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Cultura | Lunes 21 • Marzo • 2016

Humanizó el hierro

Horacio Faedo (1928-2016)

Nació en Riachuelo, Colonia, el 22 de mayo de 1928. Se lo conoce como escultor y poeta, pero también fue orfebre, obrero textil, letrista de murgas, nadador, futbolista, protesista dental, carpintero, padre, marido, preso político, revolucionario. Como él mismo solía contar, su interés por el arte nació muy tempranamente, cuando de niño su padre le regaló un banquito de carpintero y empezó a esculpir la madera. Siempre recordaba lo importante que había sido, durante su infancia y adolescencia, su Riachuelo natal y Boca de Rosario, donde había vivido muy de cerca el frenético trabajo de las canteras de arena, en las que admiraba el arduo trabajo de los obreros.

Influenciado por la enseñanza de María Freire -a la que conoció durante su formación en el bachillerato de Colonia del Sacramento, donde esa artista impartía clases-, comenzó su constante búsqueda de los límites de la forma. De esa época data su interés por las máscaras africanas y por la iconografía indoamericana. Durante los años 50 se vinculó con el movimiento Madí de arte concreto; de esa relación dan testimonio sus poesías publicadas en la revista Arte Madí, editada de 1947 a 1954, y en el libro Antología Madí, de 1955, así como su primera escultura, de 1954. De esos años se destaca su relación con integrantes del grupo uruguayo de ese movimiento, como Rhod Rothfuss y Carmelo Arden Quin. En su introducción al libro mencionado, Gyula Kosice, al referirse a la poesía de Faedo destacaba “su frase rotunda, hilada a toda temperatura, a toda latitud”. Esas frases, decía Kosice, “merecen estar todas subrayadas con rebote de ensañamiento”, son de un “descubridor animoso, de un espejo retrovisor mirando hacia el luego”.

Estuvo entre los fundadores del movimiento tupamaro. Detenido en 1972, pasó por cuarteles de Colonia y Montevideo y finalmente fue encerrado en el Penal de Libertad durante más de nueve años. Fueron momentos duros que dejaron marcas, pero también recuerdos de fraternidad y complicidad entre los compañeros de lucha. Tras salir de la cárcel en 1981, se volcó a la creación escultórica en su taller de Riachuelo, donde pasaba días enteros ensamblando, inventando, creando y componiendo a base de soldadura y fusión de las formas.

Su obra se encuentra en una geografía de tensiones estéticas y políticas. Aunque fue un gran admirador del escultor Henry Moore (1898-1986), su obra se localiza en las antípodas de la de aquel artista inglés. La escultura poética de Faedo trabaja con la línea y con el vacío, en busca de enfatizar el “caos del plano”. Modelaba el hierro -o, como él solía decir, “el fierro”- suavizándolo, haciéndolo poroso, maleable, humanizándolo. Su inmensa y poco conocida obra es una ardua búsqueda humanista en contra de la alienación. Su poesía matérica fue una forma de supervivencia. Falleció el viernes en Colonia, a los 88 años. La falta de reconocimiento de su obra coincide, no gratuitamente, con la ausencia de justicia en un Uruguay al que aún le falta reconocerse con su propio pasado.

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