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Nacional | Jueves 25 • Febrero • 2016

Virginia Bertolotti. Foto: Federico Gutiérrez

A la obra

Académica destacó que cuadernos sobre lectura y escritura de Primaria dan mensaje de que “el maestro tiene que enseñar”

Virginia Bertolotti es doctora en Humanidades y Artes con opción en Lingüística por la Universidad de Rosario, en Argentina, y además de haberse desempeñado como docente en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República (Udelar) y de hacerlo actualmente en la de Información y Comunicación, desde 2014 integra la Academia Nacional de Letras. Entrevistada por la diaria, Bertolotti se refirió a la enseñanza de lengua en la educación pública uruguaya y consideró que una de las principales causas de los problemas que se dan en esa área tienen que ver con que en los últimos años ingresó “mucha más gente” al sistema educativo, sumado a que cambiaron las expectativas sobre las competencias en el manejo de la lengua. También defendió los materiales que elaboró el Programa de Lectura y Escritura en Español (Prolee) y señaló que los textos refuerzan la idea de que “el maestro tiene que enseñar” a leer y escribir.

En las últimas semanas estuvo en debate una serie de materiales elaborados por Prolee a pedido del Consejo de Educación Inicial y Primaria de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), que tienen el objetivo de “acompañar” a los docentes en la enseñanza de lectura y escritura, área en la que las autoridades de la educación reconocen la existencia de problemas, que buscan revertir mediante este tipo de acciones. Consultada al respecto, Bertolotti señaló que luego de mirar los materiales notó que tienen “mucha reflexión atrás” y que no fue el caso que “juntaron tres cosas, las pusieron juntas y mandaron a imprimir”. Además, consideró que los materiales “transmiten cariño por los estudiantes y por los maestros”, y que en el caso de los materiales de guía para estos últimos, se transmite “un mensaje muy claro sobre que el maestro tiene que enseñar, que quizá no fue transmitido tan claramente en otros momentos, cuando se focalizaba más en el niño construyendo sus propias estrategias de aprendizaje en su propia formación del conocimiento”.

Explicó que en cualquier ámbito, si alguien enseña, el otro aprende. “Algunos aprenderán más, otros menos, los que no quieren aprender no van a aprender nunca, pero si el maestro enseña no hay forma de que la mayoría de los niños no aprendan”, fundamentó. Si bien señaló que lo que los materiales dicen que hay que enseñar “podría estar en otro orden o el énfasis podría estar puesto en otra parte”, consideró que eso será tarea de gente especializada en alfabetización inicial y en el análisis de materiales didácticos. “Yo veo los cuadernos y no me doy cuenta de dónde está el problema. Por otro lado, soy consciente de que los materiales son un elemento político. Un dato interesante es que cuando [Alfredo] Vásquez Acevedo, en quien todos estaríamos de acuerdo en no dudar de sus cualidades intelectuales, saca su serie de lectura, salen en la prensa duras críticas a sus materiales”. Por ejemplo, señaló que el intelectual español Daniel Granada criticó duramente esos materiales y dijo que estaban llenos de errores de ortografía, por lo que su utilización en la educación sería “una vergüenza”, sin tener en cuenta que “con esos materiales se educó a buena parte de los hijos de inmigrantes que terminaron muy bien alfabetizados”.

“Hay que ser extremadamente cuidadosos cuando decimos cosas de los materiales didácticos, porque en la educación es muy fácil destruir y muy difícil construir. Si soy un niño que estoy por entrar a la escuela y mis padres escuchan en el informativo que hay polémica con respecto al material para los niños porque se considera de baja calidad, en lugar de ir a la escuela con toda la ilusión de que me van a dar una cosa buena, miro esto y pienso que es una porquería. Ese problema en la educación es brutal; es como en la economía, porque buena parte de su funcionamiento se basa en que la gente esté convencida de que esto tiene sentido. Por supuesto que todo el mundo tiene derecho a expresarse, pero si sistemáticamente estamos desacreditando la propia institución de la que formamos parte, estamos haciendo un daño que no me doy cuenta si la gente es capaz de mensurar”, cuestionó.

De antemano

Bertolotti consideró que como se trata de materiales en papel de uso individual podrán reformularse, “seguramente el hecho de usarlos en la práctica lleve a eso”. “Me pregunto cuál es el aporte que estoy haciendo a la educación si los critico antes de que hayan sido usados, sobre todo cuando los critico con cuestiones tan vagas como que la teoría que está detrás de los materiales no es la mejor, pero no digo cuál es la teoría”, lamentó. La académica también dio el ejemplo del libro Gramática del español para maestros y profesores del Uruguay, elaborado por Marisa Malcuori y Ángela Di Tullio, para la ANEP, que “es envidiado desde fuera del país por gente absolutamente de referencia, como Ignacio Bosque y Rebeca Barriga”, pero aquí también recibió críticas.

