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Cultura | Martes 23 • Febrero • 2016

Murga La Clave en el tablado del Velódromo.Foto: Pablo Vignali

Tres murgas de diez

Finalizó otra etapa en el Concurso Oficial, se concretaron los pasajes a la Liguilla y se dejó de especular. Con los resultados a la vista, más de uno quedó sorprendido. No en todas las categorías hubo desconcierto, de hecho, quizá eso ocurrió sólo en la de murgas. La realidad es que la sorpresa se da porque, año tras año, vemos que buenos espectáculos no llegan a la tercera rueda porque las murgas “grandes” son casi intocables. Rápidamente, las murgas que participarán en la Liguilla son Cayó la Cabra, Don Timoteo, Garufa, La Clave, La Gran Muñeca, La Trasnochada, Los Diablos Verdes, Metele Que Son Pasteles, Momolandia y Patos Cabreros. Quedaron afuera, entre otras, Curtidores de Hongos, Falta y Resto y Queso Magro.

Las que estaban en duda, no por la calidad de sus espectáculos sino sólo por esa aparente justificación de que las “grandes” no quedan afuera, son Metele Que Son Pasteles, La Clave y Cayó la Cabra (aunque esta última ya fue liguillera). Parece que lentamente, muy lentamente y con alguna postura adversa, el carnaval está dando giros.

Un coro en los pretiles

La Clave es una murga del interior del país, más precisamente de San Carlos, que ya ha participado, con éxito, en el carnaval montevideano. Este año se presenta con un espectáculo denominado “Bichos raros”. Su vestuario, confeccionado con materiales reciclados y uno de los mejores de este carnaval, representa claramente la idea del espectáculo. Cuenta también con una muy buena puesta en escena, realizada por Martín Sosa Cafasso.

El espectáculo tiene puntos altos, uno de ellos es “Los bichos del chat”, que señala el uso abusivo de las nuevas tecnologías y las redes sociales. Y como alguna otra murga, comenta el uso de los emoticones y aventura una interpretación de algunos cuyo significado no es evidente. Más adelante, con la intención de buscar el “bicho más raro”, se representa el enfrentamiento entre la oposición y el oficialismo en una encarnizada discusión. Finaliza invitando a cambiar al “viejo Frente Amplio”. Otro que concursa para ser el bicho más raro es Diego Godín, a quien se lo compara con otros futbolistas de la selección y a quien se lo señala como un “buen botija”. Una disparatada enumeración de sus cualidades termina destacando el precio que pagan los ídolos, la presión y las críticas que reciben los cracks.

Otro minicuplé que se destaca es el del bicho desmemoriado. Para éste, la murga carolina cuenta cómo es vivir bajo un gobierno del Partido Nacional, y de a poco va cambiando su postura, dejándose seducir hasta que se transforma en una “murga blanca”. Esto inicia un pasaje crítico acerca de la honradez y la constante queja de los dudosamente honrados.

La murga va creciendo y alcanzando sus puntos altos en la segunda mitad del espectáculo. Cierra con una despedida que nos invita a ver todo lo que tenemos, y en especial las pequeñas cosas de la vida, los amigos, la familia, la simpleza. Una vez más, La Clave es una de las diez mejores murgas del carnaval.

Murga, relajo de mi vida

Con otra impronta, Cayó la Cabra, una murga cooperativa que salió por primera vez en 2012, presenta un espectáculo titulado “Relajo”. Esta agrupación viene sorprendiendo en carnaval desde sus inicios, particularmente por su manejo del lenguaje escénico (este año, de la mano de Pablo Pinocho Routin) y por el nivel de sus textos. Hoy en día, a pesar de sus pocos años, es una de esas murgas a las que se espera con ansiedad por su propuesta original y creativa.

