Nacional, Sociedad

3.5.13
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Oír su voz

Columna de opinión.

Hoy, 3 de mayo, la UNESCO y las organizaciones dedicadas al fomento y a la protección de la libertad de expresión conmemoramos el Día Mundial de la Libertad de Prensa. El evento central de esta celebración mundial tiene lugar este año en América Latina, en Costa Rica, con el objetivo común de concienciar a la sociedad sobre la importancia de los medios de comunicación, indispensables para la promoción de los derechos humanos, el desarrollo y la democracia.

La libertad de expresión es un derecho fundamental, consagrado en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sin libertad de prensa, la sociedad es muda, ciega y sorda. La sociedad civil sólo puede tomar decisiones fundamentadas basándose en información veraz y plural. Sin el trabajo de miles de periodistas, que a veces arriesgan su vida para investigar y explicar lo que acontece en el mundo, los ciudadanos estarían a la merced de poderes fácticos, indefensos ante los intereses de grupos criminales. Así, mientras que los trabajadores de los medios de comunicación deben esforzarse por mantener y ganar -y en algunos casos, por recuperar- la confianza de la sociedad civil, manteniendo su independencia editorial y ofreciendo información de servicio público, la población ha de ser firme en la exigencia de una información libre y de calidad.

La seguridad de los periodistas es la piedra angular de esta lucha, y éste es el tema para las celebraciones de este año: “Hablar sin riesgo: por el ejercicio seguro de la libertad de expresión en todos los medios”. Garantizar la seguridad de los periodistas y de quienes transmiten información por internet es un asunto urgente. Las cifras son alarmantes: más de 600 han sido asesinados en los últimos diez años o, lo que es lo mismo, cada semana un periodista pierde la vida por dar información. Sólo en 2012, como directora general de la UNESCO, condené el asesinato de 121 periodistas, profesionales que perdieron la vida en el ejercicio de su labor, tanto durante la cobertura de conflictos armados como por informar sobre cuestiones locales como corrupción, actividades criminales o narcotráfico.

La impunidad es otro de los focos de atención de este año. Los datos más actuales reflejan que sólo uno de cada diez crímenes contra periodistas da lugar a una condena. Muchos sufren intimidación y acoso, amenazas de muerte y violencia. Es intolerable.

La impunidad no sólo indica una disfunción en el estado de derecho, sino que alimenta un círculo vicioso, enviando la señal de que la sociedad debe guardar silencio sobre la corrupción, las violaciones de los derechos humanos o el daño ambiental. El resultado es la autocensura de los periodistas, el silencio de la sociedad civil y la erosión de la confianza pública en el sistema judicial.

Para proteger a los periodistas y poner fin a la impunidad de que disfrutan quienes los atacan, la UNESCO tomó la delantera de un movimiento histórico para la instauración del Plan de Acción de las Naciones Unidas para la seguridad de los periodistas y la cuestión de la impunidad. Este plan, adoptado en 2012 por todos los organismos de la ONU, es un paso importante para aunar los esfuerzos con el fin de crear un entorno más seguro para los periodistas.

Las iniciativas de protección de la libertad de expresión deben abarcar tanto los medios de comunicación tradicionales como el mundo digital. Internet ha posibilitado un flujo de información sin precedentes y las nuevas tecnologías han convertido a muchas personas en “periodistas ciudadanos”. Pero así como las nuevas tecnologías facilitan la comunicación, también posibilitan un mayor control de ésta. En consecuencia, si se quiere proteger la libertad de expresión ante las crecientes presiones para revelar las identidades de los usuarios, realizar operaciones de vigilancia o retirar contenido, la comunidad internacional debe reflexionar para actuar e intercambiar las mejores prácticas en una jornada como la de hoy. La necesidad de formación, infraestructura y apoyo legal son enormes y la UNESCO se mantiene firme junto a sus estados miembros para aumentar la capacidad en este ámbito.

En todas las latitudes, multitud de actos e iniciativas conmemoran este importante día mundial. Hago desde aquí un llamamiento a todos nuestros interlocutores, en el mundo y en Costa Rica, para hacer oír su voz a fin de que no se silencie más a los periodistas.

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