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Cultura | Jueves 11 • Febrero • 2016

Viejo, Solo y Puto.

La periferia al centro

La celebrada obra Viejo, solo y puto llega este fin de semana al teatro Solís.

El nombre de Sergio Boris ha resonado mucho en los últimos tiempos. Los motivos pueden ser las dos películas de Daniel Burman en las que trabajó, El abrazo partido y El misterio de la felicidad, o su participación en las monumentales obras de teatro El pecado que no se puede nombrar y La pesca, a cargo de Ricardo Bartís, que sacudieron el ambiente cultural y dejaron una huella profunda. Ahora Boris vuelve a ser noticia, pero esta vez por una de sus propias piezas, Viejo, solo y puto, que llega este sábado y el domingo a la sala principal del teatro Solís.

Definida por la crítica argentina como uno de los mejores espectáculos de la última década -y considerada en Francia uno de los cinco acontecimientos culturales del año-, a Viejo, solo y puto la rodea la estética del conurbano bonaerense: después de recibirse de farmacéutico y bioquímico, Daniel llega para atender la farmacia de su familia. Pero no se trata de una noche cualquiera: se improvisa una fiesta con cerveza caliente, un poco de pizza y cumbia de fondo, para festejar el título. Ahí estarán el flamante profesional, su hermano, un vendedor de propaganda médica y un par de travestis, asiduas clientas del establecimiento para inyectarse hormonas femeninas. Todo se desarrolla un sábado de noche, como preámbulo de una proyectada salida a bailar a El Mágico, el boliche tropical de la zona. Mientras los cinco personajes esperan ese momento, todo se dilata en una previa que nunca termina y que se pierde en las bambalinas de la farmacia, ubicada al lado de una villa.

Reconocido como un teatro de convicciones, Viejo, solo y puto se convirtió en un clásico del off porteño, más que nada porque los actores -Patricio Aramburu, Marcelo Ferrari, Darío Guersenzvaig, Federico Liss y David Rubinstein- despliegan personajes que, por una u otra razón, son muy cercanos: dos son hermanos, dos son pareja, y las travestis, compañeras de trabajo. Parece que los tres personajes vinculados con el negocio farmacéutico disimulan como pueden su decepción de la vida, mientras que las travestis también están en crisis, desesperadas por recibir sus hormonas. “Es que en la obra lo amoroso no está ligado a la armonía o a la felicidad, sino al poder succionador de la adicción y al vicio”, dijo Boris al diario argentino Página/12.

Como buen discípulo de Bartís, el dramaturgo y director menosprecia la autoridad del texto y al teatro que busca ante todo plantear y desarrollar ideas, por considerarlo “frío”. También se ha mostrado muy crítico de la avalancha de obras procedentes de otros países que se montan en Buenos Aires: “Hoy existe la moda de importar textos de autores extranjeros. Nosotros queremos apostar a un teatro que revela que la actuación es multiplicidad de planos, no modelos de comportamiento ni personajes dados”, advierte.

Así, Boris y el elenco ensayaron durante dos años, persiguiendo una premisa que se podría definir con la fórmula “cómo encarar un universo difuso”. A priori, ésta parece ser una obra sobre el tedio existencial y las distorsiones amorosas, rodeadas por la violencia de la barriada. El caso es que Viejo, solo y puto, siendo una obra atípica incluso para el circuito alternativo, permaneció cuatro temporadas en salas porteñas, realizó funciones en distintas provincias argentinas y tuvo exitosas presentaciones en Francia (Lille, Montpellier, Bordeaux), en Bruselas y en el reconocido Kauze de Róterdam, además de pasar por el Festival Temporada Alta de Girona (cuya versión montevideana se desarrolla, por estos días y en paralelo, en la sala Verdi).

Esta comedia costumbrista, que parece incluir mucho de tragedia, tuvo un referente real: Boris cuenta que, en el marco de la preparación de la puesta, el equipo decidió comprobar cómo era, en la realidad, el mundo que querían representar, y fueron a una farmacia de Wilde, en el partido de Avellaneda, porque les “interesó la metáfora del cruce de gente de una clase media con pretensiones universitarias y el travestismo, pero no en su calidad de género, reivindicador, sino en el cruce de personajes. La justificación de que sean travestis está dada por el relato, por el cuento teatral”, señala.

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