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Cultura | Viernes 11 • Marzo • 2016

Matías Rodríguez, Emiliano Escudero y Guillermo Nigro, en el bar Hollywood.

Mal llevados

Entrevista con Guillermo Nigro y Matías Rodríguez, de Cadáver Exquisito.

Cadáver Exquisito, con once años de actividad, es de las bandas que han pasado más lejos del radar en la música uruguaya reciente. Sin la marca generacional de sellos como Esquizodelia, desde su primer disco encontraron razón de existir viviendo con un pie en Uruguay y otro en Argentina, donde parecía apreciarse más su extraño licuado sonoro con influencias de Black Flag, The Mars Volta, Pescado Rabioso y Queens of the Stone Age. Sin embargo, las cosas parecen haber empezado a cambiar con el público local a partir de su último trabajo, 750 mg., un disco más cancionero que presentan este viernes a las 22.00 en Bluzz Live.

Un poco el karma y la bendición de la banda es que siempre les fue mucho mejor en Argentina que acá, ¿a qué creen que se debe eso?

Guillermo Castor Nigro (GN): -En realidad eso tiene que ver con una época en la que era medio difícil conseguir lugares para tocar, o al menos para tocar como queríamos.

Matías Rodriguez (MN): -Creo que tiene que ver más que nada con el tema de las influencias. En Argentina nuestras influencias son comunes y acá no tanto.

GN:- No sé si es por fuerza de la persistencia, pero creo que antes tocábamos en forma más aislada. Después empezamos a tocar con bandas más afines, algo que antes no nos pasaba. Los primeros recuerdos de tocar con bandas que tuvieran que ver con nosotros son más de Argentina que de Uruguay. Acá era conseguir una banda equis para hacer otro toque, pero estaba todo más disgregado. Después empezás a hacer más circuito, aunque lo de “afín” es medio relativo, porque nosotros con Power [Chocolatín Experimento] no somos tan parecidos, pero somos amigos.

¿Con cuáles dirían que sienten afinidad?

MR:- Con los Power, con Martes Mártir, aunque no existan más, Revólver… las bandas de Canelones (que para nosotros es todo lo que desciende de Ufesas y sus ex integrantes, aunque suelen ser bandas que duran tres meses). Después, Vincent Vega, pero creo que no tiene tanto que ver con nosotros. Capaz que Hijo Agrio, pero también tenemos puntos que nada que ver, ellos son más minimalistas y más metaleros. La principal diferencia son las influencias. Para nosotros, el rock argentino de los años 70, más que nada Pescado Rabioso, siempre fue un lineamiento claro y eso no le pasa a casi nadie más. Cuando le hacen un tributo a [Luis Alberto] Spinetta acá, se llena de tecladistas.

Parece que Spinetta hubiera líneas diferentes de seguidores. Están los que agarran la etapa más jazzera, los que toman un sonido más funk, tipo Socios del Desierto, y los más hard, como ustedes.

GN:- La parte que más tomamos más de Spinetta no es la que hace más mella en Uruguay. Acá se asocia más con Spinetta Jade. La parte de Pescado, hasta el disco Artaud, incluso Invisible, no ha pegado tanto. Hay gente que te dice “No sé qué es “Post-crucifixion”, y si conoce ese tema, no sabe qué es Spinetta.

MR:- El mejor ejemplo es cuando hay un homenaje, porque lo que siempre suena son temas del primer disco de Almendra (ni pensemos en Almendra 2, porque de ese disco no se acuerda nadie). Siempre tocan “Muchacha”, Pescado e Invisible prácticamente no existen.

Ustedes tienen una histórica mala liga con los toques, muchas veces se han suspendido por eventos extraños y casi siempre les llueve a cántaros [Nota de redacción: la postergación para hoy del homenaje a Zitarrosa en el estadio Centenario, que se decidió después de la realización de esta entrevista, puede agregarse a la lista].

GN:- En el primer boliche en que íbamos a tocar, la noche anterior me llamaron contándome que los habían desvalijado.

MR:- Después Arteatro se prendió fuego en el segundo toque. Cuando tocamos en Solitario Juan la lluvia es una cuestión casi matemática. A mí me pasó de estar saliendo de trabajar y decir “hoy llueve”, y que los otros me digan “pero no está previsto en ningún lado”, y yo decir “hoy tocamos en el Solitario: hoy llueve” y probar sonido y que aparezcan nubes y se largue a llover. Ahora esperamos al menos que el viernes no llueva.

