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Internacional | Miércoles 23 • Marzo • 2016

Donde hubo hielo

En su último día en Cuba, Obama defendió las libertades políticas y civiles y se reunió con la oposición.

Desde La Habana, y horas antes de viajar a Argentina, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, dio un discurso en el que exhortó a los cubanos a ser los agentes de cambio de su sociedad y consideró que deben desarrollar ese papel amparados por una democracia plena. Después, el gobernante se reunió con miembros de la oposición cubana y otros representantes de la sociedad civil para escuchar “la voz del pueblo cubano” y no sólo la del gobierno de Cuba.

Obama tenía sólo 48 horas para dejar la marca del primer presidente estadounidense que fue a Cuba en casi 90 años. Su visita oficial demostró, por un lado, que el acercamiento entre los dos países es real -en el plano diplomático y, en particular, en el económico y el comercial- y confirmó, por el otro, que todavía existen diferencias profundas. En líneas generales, el gobierno del presidente Raúl Castro considera que las relaciones con Estados Unidos no van a “normalizarse” por completo hasta que este país levante el embargo económico que mantiene sobre la isla desde la década del 60 y hasta que la soberanía del territorio de Guantánamo le sea devuelta a Cuba. Por su parte, Estados Unidos insiste en que esta “normalización” de las relaciones bilaterales se completará cuando Cuba garantice la plena vigencia de los derechos humanos y de una democracia transparente.

En uno de los momentos más esperados del viaje, Obama brindó ayer un discurso de media hora en el que intentó no dejar afuera ninguna de estas cuestiones. “He venido aquí para enterrar los últimos vestigios de la Guerra Fría en las Américas”, empezó su discurso Obama en el Gran Teatro de La Habana.

El presidente estadounidense explicó que el año pasado decidió normalizar las relaciones con Cuba porque la política de “aislar a Cuba no funcionaba”, y volvió a pedirle al Congreso de Estados Unidos el levantamiento del bloqueo económico y comercial. “Es hora de hacerlo”, enfatizó. Castro, desde uno de los palcos del teatro, escuchaba atento. El resto de los cubanos lo hacía en vivo por la televisión oficial.

Obama dijo que su gobierno no quiere entrometerse en las cuestiones internas de la isla, porque “el futuro de Cuba debe estar en manos de los cubanos” -lo dijo en español-, pero insistió en que si la vida de los cubanos mejora, la democratización será una consecuencia ineludible y el país “acabará transformándose”. Luego, se dirigió directamente a Castro: “Dado su compromiso con la soberanía y la autodeterminación de Cuba, también creo que no debe temer las voces diferentes del pueblo cubano, y su capacidad para hablar, para reunirse y para votar a sus propios líderes”. Esto se debe a que la democracia es la forma de “lograr cambios en la sociedad” e impulsar a las personas a “ser catalizadores, crear y reimaginar”, dijo.

Obama reconoció que ya hay “una evolución” en Cuba, un “cambio generacional”, por lo que apeló a los jóvenes a “construir algo nuevo”. En el mismo sentido, y en una de las intervenciones más filosas, el presidente estadounidense dijo que aunque es verdad que “todo niño merece tener derecho a la educación, a un techo y a la salud”, la ley no debería permitir las “detenciones arbitrarias” de las personas que “ejercen su derecho a expresar lo que piensan, a organizarse, criticar a su gobierno y manifestarse pacíficamente”. Agregó: “Los votantes deberían poder elegir sus gobiernos en elecciones libres y democráticas”.

Obama hacía alusión a los casos de arrestos y persecución contra los opositores cubanos, con quienes se reunió después del discurso. En la embajada de su país mantuvo un encuentro con 13 miembros de la oposición y la sociedad civil -entre ellos blogueros, artistas y activistas por el respeto a la diversidad sexual- que fueron seleccionados por la Casa Blanca con anterioridad. El presidente explicó que su política en Cuba consiste no sólo en un contacto con el gobierno cubano, sino también con el pueblo, para asegurarse “de que tiene voz y de que sus preocupaciones y sus ideas ayudan a modelar la política de Estados Unidos”.

Elizardo Sánchez, portavoz de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, que estaba presente en la reunión, dijo en declaraciones a El País de Madrid que el encuentro es “un mensaje para el gobierno de Cuba”, al que le viene a decir que ellos “son personas con derechos que se deben proteger”.

Unas horas antes, esa comisión le había respondido públicamente a Castro, que ayer le dijo a un periodista que si existían los “presos políticos” en Cuba, él quería la lista. “Claro que tenemos la lista. Nosotros decimos que hay 89 y estamos dispuestos a discutir caso a caso. Les replicamos con los hechos”, dijo Sánchez.

Manuel Cuesta, otro de los opositores que se reunieron con Obama, calificó el encuentro de “muy positivo” -en diálogo con la agencia Reuters- y dijo que conversaron sobre democracia, derechos humanos, elecciones libres y la ampliación del acceso a internet a todo el país. Agregó: “Obama prometió continuar llevando estos temas en sus próximos discursos e intercambios con el gobierno cubano”.

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