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Deporte | Lunes 04 • Abril • 2016

Angelo Gabrieli, de Fénix, y Gonzalo Freitas, de Liverpool, ayer, en Belvedere. Foto: Iván Franco

Casi casi

Liverpool y Fénix no pudieron salir del 1-1.

Todo iba bien, todo salía como había sido planificado. Mario Saralegui armó la carpeta y estudió cada movimiento de Fénix en la cancha. Las rápidas transiciones de defensa a ataque, y los circuitos de juego generados en la mitad de la cancha entre Raúl Ferro y Maximiliano Cantera, fueron perfectamente maniatados por los volantes de Liverpool, que controlaron a sus rivales durante todo el primer tiempo. La potencia de Gustavo Aprile y los espacios generados en los huecos por Junior Arias y Federico Martínez fueron una de las mejores armas ofensivas mostradas por el local en el primer tiempo de la tarde dominguera en Belvedere. Todo iba bien.

Ese primer chico fue el que acomodó al negriazul en el campo. Los volantes ofensivos de Liverpool detectaron síntomas a su favor en el juego y lograron crear situaciones de peligro que inquietaron varias veces el arco albivioleta defendido por Darío Denis. El local recurrió al tiro de media distancia para arrimarse, ante la imposibilidad de entrar por el fondo capurrense, que, fiel al estilo impuesto por su director técnico, Rosario Martínez, estaba apretadísimo. La más clara -y la más hermosa- fue un bombazo del juvenil Federico Martínez, que tomó un vuelo tremendo y explotó en el travesaño.

Con esa dinámica, el equipo del artiguense Saralegui se paró más firme en el complemento y afinó detalles en la línea final. El gol vino casi enseguida, con un precioso centro de Jonathan Sandoval y una definición exquisita del Bocha Aprile de cabeza. El volante de los cabello rastas mostró un gesto técnico envidiable en su salto y clavó un cocazo potente que Denis no pudo defender.

Pero Fénix también juega, está haciendo una campaña más que respetable, y por algo es el único equipo invicto en el Clausura. Los 11 de Rosario Martínez están aceitadísimos en su ritmo, y cuando no encuentran la vuelta por un sector, se mueven por otro. Como siempre, en los de Capurro todas las bombas las desactiva Martín Ligüera; cualquier ladrillo que le tiran lo convierte en una jugada de riesgo. Pero no tenía activos a sus socios, principalmente a Lucas Cavallini, que no tuvo una buena tarde. Si bien el albivioleta empujó para igualar, el 1-1 llegó de penal, con una gran definición de Maximiliano Pérez. La pena máxima fue sancionada por el árbitro Leodán González por una falta en el área chica que Gonzalo Freitas le cometió al zaguero Ignacio Pallas, lo que le valió la segunda amonestación y la expulsión.

Parecía que Fénix le pasaba por arriba a Liverpool. El hombre de menos en el equipo rival, sumado al golpe anímico positivo del empate, lo obligaba, por inercia, a ir por más.

Pero Liverpool vive y lucha, y su momento es sumamente crítico como para regalar partidos. Por eso, los locales fueron por todo y estuvieron a punto de conseguirlo. Junior Arias tuvo una chance inmejorable: se encontró con un penal a su favor cuando Ángelo Gabrielli cometió infracción dentro del área. Parecía que la pudría, parecía que la colgaba, parecía que era el gol de la victoria, pero no. Junior le pegó muy mal, muy de abajo, y la terminó tirando desviada. La posterior expulsión de Gabrielli emparejó las cosas y la victoria podría haber sido para cualquiera, pero Liverpool -que sigue en la zona de descenso- se quedó masticando la bronca.

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