron proyectados en una pantalla al costado del estrado, el martes, en el Salón Rojo de la Intendencia de Montevideo ante una audiencia mayoritariamente joven, atenta y ávida de compartir la experiencia. Ya se encuentran disponibles en el perfil de Facebook de IiDienred. Los afiches muestran a los mismos jóvenes indicando cómo decir algunas palabras en lengua de señas. Entre ellas aparecen «condón», «sexualidad», «derecho», «prevención». El remate de los materiales utiliza siempre la misma frase: “Es tu derecho, pedí información”. Es que, según contó María Emilia, falta información adecuada que colabore con las personas sordas para prevenir enfermedades de transmisión sexual y adquirir conocimientos que no están en otra parte.

Muchas veces, se presentan tabúes que imposibilitan el desarrollo de conversaciones más profundas sobre la temática. Eso provoca que la falta de orientación al respecto haga más latente el riesgo de embarazos no deseados entre los más jóvenes. También les preocupa el contagio de enfermedades de transmisión sexual. Y en el interior del país, advirtió, el acceso es mucho más limitado.

En Uruguay, 120.000 personas tienen discapacidades auditivas, según datos que se desprenden del último censo. Entre ellas, cerca de 30.000 tienen discapacidad severa o sordera total, de las cuales, 2.500 son niños, adolescentes y jóvenes menores de 30 años.

Empezar

La iniciativa comenzó cuando algunos jóvenes participaron en los talleres de educación sexual en el liceo al que concurrían. Allí conocieron, por ejemplo, de la existencia de los preservativos para mujeres, entre los métodos anticonceptivos. “Nunca en mi vida había visto algo igual”, comentó María Emilia. “Empezaron a explicarnos cosas muy interesantes. Veíamos videos e imágenes. Ahí nos dimos cuenta de todo lo que nos faltaba saber”, explicó.

Luego de esa instancia, un grupo de compañeros se organizó para reunirse en el bar Kalima, en Montevideo, y compartir información. Para sorpresa de todos, comenzó un ciclo de debates y de charlas. Rodrigo, Jorge, Gimena, Camila y otros tantos jóvenes con discapacidad auditiva formaron parte de estas instancias.

A uno de ellos se le ocurrió filmar los encuentros, con el objetivo de dejar registro, material que ofició de puntapié inicial para los definitivos y que complementan esta campaña. “Lo que necesitamos es ayuda en la difusión, porque sucede que algunos de nosotros venimos de hogares en los que nuestros familiares son personas oyentes, entonces allí no recibimos información. Nuestra familia no nos enseña sobre estos temas. Nos sentimos muy solos. No es culpa de nadie, pero al no tener información cometemos muchos errores que podríamos haber evitado”, comentó María Emilia. Un episodio mencionado de forma recurrente fue el de que algunos compañeros del grupo planteaban que “lavar un preservativo” luego de usado era una tarea vista como higiénica y “normal”. “Ahí nos damos cuenta de la importancia que tiene este proyecto y compartir los datos que tenemos”, concluyó María Emilia.

Silencio. El auditorio levanta los brazos y mueve las manos en forma de saludo. No sirve el aplauso; no en este ámbito. El aplauso suena. No es necesario hacer ruido.

Cada granito de arena

“Mi nombre es Camila y soy instructora de lengua de señas. Estudio en la Facultad de Derecho. Hace muy poco que pertenezco al grupo. Me integré por Facebook. Me dio curiosidad. Hace años trabajé en Minas, Lavalleja, sobre estos temas. Me preo
cupaba mucho por tratar la sexualidad y, una vez que nos juntamos, empezamos a ver qué señas podrían relacionarse con palabras que nosotros no manejábamos hasta el momento. Empezamos a investigar”, se presentó. “Esto es condón [mueve sus manos deletreando la palabra], pero también pueden entender que condón es así”, dice, mientras muestra su dedo índice haciendo un solo gesto. “Estuvimos discutiendo la seña: si es el significado en el entorno puede ser, si se entiende. Queremos que sea claro. Las personas sordas no saben qué es un taller de sexualidad. Vemos que el concepto de la palabra lo ponemos en la seña, no sólo para Montevideo, sino para todo el país. El grupo trabaja en estos momentos en materiales como afiches, tarjetas, que reúnen las palabras que se usan en el taller para reconocer los significados”, comentó Camila. “Estamos preocupados por estos temas. Los sordos no tenemos idea de qué es el sida. No sabemos qué significa”, enfatizó. “También sabemos que el entorno familiar es importante. Hay padres que no saben cómo comunicar estas cosas a sus hijos. Hay muchos miedos”, dijo.

Rodrigo es estudiante de la Licenciatura en Animación de la ORT. Comentó que participó en esta iniciativa desde donde mejor pudo aportar. “Los jóvenes usamos códigos QR. ¿Qué es eso? Por ejemplo, si yo uso un teléfono celular, puedo tomar fotos directamente y pasar esto a internet. Acá tenemos un código QR en la tarjeta que les damos a los jóvenes en el taller. Y mediante una foto nos lleva directo a internet y podemos acceder a un video. Con este material explicamos cómo se contrae el sida, por ejemplo”, explicó.

Ahora le toca a Jorge. Es profesor de lengua de señas en Rocha. “Los sordos no saben de estos temas”, dijo, y enfatizó la falta de recursos que se advierte en el interior del país para acceder a la información. “Hay tres personas de este grupo que viajan a Maldonado, Canelones y Soriano a dar charlas en los liceos”, comentó.

Gimena, que también participó en la iniciativa, dijo que cuando los niños sordos terminan la escuela en el interior no tienen a dónde ir. “La realización de talleres se hace imprescindible para que los jóvenes puedan integrarse a distintas actividades”, sostuvo.

“Hay personas adultas sordas que tampoco tienen información completa”, intervino María Emilia. “Lo mejor es que entre sordos podamos hacer llegar de esta forma que nosotros conocemos lo que puede ser útil. Es importante trabajar en conjunto y conseguir apoyo de los gobiernos locales. La idea es conseguir agentes multiplicadores. Sí creemos que con apoyo nos podemos trasladar y capacitar a otros sordos, porque sabemos que muchas familias no pueden transmitir esto”.

Esta iniciativa recibió el apoyo del Instituto Interamericano de Discapacidad y Desarrollo Inclusivo (iiDi), UNFPA, UNICEF y las organizaciones de la Comunidad Sorda del Uruguay (Fenasur).

Al final, cuando ya algunos se paraban a ver los afiches y comentar los materiales, María Emilia dijo: “Gracias por mirarnos; ésta es la forma de escucharnos”.