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Internacional | Miércoles 23 • Marzo • 2016

Meliké Yasar. Foto: Iván Franco

Nación en cuatro estados

El Congreso Nacional del Kurdistán reclama que los kurdos puedan hablar su idioma en sus países de residencia.

Meliké Yasar es integrante del Comité de Relaciones Internacionales del Congreso Nacional del Kurdistán (KNK), que por primera vez reúne a organizaciones kurdas políticas y sociales de los cuatro países en los que fue dividido el Kurdistán en 1923: Irán, Irak, Siria y Turquía. De visita en Uruguay, y en diálogo con la diaria, explicó de qué se trata la decisión de declarar una entidad federal autónoma, como lo hicieron la semana pasada tres cantones kurdos en el norte de Siria.

-¿El KNK reclama la creación del Estado de Kurdistán como lo hacen otras organizaciones kurdas?

-El KNK quiere la unión y la libertad de los kurdos y el reconocimiento de la nación kurda, pero su perspectiva no es la de la creación de un Estado nacional. Es un espacio donde se trabaja para el reconocimiento, pero no por un Estado nacional sino para que los kurdos podamos vivir con nuestro idioma y nuestra cultura en todos los países en los que estamos. En el norte de Siria hay un sistema que existe y funciona: el confederalismo democrático.

-Antes de ir al caso del norte de Siria, me gustaría preguntarte si esta propuesta del KNK genera críticas de otros sectores kurdos por renunciar a la independencia.

-Fue muy difícil para nuestro pueblo entender por qué no queremos un Estado nacional, pero la respuesta es muy fácil: eran estados nacionales los que dividieron al Kurdistán en cuatro partes. Hoy también hay otros grupos que piden la independencia, pero algo que muchos no entienden es que nosotros también queremos independencia -ese es nuestro objetivo-, pero no un Estado. Independencia es liberación, hablar en tu idioma, vivir acorde con lo que piensas o defender tu cultura, no con un Ejército o una mentalidad policial. Vamos a discutir la palabra “independencia”, que no tiene vinculación solamente con un Estado. El problema es que los que dividieron al Kurdistán en cuatro partes cumplieron su objetivo: los kurdos hoy no tienen contacto entre sí, todos piensan diferente, no tienen un lugar para reunirse y discutir. El KNK es un lugar para debatir eso, es un espacio en el que trabajamos por los intereses del pueblo kurdo en busca de un reconocimiento oficial de sus derechos.

-Volviendo a Siria, la semana pasada tres cantones kurdos del norte del país se declararon una confederación democrática. ¿En qué consiste?

-El confederalismo democrático implica que desde las calles hasta las ciudades haya una perspectiva de autodeterminación con asambleas, colectivos y comisiones, que todos los pueblos tengan un espacio para vivir con su identidad. Hay un contrato social con los principios fundamentales del sistema, que son la liberación de las mujeres, la democracia directa y que todos tienen el derecho a vivir como quieren y a crear su propio sistema, pero con una perspectiva de convivencia. Por ejemplo, en Yazira, uno de los tres cantones del norte de Siria, viven kurdos, pero también árabes, armenios, chechenos, turcomanos, asirios, cristianos, diferentes grupos que antes, bajo el régimen [del presidente Bashar al Assad], no podían vivir según su cultura -en especial los kurdos, que son la mayoría y no eran considerados ciudadanos, no tenían pasaporte ni documento de identidad-. Antes el único idioma oficial era el árabe, ahora son tres: el kurdo, el árabe y el asirio. Además, si en un cantón la población es 2% árabe y 98% kurda, un árabe tiene que ser copresidente de la asamblea de ese cantón.

-Esto está en vigor en los tres cantones del norte desde la semana pasada.