“Una de ellas es que los maestros y profesores no deberían consultar este tipo de textos, sino que deberían leer directamente de las fuentes. Yo hace 30 años que estudio gramática y un capítulo de uno de los textos fuente me lleva un mes; es una gramática hecha por especialistas para especialistas. Algunos colegas consideran que la gramática de la ANEP no está bien porque es una versión simplificada de las fuentes. Si sos maestro trabajás de mañana y de tarde, llegás a tu casa y tenés que leerte seis o siete capítulos de una de las obras de referencia para dar funciones del sustantivo. No tiene ni pies ni cabeza pretender eso de los docentes en las condiciones de trabajo actuales”, indicó.

En cuanto al trabajo de Prolee, la lingüista describió que una de sus líneas de trabajo son las bibliotecas solidarias, que están en más de 400 escuelas del país e intentan “generar situaciones de cultura letrada, sobre todo con los niños que provienen de medios donde quienes los crían tienen menos contacto con la lengua escrita”. Bertolotti dijo que otra de las líneas es la elaboración de pautas de referencia, que intentan establecer cuál es el nivel óptimo de llegada en cada uno de los niveles educativos, más bien como apoyo a los docentes, y que más recientemente también se trabaja en la generación de materiales didácticos. Ahora “desde afuera”, Bertolotti evalúa que en Prolee “están haciendo -a veces- más de lo que razonablemente puede hacer un grupo humano”. “Si lo que producen no es lo mejor del mundo, es lo mejor que se puede producir en el sentido de que hay un grupo humano en el que todos los que trabajan han sido maestros y profesores durante mucho tiempo, saben y se enfrentan al desafío de conseguir que jóvenes y niños aprendan. Además, todos tienen formación de grado y están completando formaciones de posgrado íntimamente relacionadas con el tipo de trabajo que se realiza en Prolee”.

En macro

Bertolotti comparte el diagnóstico general sobre que hay problemas en el aprendizaje de lectura y escritura, pero también considera que “con el correr del tiempo vamos mirando las mismas cosas, con distintas exigencias”. Si bien dijo que “evidentemente los estudiantes no salen de secundaria como nos gustaría”, algo que se percibe en la Udelar, planteó que “también es cierto que hay muchísimos estudiantes que llegan a la universidad que hace una o dos generaciones no llegaban”. Al mismo tiempo, sostuvo que “es cierto que cualquier persona que egresaba de primaria hace dos generaciones tenía un manejo de la lengua escrita que la mayoría de los que egresan hoy no tiene”, y planteó que la principal causa es que “hay mucha más gente que ingresa al sistema educativo”, lo que a la vez lleva a tener que formar a muchos más docentes, “y para hacerlo necesitamos muchos más formadores de docentes, y para formar formadores de docentes precisamos gente muy altamente calificada”.

Con respecto a los planes de estudio en formación docente, señaló que “el actual de magisterio supera a planes anteriores” y que “hay muchas generaciones de maestras que egresaron habiendo cursado un único año de lengua”. “Por más voluntad que tengan y por mejor que quieran hacer las cosas, les faltaban herramientas muy básicas. Tampoco es que cambiando los planes de estudio se solucione todo; hay que ir a las cuestiones más profundas, pero lo que es obvio es que si un maestro que tiene como una de sus funciones principales la alfabetización inicial no tiene buena formación en esa área, es altamente probable que las cosas no vayan muy bien”, agregó. La académica consideró que para mejorar la formación se está pensando en iniciativas “sumamente interesantes”, como una maestría en alfabetización inicial.

Bertolotti planteó que “la tecnología de la escritura es algo sumamente complejo”, que tiene una parte que si bien “supone unos procesos cognitivos bastante complejos”, se tiene que “automatizar” en algún momento. “Subir una escalera es algo que hago automáticamente; si cada vez que voy a hacerlo tengo que pensar cómo poner el pie, cómo doblar la rodilla, sería altamente ineficiente, me daría mucha pereza subir escaleras y, por lo tanto, terminaría no haciéndolo. Si bien hay que tener en cuenta cómo se desarrollan los procesos cognitivos de los niños a la hora de pensar en cómo enseñar, durante mucho tiempo se hizo un enorme énfasis en ponerse del lado de los procesos del niño y se postergó demasiado cierta presión que hay que ejercer para que los niños automaticen las cuestiones más básicas de la decodificación”, dijo.

Según la docente, “en términos lingüísticos, en general, lo que uno aprende sólo es lo que se llama ‘adquisición’”. Si bien aclaró que no es especialista en alfabetización inicial, señaló que todos los humanos tienen capacidades cerebrales instaladas por las que están “predeterminados para adquirir el lenguaje”, lo que lleva a que adquieran la lengua oral, excepto que exista alguna deficiencia mental. “Eso es independiente de los estímulos culturales; aun los niños que provienen de medios socioculturales menos privilegiados hablan entre los 18 y los 36 meses. La lengua escrita, por el contrario, no es natural, naturalmente ningún niño va a adquirirla”, definió. Por lo tanto, consideró que “dejar un enorme espacio para que la adquieran naturalmente es algo sin sentido” y, “dado que los adultos ya sabemos cómo son las reglas de la escritura, cómo funciona el sistema del español, las relaciones entre sus grafemas y fonemas, le hacemos un enorme favor al niño al avisarle por dónde van las cosas y al no dejarlo hamacarse en la incerteza y la construcción propia, sobre todo considerando que la ortografía es totalmente arbitraria”, remató.


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