Es como si Montevideo fuera alérgico a ustedes.

MR:- No alérgico, creo que ha sido como algo mutuo. Creo que Montevideo te hace así. Nosotros hemos tocado para una persona sola en un local donde entran 200; cuando te pasa eso, te metés en el caparazón y es “se van a cagar todos”.

GN: Es bajón, y en Uruguay eso es medio ley.

MR:- La época de Diagonales fue la más cruda en ese sentido.

GN: Éramos una banda mucho más Pescado, la onda para grabar el primer disco era Pescado 2; teníamos ganas de hacer ese tipo de cosas y por ese lado no pegaba. Después estaba ese tema de “qué lugares hay para tocar que no sean la Zitarrosa o el Solís”, y ahí tenías el viejo BJ, y después es la vieja brecha entre tocar en tu casa o en un teatro, que para una banda que recién está empezando ni se te ocurre. De hecho, por aquel tiempo no estaba el Solitario, que nos salvó las pelotas en ese sentido.

Solitario Juan ha sido como una segunda casa para ustedes.

GN:- En los dos primeros toques que hicimos en el Solitario, la exigencia fue que hiciésemos una cosa medio tranquila, pero terminamos al palo y les regustó. Cuando terminamos, pensamos “Ahora se quema”, por el tema del ruido, pero fue desconectar y nos dijeron “Pah, sonó muy alto pero nos encantó”.

MR:- Según el Peluche, que es el dueño del Solitario, somos la banda que tocó más veces ahí. Él estaba entre Oro y nosotros y creía que los ganadores éramos nosotros. Después el Mandrake [Alberto Wolf] nos sacó el lugar, pero en 2013 era demencial la cantidad de veces que tocábamos. También pasó que, por nuestras influencias, hay algunas condiciones para tocar que nunca nos convencieron. Te dicen “armamos acá en la esquina y metemos las guitarras en estos cubitos”; ponele que si querés sonar a Beat Happening te la bancás, pero si en tu cabeza el sonido de una guitarra es Led Zeppelin, o el sonido de una batería es Black Sabbath, necesitas un poco más de condiciones. Y es un poco desgastante, porque cuando tocás en vivo en malas condiciones te saca un poco las ganas de tocar; también a veces verte es una cosa más militante para tus amigos, porque al final vos salís del trabajo, adentro hay un chirrido que te taladra y te quedás en la vereda, entrás y salís, y a cualquiera le termina pudriendo.

Ahora, sin embargo, parece que con el último disco aumentó la resonancia de la banda en otros medios.

MR:- Este es el disco que tuvo la respuesta más grande acá.

GN:- El tema es que ahora tenemos temas de tres minutos, loco. Ya fue, no tenemos zapadas de diez minutos.

MR:- El primer disco nuestro no tenía criterio. Sabíamos que el disco bancaba 72 minutos, preguntamos en cuánto íbamos y nos dijeron “54”, entonces era “vamos a hacer un tema más de 18 minutos”. Es un disco que tiene cero criterio. Es el sueño de toda tu vida, grabás todo lo que querés decir y yo lo quiero pila; teníamos malos instrumentos, malos equipos, pero igual… tiene temas que están buenísimos, pero si vas al tema de la grabación, hay cosas que molestan más de los equipos que de la ejecución. Eran equipos con los que hoy en día no bancaría tocar ni en mi casa.

GN:- Era “play” y “rec”, meter una estrofa, 17 minutos de mutación y después reenganchar. El Perro [Daniel Atienza, productor del sello Perro Andaluz], cuando se juntó por nosotros por primera vez, nos dijo “Bueno chiquilines, lo primero que quiero decirles es que están mal de la cabeza, pero me gustó”. Creo que Fernando Cabrera dijo algo así. El Barea [Martín Barea Mattos, coordinador de Ronda de Poetas] se lo mostró y dijo “estos chiquilines están mal”.

Siempre parece que entre un disco y otro hay como un nuevo chiche o una nueva influencia que renueva todo el sonido de la banda. Al principio tenían una cosa medio progresiva, que cambia cuando empieza a pesar Black Flag en su sonido…

MR:- También hay una cuestión que es que el primer disco nuestro fue de los años en que todo el mundo estaba enfermo con The Mars Volta, y jugaba eso de cuán estruendosos y complicados podíamos llegar a ser.

