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Internacional | Jueves 28 • Abril • 2016

El candidato presidencial republicano Donald Trump llega para hablar de política exterior en el hotel Mayflower, Washington, DC. Foto: Brendan Smialowski, Afp

Cada vez más

Clinton y Trump sumaron nuevas victorias en las primarias de Estados Unidos.

Aunque todavía no cuentan con la cantidad de delegados necesaria para asegurarse la candidatura antes de las convenciones de sus partidos en julio, la demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump ya se consideran los ganadores de las elecciones internas y tienen la mirada puesta en las presidenciales de noviembre. Esta tendencia se volvió a confirmar en el último supermartes: Clinton y Trump arrasaron en los cinco estados que votaban y aventajaron a sus rivales directos, Bernie Sanders y Ted Cruz, que todavía resisten.

El martes los estadounidenses votaron en Pensilvania, Maryland, Delaware, Connecticut y Rhode Island. Trump ganó en los cinco estados y Clinton en cuatro, por lo que se llevaron la mayoría de los delegados en juego. Sólo en Rhode Island Sanders fue el más votado. Estos resultados dejan dibujado un panorama bastante claro de cómo se ubican los candidatos a tres meses de iniciado el proceso de primarias y cuando quedan sólo siete para las presidenciales. La ex secretaria de Estado acumula 2.141 delegados y el senador de Vermont suma 1.321; el objetivo es 2.383. Del lado republicano, Trump tiene 950 delegados de los 1.237 necesarios para ser nominado, mientras que Cruz cuenta con 560.

La próxima fecha clave es el martes, cuando vote el estado de Indiana. Si Cruz logra llevarse ese día la mayoría de los 57 delegados que se reparten -como tiene planeado, gracias al pacto que realizó con el otro republicano menos votado, John Kasich-, a Trump se le podría complicar la situación. Entre los demócratas, ya es muy difícil que Sanders alcance la cifra de delegados que necesita para ganarle a su rival, y aunque probablemente se enfrente a presiones para abandonar la carrera, ya prometió seguir hasta el final.

En este nuevo escenario, Clinton cambió de táctica y busca reconciliarse con Sanders y con quienes lo siguen. El martes, en Pensilvania, la candidata dijo: “Tanto si apoyan al senador Sanders como a mí, es mucho más lo que nos une que lo que nos divide”. Aprovechó para cuestionar a Trump, quien la acusó de “jugar la carta femenina” para atraer el voto de las mujeres. “Si luchar por la cobertura médica de las mujeres, por la licencia maternal paga y por la igualdad salarial es jugar la carta femenina, entonces cuenten conmigo”, dijo.

El martes, después de conocer los resultados, Sanders dijo que estaba ganando “el voto de los independientes y de algunos republicanos” y recordó lo lejos que llegó su campaña desde el día en que se postuló, hace casi un año. Sus palabras sonaron más a resistencia que a derrota.

Trump, fiel a su estilo, fue más directo. “En lo que a mí me concierne, esto ya se acabó”, dijo, dando por hecho su triunfo. El empresario, que habló desde la torre que lleva su apellido en el centro de Manhattan, dijo además que será “más fácil derrotar a Clinton” que a otros a los que ya les ganó. A la vez, calificó de “confabulación” los intentos de Cruz y Kasich por frenar su avance y dijo que Sanders debería postularse como candidato presidencial “independiente”, ya que cree que el Partido Demócrata es “injusto” con él y lo trata “muy mal”.

En tanto, Cruz anunció anoche que la ex presidenta ejecutiva de Hewlett Packard, Carly Fiorina, será su compañera de fórmula si gana la nominación para las elecciones de noviembre. Fiorina respaldó al senador de Texas en marzo, un mes después de abandonar, por falta de apoyo, su propia candidatura en las primarias republicanas.

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