En este carnaval nos viene a ofrecer historias “de relajo”, de ésas subidas de tono que todos tenemos para contar. Ya sin temor de hacer un salpicón, esta murga “joven” aprovechó los muchos relajos que hubo en 2015 para generar uno de los popurrís más críticos sobre la realidad nacional y mundial que se ven por los tablados.

El espectáculo transcurre con pequeños relatos, como el referido a las parejas. En él se describen de manera concisa pero profunda las etapas del enamoramiento, la convivencia y el desgaste. Se subraya la necesidad del ser humano de vivir con otro u otros, a sabiendas de que eso no siempre tiene un final feliz. Al ir a lo más simple y cotidiano, y a lo más burdo y grotesco, Cayó la Cabra encuentra su lugar y su forma de ser. Allí residen su propuesta y su humor.

Son interesantes algunos recursos que utiliza la murga y que generan un estilo narrativo, por ejemplo cuando propone una situación que se desvanece enseguida, o cuando algo que se mencionó al pasar al comienzo se retoma más adelante, generando un efecto reminiscente, siempre de tipo humorístico.

El último cuplé del espectáculo relata la absurda convivencia entre un civil y un policía, cuestionando la función que cumplen las llamadas “fuerzas del orden” y concluyendo que los defectos de este sistema son virtudes desde el punto de vista de los poderosos.

La murga canta su retirada en honor a la música y a los poetas, dejando el humor de lado para alcanzar una profundidad poética muchas veces ausente en las murgas jóvenes. Con esos méritos, Cayó la Cabra vuelve a ser finalista.

Que por lo menos diga “es Carnaval”

Metele que son Pasteles alcanza por primera vez el pasaje a la tercera rueda, aunque podría haberlo merecido en años anteriores. El título de su espectáculo, “Armar y desarmar”, lleva al espectador a observar distintas situaciones en las que nos enfrentamos a esa dualidad contradictoria.

El medio del espectáculo es quizás el mejor de las murgas de este año. El texto es excelente, y tanto la puesta en escena como el vestuario contribuyen a formar un conjunto coherente con la parte letrística. El primer cuplé, del lego, propone un enfrentamiento en clave freudiana entre el Ello y el Superyó; se suscitan distintas situaciones en las que lo primitivo y las normas se enfrentan, y se le presentan al espectador los pensamientos de un personaje en una constante disyuntiva.

El recurso de la antítesis, utilizado por esta murga durante todo el espectáculo, se ajusta de forma ideal a la temática elegida y genera situaciones de comicidad, configurando una propuesta en la cual forma y contenido van armoniosamente de la mano.

A continuación viene uno de los mejores cuplés de este carnaval, el de la crisis, que se desarrolla con altos niveles de crítica y humor. Mediante la canción “El Pollito Pío”, se desarrolla una descripción de quienes más sufren los problemas económicos del país: aquellos que cobran el salario mínimo. El movimiento escénico, fundamental en ese momento del espectáculo, le brinda al cuplé un apoyo excepcional; la responsable de la puesta en escena es Valentina Seijo. Éste es el punto más alto del espectáculo de los Pasteles, que se han ganado con creces su participación en la tercera rueda del Teatro de Verano.

Sobre el final, y retomando lo que se mencionó antes, la murga señala la importancia de las formas y cómo éstas pueden afectar a los contenidos. Allí se manejan temas de actualidad, marcando oposiciones y utilizando en forma explícita algunos términos relacionados con la gramática en los que se propone poner el acento. Sigue una referencia sobre el reclamo del 6% del PIB para la educación y, en la línea de darle su debida importancia a la forma, el discurso se dirige al presidente como una maestra de escuela, para culminar con la afirmación contundente de que “el que no cambia todo, no cambia nada”.

Estas tres murgas, que algún inadvertido osó pensar que podían quedar fuera de la Liguilla, estarán en ella y haciendo tablados por una semana más. Ojalá sea el inicio, o por lo menos el indicio, de un cambio necesario, que acompase los criterios del jurado a las transformaciones culturales de la sociedad.

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