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Nacional | Lunes 21 • Marzo • 2016

Foto:Pablo Vignali

Por la ruta del vino

Bodegas y viñedos atraen a 65.000 turistas por año en Uruguay.

En los últimos diez años, si bien Uruguay ha mejorado su calidad y reconocimiento internacional en materia de vinos, la cantidad de hectáreas dedicadas a la producción de vino fino ha decrecido, al igual que el consumo. Al ser una industria ligada a la historia de este país y asociada mayormente a bodegas de orígenes familiares, en el último año se ha promovido la sinergia entre los diversos actores apostando a destacar el rol social e integrador y su interacción con lo cultural. De esta forma, el enoturismo pasó a ser un desafío y una oportunidad de promoción de trabajo para diferentes actores vinculados a las bodegas, la gastronomía, la hotelería y sommeliers, músicos e incluso la industria audiovisual.

Tres rutas

**Montevideo-Canelones.** Es la ruta más clásica y la que ofrece más ofertas y logística. Entre ellas destacamos las bodegas Artesana, Juanicó, Bouza, Castillo Viejo, Carrau, Vinos Finos H Stagnari, Varela Zarranz, Marichal, Pizzorno, Pisano, Giménez Méndez y Antigua Bodega Stagnari. **Colonia.** Una opción cercana para quienes cruzan el charco o hacen turismo en el oeste. Allí se encuentran todas las bodegas que están en la zona de Carmelo, que cada vez más está fortaleciendo su imagen de región. Entre ellas están la Bodega Familia Irurtia y Finca Narbona, la Bodega El Legado, Almacén La Capilla de Bodega Cordano, Posada Campo Tinto y Finca Buena Vista. Luego, más hacia la ciudad de Colonia, encontramos Los Cerros de San Juan. **Maldonado.** Una opción muy atractiva para los que están haciendo temporada de playas en el este de Uruguay. Allí se encuentran la bodega Garzón, Altos de la Ballena y Viñedo de los Vientos en Atlántida.

Si bien la historia vitivinícola de Uruguay data de más de 250 años, hasta la década del 90 el país era más conocido por sus playas que por sus vinos. Los primeros registros de viticultura corresponden al presbítero José Manuel Pérez Castellano, quien en 1773 compró una chacra a las orillas del arroyo Miguelete y plantó dos tipos de uva sin mucho éxito para su vinificación. Tuvo que pasar más de un siglo para que pioneros como Pascual Harriague, Francisco Vidiella, Pablo Varzi y Domingo Portal fueran tentados por el cultivo de la vid. El primero de ellos fue quien introdujo la cepa Tannat. Harriague, inmigrante vasco francés nacido en Francia (Hasparren, bajo Pirineo), de origen campesino, llegó a ser un importante industrial en el rubro saladeros. En 1870, el viticultor Juan Jauregui (apodado Lorda), de Concordia (Argentina), le proporcionó la cepa a Harriague, quien la plantó en su establecimiento La Caballada (Salto). El origen de dicha cepa estuvo rodeado de misterios, y por muchos años mantuvo como nombre el apellido de Harriague, aunque no era otra que la cepa francesa Tannat, proveniente de Madiran e Iroleguy en los bajos Pirineos.

Hoy el sector vitivinícola uruguayo se encuentra en un proceso de reconversión de su producción, así como de los canales de venta. Dentro del mercado internacional actual de vinos de calidad, Uruguay está ingresando al de los llamados “vinos del nuevo mundo”, usando como variedad representativa de imagen país la vitis vinífera Tannat. Esta variedad se adaptó muy bien a nuestros suelos y características ecológicas, y casi no se encuentra plantada más que en una pequeña región de Francia, en el País Vasco y aquí (aunque recientemente hay antecedentes en Argentina, Bolivia y Brasil). Así como en Argentina su cepa insigna es el Malbec y en Chile la Carmenere, en Uruguay el Tannat es la variedad emblema del país.

En la actualidad hay alrededor de 7.000 hectáreas de viñedos (75% en Montevideo y Canelones) y, si bien la producción más representativa es el Tannat (aproximadamente un cuarto de lo plantado), seguida de Moscatel de Hamburgo, a nivel de producción también se destacan Merlot, Cabernet Sauvignon, y las blancas Ugni Blanc, Chardonnay y Sauvignon Blanc, pero se suman muchas más variedades que se destacan en concursos internacionales (Viogner, Cabernet Franc, entre otras).

Una oferta diversificada

El enoturismo en Uruguay aún se está desarrollando, pero en el último año tuvo un importante empuje; ejemplo de ello fue la realización en Uruguay, en setiembre de 2015, del 5º Congreso Latinoamericano de Turismo Enológico.

Anualmente se reciben alrededor de 65.000 turistas para estos circuitos, donde cada vez se desarrollan ofertas más diversas, desde visitas con degustaciones, bodegas con colección de coches antiguos, otras que se destacan con variedades diferentes a la Tannat (Zinfandel, Arinoarnoa, Touriga, Sauvignon Blanc, Pinot Noir, Espumosos Método Tradicional). También involucran otras actividades para todos los gustos: música, danza, cine, cosecha nocturna, entre otros.

Recientemente, las bodegas nucleadas en ATEU (Asociación de Turismo Enológico del Uruguay) desarrollaron un emprendimiento denominado 34 SUR Feria Cultural del Vino, para efectuar cada fin de semana una actividad distinta, en las que además de lo lúdico se apueste a la integración familiar y a promover el consumo moderado. Quien asista podrá disfrutar de ofertas gastronómicas, degustaciones, paseos por los establecimientos y viñedos, actividades para niños, junto a una propuesta artística de calidad.


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