-Sí, la semana pasada se declaró la federación del norte de Siria, que es una esperanza para crear en el futuro una federación que abarque todo el territorio. Una perspectiva muy importante de esta declaración es que todos los pueblos de Siria pueden decir hoy que son parte de la federación siria. Después de esta conferencia [por la paz en Siria, que tuvo lugar en Ginebra] se emitió un comunicado en el que se dice que la crisis de ese país sólo pueden resolverla los pueblos que viven allí. La tercera reunión de Ginebra, que va a convocarse, no puede traer soluciones: sólo los pueblos que viven allí pueden decir cómo quieren vivir. La coalición [internacional que participa en estas conferencias] está pensando en que el régimen [de Al Assad] tiene características dictatoriales y lo quieren derrocar, pero es posible que después venga alguien y no necesariamente mejore la situación. Es lo que pasó en la primavera árabe [en 2011]: los pueblos se levantaron pero no tenían una alternativa, y en algunos países la situación ahora es más terrible que antes. Estos pueblos del norte de Siria hoy sí tienen una alternativa, que es la federación o el confederalismo democrático.

-¿Cuál es la diferencia entre este federalismo que propone el KNK y el Kurdistán iraquí, que suele ser visto como la alternativa para el pueblo kurdo?

-El gobierno autónomo del norte de Irak, o el sur del Kurdistán, se crea en 2003, tras la guerra de Irak. Después de la división en 1923, esa fue la primera vez que los kurdos tuvieron un gobierno y un sistema autónomo: es importante que tengamos hoy un pequeño lugar en el mapa que se llame Kurdistán. Pero la perspectiva de este gobierno es más nacionalista, no tiene una perspectiva que libere a la sociedad, y además no es la división la que puede traer soluciones para el pueblo kurdo. La posición del KNK es que este gobierno puede existir en el norte de Irak, pero hay que trabajar en cómo crear otro sistema en el que exista democracia. Puede llamarse federación o gobierno autónomo, pero vamos a cambiar la mentalidad. En Turquía el KNK no es separatista, quiere vivir dentro del territorio turco, pero hacerlo como nación kurda en una Turquía que sea democrática.

-¿Este sistema sería aplicable a los kurdos en Turquía?

-Sabemos que esta federación es un ejemplo también para los kurdos que viven allí. Ellos en diciembre de 2015 anunciaron que querían declarar el confederalismo democrático en el sur de Turquía, el norte del Kurdistán. El Ejército turco ocupa esas ciudades desde diciembre hasta ahora, y estableció el toque de queda hace más de tres meses. Todo el mundo sabe que ahí hay una población civil viviendo bajo una ocupación del Ejército turco y de grupos paramilitares islamistas, pero el mundo no dice nada. Algunos medios occidentales dicen que hay una guerra entre el Ejército turco y el Partido de los Trabajadores de Kurdistán. ¡No! ¡Es una guerra contra este pueblo, es un genocidio! Los países europeos salen con una sonrisa en la cara de las reuniones con el presidente turco porque va a aceptar recibir a los refugiados… Sabemos que la Unión Europea y algunas instituciones internacionales no dicen nada de la guerra que está llevando adelante Turquía contra los kurdos en su territorio porque está la carta de los refugiados. Las autoridades de la federación del norte de Siria también dijeron en un comunicado que sus pueblos están preparados para cuidar y defender a los inmigrantes en ese territorio, con el apoyo de instituciones internacionales.

-Parte de la presencia del KNK se debe a que están buscando reconocimiento internacional.

-Sí. Naciones Unidas y organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional tienen informes y denuncian las violaciones de los derechos humanos de los kurdos en los distintos países, pero no se investiga en profundidad su situación, porque los kurdos no tienen reconocimiento oficial. Nosotros trabajamos en Naciones Unidas pero en temas específicos -mujeres, derechos humanos, etcétera-, no como una nación kurda. Eso es muy importante para nosotros. En América Latina buscamos un apoyo que nos pueda ayudar a que en las instituciones internacionales se reconozca a los kurdos oficialmente, con su cultura y su idioma. Este pueblo lo necesita hoy, especialmente en Turquía. Mientras hablamos están muriendo personas. Ayer [por el sábado] murieron 40 personas en un ataque con armas químicas. Este pueblo no necesita armas, sino agua y pan, y un apoyo internacional puede ayudar a que empiecen otra vez los diálogos de paz en Turquía.

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