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Deporte | Miércoles 02 • Marzo • 2016

Con ilusión

Columna de opinión.

Un vistazo amplio que intente ver todo el panorama dará como resultado la visión de jugadoras juveniles que cada vez más, temporada a temporada, llegan desde el fútbol infantil con mejor nivel técnico. 19 de las 22 integrantes del plantel han jugado por varios años y con muchísimos partidos en el fútbol infantil que lleva adelante el Departamento de Niñas de la Organización Nacional de Fútbol Infantil (ONFI). Otras dos han jugado con varones también en la ONFI; sóla una, la tacuaremboense Lorena Yaque, no jugó en su etapa infantil.

Ése es un dato positivo: el plantel tiene una composición muy rica en habilidades futbolísticas. Pero las preparaciones para competiciones internacionales no siempre son las mejores, y éste es un caso paradigmático.

La idea de procesos con planes a largo, mediano y corto plazo tan caros para el fútbol masculino uruguayo de la última década no ha logrado afirmarse en el ámbito femenino de la misma organización. Muchas veces se lo invoca, pero se incumple flagrantemente.

Además, existen avances importantes en casi todos los países, y nuestra representación está ubicada en el mismo grupo que brasileñas y colombianas, quienes, desde siempre las primeras y desde 2008 las segundas, tienen el mejor fútbol femenino de Sudamérica. Y a la fase final sólo se clasifican dos selecciones.

Esta selección comenzó a existir apenas un mes y medio antes de partir hacia Venezuela. En ese plazo, se tuvo que hacer todo al mismo tiempo: que el entrenador principal entrara en contacto con jugadoras a las que desconocía en la mayoría de los casos, detectar a las más destacadas en todo el país, organizar los entrenamientos, ir conformando el posible equipo titular, darles una base física, hacerles chequeos médicos, armar la documentación, solucionar aspectos de infraestructura elementales, como tener lugares de entrenamiento aceptables y lugares de alojamiento para quienes no vivían en Montevideo, etcétera, etcétera. Conclusión: no es buena cosa enviar una selección a un Sudamericano sin un trabajo evolutivo, progresivo, realizado desde cuando terminó el anterior torneo de la categoría.

Dirigentes, entrenadores y auxiliares realizaron una labor sacrificada y exigente que intentó minimizar las consecuencias del mínimo tiempo del que dispusieron, y las jugadoras que fueron evaluadas y luego seleccionadas pusieron todas sus ganas, su entusiasmo y sus deseos de superación.

Ahora, a partir de hoy, se opondrán a rivales que han dispuesto de tiempos más adecuados de preparación. No les pidamos milagros. Esperemos, con ánimo positivo, que, situadas ante una difícil exigencia y sin una preparación completa, logren, igualmente, hacer aflorar sus virtudes originales, ésas que esbozamos en el comienzo.

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