La mañana de la asunción de Horacio Cartes estuvo marcada por el frío.

No sólo el que vive la capital paraguaya, sino también el de la relación entre el presidente y la gente. El escenario estaba preparado para recibir a miles de personas, pero las que asistieron para presenciar el regreso del Partido Colorado al poder después de cinco años no superaban las 4.000. Sólo algunas de las pausas previstas en el discurso para los aplausos de los asistentes fueron cubiertas con vítores y en la mayoría de los huecos sólo se escuchó silencio. La gente, que portaba banderas paraguayas y pañuelos del Partido Colorado -que al comienzo eran vendidos, pero con el paso de los minutos terminaron siendo regalados-, estaba bastante lejos del escenario donde se realizó la ceremonia de asunción, a algo más de media cuadra, desde donde apenas se podía ver lo que sucedía en el escenario, ya que el estrado preparado para la prensa estaba en el medio.

Durante su oratoria, de 28 minutos, Cartes pidió la colaboración de los paraguayos para que el suyo sea “el gobierno de las oportunidades para todos”. “La democracia es un medio, el fin es el bien común, proclamemos nuestra democracia pero sobre todo llenémosla de contenido”, abogó el flamante mandatario, para después preguntarse si se puede estar orgulloso de una democracia cuando no se puede dar trabajo digno a la gente.

El empresario leyó en teleprompter un discurso con muchas referencias teológicas: a Dios, a la Virgen de la Asunción y al papa Francisco. Tanto a Dios como a la Virgen de la Asunción les pidió que intercedieran para que él pueda hacer un buen mandato: “Invoco a Dios: le imploro, como presidente de la República, que me dé sabiduría, prudencia, fortaleza y justicia para cumplir mi deber de servir a este enorme pueblo paraguayo”, fue una de las primeras oraciones del discurso.

Cartes aseguró que hará todo lo posible para mejorar la situación de los jóvenes y las mujeres de Paraguay. A los primeros les pidió que “como dijera el papa Francisco, si este presidente no cumple con sus expectativas hagan lío”. En cuanto a las mujeres, Cartes recordó que durante su viaje a Brasil el papa argentino dijo que las mujeres paraguayas “son las más gloriosas de América Latina” y preguntó: “¿Qué paraguayo no se sintió emocionado?” al escuchar esas palabras.

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Una figura muy presente en los medios de comunicación paraguayos fue la esposa de Horacio Cartes, María Montaña, quien está separada del mandatario, con el que tiene tres hijos, y se adjudicó el cargo de primera dama. Lo hizo mientras los periodistas en la puerta del Te Deum entrevistaban a la menor de sus hijos, María Sol. Se metió en la nota y dijo dos veces ante cámaras: “Soy la primera dama”. Cartes había mencionado que ese lugar sería ocupado por su hermana, Sarah Cartes, a la vez que su hija mayor, Sofía, que sostuvo la Biblia mientras juraba el cargo, pidió que dejaran de atribuirle ese rol.

El presidente se encargó de advertir a los paraguayos que para darle un mejor futuro al país todos deben hacerse responsables: “Yo solo no avanzaré un paso. Necesitaré del concurso de todos los paraguayos y paraguayas”. También aseguró que “recorriendo el país” percibió que los paraguayos están “esperando un gran gobierno desde hace mucho tiempo” y que depositan en él muchas expectativas “y diría, incluso, esperanza”. Tras algunas consultas entre los asistentes al evento, la diaria pudo corroborar que la percepción de Cartes era correcta, aunque no faltó el escéptico que apuntó: “Como tiene mucha plata por lo menos sabemos que no va a robar”. El regreso del Partido Colorado al poder era percibido con alivio tras cinco años que fueron definidos por uno de los asistentes al acto como “un experimento extraño” en la historia de Paraguay, marcada en las últimas siete décadas por el predominio político de los colorados.

Cartes se mostró firme al asegurar que su “obsesión” es “ganar cada batalla de la guerra que hoy declaramos a la pobreza en el Paraguay”. De acuerdo a los datos de 2010 de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos, la pobreza afecta al 32% de los paraguayos. “Si dentro de cinco años, al concluir el mandato que hoy se inicia, no hemos reducido sustancialmente la pobreza en el Paraguay, serán estériles todas las obras que habremos realizado”, afirmó Cartes.

Dentro de este mismo tema, criticó que una “impresionante” cantidad de dinero público se ha destinado “supuestamente” a la lucha contra la pobreza pero sin que se hayan producido “resultados visibles”. Entrando directamente al tema de la corrupción, el nuevo mandatario advirtió: “El que desee adueñarse de la cosa pública, sea por la vía que fuere, no contará con la complacencia o la complicidad del jefe de Estado. Ésa es la diferencia que marcaré desde la presidencia de la República”.

Antes había señalado, a título personal y como una advertencia sobre la corrupción: “No estoy en política para cuidar una carrera ni para enriquecer mi patrimonio; estoy en política para servir al pueblo”.

Además de hablar de la pobreza y de sorprender con un llamado a la protección del medio ambiente, Cartes destacó los problemas que tienen los paraguayos para acceder a los servicios de salud, la deficiente situación de las personas de tercera edad y la criminalidad. “Seremos implacables en restablecer el orden y la presencia del Estado en toda la República. Puedo asegurarles que no nos van a marcar la hoja de ruta ni criminales ni grupos armados”, aseguró Cartes, antes de ingresar en la parte final de su discurso inaugural. Insistió en que trabajará para “hacer que cada uno de los habitantes del Paraguay tenga las mismas oportunidades de trabajo, de educación, de salud y de seguridad”, para lo cual, entre otras cosas, se propone, dijo, “alentar y garantizar la inversión, tanto nacional como extranjera”. Apuntó que para ello se necesita “seguridad ciudadana y seguridad jurídica”, y debe ser un país “serio, creíble y previsible”.

Tras la asunción, el mandatario se trasladó a la cercana Catedral Metropolitana, donde se celebró el tedeum tanto por la asunción como para conmemorar el 476º aniversario de la fundación de la ciudad de Asunción. Cartes recorrió los 300 metros que separaban al lugar de la asunción de la Catedral a bordo del Chevrolet Caprice de color blanco que se hizo famoso durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), que lo ponía a disposición de sus visitantes, entre los cuales estuvo el dictador argentino Jorge Rafael Videla.

Durante la mayor parte del trayecto el mandatario dirigió su mirada hacia su derecha, donde estaban formadas las distintas fuerzas de seguridad de Paraguay, y no hacia la izquierda, donde una tímida presencia de público intentó, sin éxito, saludarlo. Si bien los simpatizantes colorados que asistieron a la asunción del mandatario dejaban ver cierto alivio por el regreso de su partido al poder, también se dejó ver la gran incertidumbre que genera el nuevo gobierno, formado mayoritariamente por técnicos, muchos de ellos cercanos a Cartes, entre los que se cuentan un ex gerente de una de sus empresas, dos primos y su médico personal. Varios de los ministros están afiliados al Partido Colorado -la clara excepción es el liberal Francisco de Vargas, quien liderará la cartera de Interior-, pero no forman parte de la dirigencia de la formación ni de la camada de “dinosaurios”, apelativo con el que se conoce en Paraguay a la vieja guardia del partido. También se reflejaba alivio desde los medios y por parte de algunos legisladores, que mostraron tranquilidad porque el traspaso de mando entre dos partidos rivales se haya realizado “en paz”, reflejando que, en el fondo, había algún temor de que Paraguay no retornara claramente a la vida democrática.