GN:- Lo nuestro era 80% zapada.

MR:- Recuerdo la sensación de cuando fuimos a tocar por primera vez en Argentina. Habíamos tocado con Ave Tierra y Gran Cuervo, y nos dimos cuenta de que ellos sí tocaban progresivo, y nosotros éramos una banda de blues. Acá era “Uh, ustedes tocan raro”, o la clásica de “Me gusta verlos en vivo pero no los escucharía en mi casa”; en Argentina éramos como AC/DC, estaba la gente que tocaba raro y después veníamos nosotros. Tengo un recuerdo muy claro de Argentina, subimos a tocar, arrancamos con la batería de “Polymovil” y un tipo que estaba al costado del escenario gritó: “¡Eh, rocanrol!”. Es como que al lado de otros somos Los Ratones Paranoicos. Te ponés a tocar y ves gente bailando, agitando, y es completamente diferente de acá, que tocabas y abajo había seis pibes de polera que acababan de salir de una clase de Humanidades. Pero igual, en lo referente a los cambios, en cada disco creo que tenemos un tema que no pertenece a ese disco sino al siguiente, y a la vez un tema que parece pertenecer al anterior disco.

¿Marcelo Fernández [guitarrista insigne de Buenos Muchachos] tuvo influencia en el último disco?

GN:- Sí, fue alguien que sugirió tratar de simplificar la cantidad de notas, como que le vendría bien, porque en Diagonales veníamos de solos larguísimos

MR:- Marcelo hizo una crítica muy larga y completa sobre Diagonales, de que había demasiada información, que por ejemplo había tres solos en un tema, y que por ahí le gustaba el del medio, y lo que se perdía en eso y entonces decía: “parecen zapadas”

GN:- Y el tema es que eran zapadas.

MR:- El 750 fue el primer disco en que entramos a grabar sabiendo qué íbamos a tocar todo el tiempo.

GN:- Habíamos ensayado más de un año y no íbamos a improvisar en la grabación. Los temas se habían llegado a estandarizar, hasta por el mero hecho de la práctica. En los anteriores discos los temas eran más etéreos, era onda “¿Cómo termina?”, “Mas o menos así”.

MR:- A mí también me pasa que odio algo que ha salido con respecto a este último disco, que es que se maneje el término “madurez”. Para mí no es madurez, es simplemente querer hacer un álbum distinto, porque hacer siempre el mismo disco es un embole. Nada, me parece que las bandas uruguayas del último tiempo graban siempre el mismo disco. Para mí es medio raro, como que no querés hacer algo distinto. Nosotros ahora queríamos grabar algo en lo que supiéramos bien qué iba a tocar cada uno, pero también es algo que hablaba de Marcelo, que nosotros venimos de mirar versiones de veinticinco minutos de “Dazed and confused”, es nuestra formación. En este momento está bueno hacer temas de éstos; capaz que en el próximo hacemos temas de 40 segundos, tipo Wire, o capaz que hacemos dos temas de 40 minutos.

¿Les molesta que “más cancionero” se considere sinónimo de “maduro”?

GN:- Sí, creo que en buena medida sí. Nunca me lo puse a pensar de esa manera, pero parece que se planteara así. A continuación de destacar que es más sencillo, más redondo, siempre se agrega “y eso es una muestra de su madurez como banda”. Pero me parece que es un bolazo.

MR:- Me parece que es un discurso que se ha asociado mucho con la profesionalización del rock uruguayo. Esa cuestión del documental de la grabación del disco: “Nos fuimos a una quinta un año, y la pre-preproducción, y trajimos un productor que vino de tal lugar, y por qué no hacen en vivo la parte de ruido…”, y a nosotros no nos interesa eso. Tampoco quiere decir que nunca vayamos a tener un productor (sí tenemos un sonidista que trabaja con nosotros desde hace mucho, Javier Longhi). Si mañana nos cruzamos con Steve Albini, le vamos a pedir que nos produzca.

GN:- Además, es como un razonamiento que infiere que antes las cosas no las hacíamos en serio. Cuando vos ponés tu energía vital en esto, trabajás tantas horas, juntás guita para grabar el disco y ensayás… Sugerir que esto es serio y que lo anterior no lo fue me parece una pajería.

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