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Internacional | Viernes 04 • Marzo • 2016

Nicola Sturgeon, líder del Partido Nacionalista Escocés, durante un acto, el 27 de febrero en Londres. • Foto: Niklas Hallen, Afp

Tan integrados como independientes

La primera ministra de Escocia defendió la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea.

En noviembre de 2014, a poco de finalizada la campaña del plebiscito por la independencia de Escocia que terminaría consolidando su permanencia como parte de Reino Unido, la abogada Nicola Sturgeon se convertiría en líder del Partido Nacionalista Escocés (SPN, por sus siglas en inglés) y quinta primera ministra del gobierno escocés. La coyuntura actual la encuentra todavía piloteando la causa independentista y defendiendo la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea (UE), que será sometida a plebiscito el 23 de junio. En la conferencia magistral “Escocia y el Reino Unido en la Unión Europea”, organizada por el laboratorio de ideas Resolution Foundation el lunes en Londres, Sturgeon justificó la (para muchos) paradójica postura de los nacionalistas escoceses, que prosiguen su lucha por la independencia de Reino Unido a la vez que defienden la integración de Reino Unido a la UE.

En pleno barrio londinense de Westminster y ante una amplísima convocatoria, Sturgeon comenzó por llamar a que ambos bandos, a favor y en contra del llamado Brexit -la salida británica de la UE-, promuevan el involucramiento ciudadano con la consulta para la toma de una decisión clave para el futuro de Reino Unido, y consideró esta dinámica uno de los legados positivos de la campaña independentista escocesa de 2014.

Enseguida se dedicó a desarmar la acusación por parte del bando pro-Brexit de que su partido caía en una inherente contradicción al reclamar independencia para Escocia y claudicar de la soberanía de Reino Unido frente a la UE. Al respecto, Sturgeon argumentó que en la UE todos los estados miembros lo son en su calidad de independientes, y que tal es la aspiración del gobierno escocés: una recuperación de autonomía respecto de Reino Unido y la simultánea cesión de parte de esa soberanía en pos de un bien común solamente alcanzable mediante la interdependencia entre los países europeos. Su independentismo, afirmó, no implica aislarse del mundo, sino plantear la integración desde la igualdad.

Se refirió al amplio apoyo de los escoceses a la permanencia en Europa, que fue utilizado en la campaña de 2014 para sembrar el temor a la independencia, por parte de los unionistas (y con la aquiescencia de Angela Merkel), instalando dudas acerca de si una Escocia autónoma sería aceptada como miembro de la UE. Dada esa fuerte preferencia europeísta de los escoceses -que estudios de opinión pública han confirmado de manera consistente-, asume que un resultado secesionista en el plebiscito de junio reavivaría las llamas del independentismo. Si se presentara ese escenario, Sturgeon admitió que el SNP acompañaría el “inevitable clamor popular” por un segundo plebiscito de independencia, aunque aseguró que no especulará políticamente al respecto, sino que hará campaña por la permanencia de Reino Unido en la UE, aun desaprovechando la tentadora ventana de oportunidad para la causa nacionalista.

A continuación, abogó por rescatar la dimensión social de la UE, aquélla que los conservadores británicos, desde tiempos de Margaret Thatcher, se niegan a convalidar. Afirmó que la protección social es un pilar de Europa, complemento inseparable de la integración de mercados. Agregó que la protección social promovida desde las regulaciones laborales de la UE es una salvaguarda de la dignidad humana para los británicos, porque supone un límite para las políticas conservadoras. Como ejemplo, mencionó que en 2013 el aumento del salario mínimo en Reino Unido tuvo que ser impuesto desde la UE. Enumeró, demás los beneficios que supone para Reino Unido estar en el bloque, como el derecho a viajar, trabajar o residir en Europa.

En cuanto a la dimensión económica, destacó las inversiones en infraestructura que Escocia recibe de parte de la UE y expresó su preocupación ante la posibilidad de que, si se concreta la salida, Reino Unido deje de tener influencia en las regulaciones para el acceso a un mercado común de 500.000.000 de personas; reglas a las que, de todas formas, se vería sometido en sus futuras relaciones comerciales con el bloque. La analogía fue también utilizada para los problemas medioambientales, que afectarían igualmente a un Reino Unido aislado de las negociaciones que Europa ha emprendido en su conjunto, enfrentando de manera unificada a China y a Estados Unidos.

Ya cerca del cierre, y en términos más pragmáticos, dejó claro que no compartirá una plataforma política anti-Brexit común con el primer ministro británico, David Cameron, y dijo que la fecha escogida para el referéndum no es inocente, y que por su proximidad, hace difícil despersonalizar el debate y comprometer a la ciudadanía en una discusión sobre qué sociedad se aspira a ser, como sí se logró con los dos años de campaña previos al plebiscito de 2014. Además, criticó que la campaña coincida con la previa de las elecciones parlamentarias escocesas de mayo -lo que afectará energías y recursos de los actores políticos de Escocia- y que no se haya permitido a cada nación de Reino Unido llevar adelante su propia consulta popular en torno al tema.

Sus reflexiones finales recordaron que en plena Segunda Guerra Mundial el recinto en el que se desarrolló la conferencia era bombardeado por los nazis, y que esa memoria histórica debe conducir a revalorizar el lugar de la UE como garante de la paz en el continente y sus sustanciales logros en términos de felicidad y libertad colectiva. Afirmó que cree en una Europa de países independientes y soberanos escogiendo trabajar juntos, y que -independiente o no- Escocia permanecerá allí, por el bien de las comunidades, los mercados y las personas.

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