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Internacional | Jueves 21 • Abril • 2016

Partidarios del candidato presidencial Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, en un acto de apoyo, en la localidad de Malabo. / Foto: s/d de autor, Afp

Entre hermanos

Guinea Ecuatorial vota el domingo entre la crisis y la violencia creciente.

Siete candidatos se enfrentarán el domingo en las urnas del único país hispanohablante de África subsahariana. No cabe duda de que el resultado será un quinto mandato consecutivo para su presidente, Teodoro Obiang Nguema. Pero todo indica que va a ser el último. Cuando termine su próximo mandato tendrá 81 años, y ya se vislumbran las luchas por la sucesión.

Hoy, 20 años después de que comenzara la extracción de petróleo en el país, Guinea Ecuatorial se hunde en una crisis económica junto con los precios del crudo. Los cortes de luz, que antes eran esporádicos, afectan a las dos grandes ciudades (Malabo, la capital, en la isla de Bioko, y Bata, en la zona continental), a veces durante semanas consecutivas. Para colmo, en este país, que fue el tercer productor de petróleo de África, también hay escasez de nafta.

Uno de los grandes méritos de los que presumía el gobierno de Guinea Ecuatorial era el de haber logrado la seguridad de su territorio, mantenida por fuerzas militares omnipresentes, armas de guerra en mano, aunque esas mismas armas también sirven para alimentar allí la corrupción. Ahora la inseguridad viene en aumento, en todo caso en las dos grandes ciudades, según informaron medios ecuatoguineanos. Se multiplican los robos a viviendas, los ataques armados y las violaciones, y esta situación alimenta el discurso de campaña tanto del oficialismo como de la oposición.

Esta situación se debe a la fuerte crisis que desató la baja de los precios del petróleo y azota a una economía crudo-dependiente. Es el resultado de 20 años de desaprovechar los recursos provenientes del petróleo, que se han desviado debido a la corrupción y han enriquecido al tentacular clan Obiang, aunque también se invirtieron en infraestructura, sobre todo hotelera y de carreteras.

Después de 36 años en el poder, el presidente es ahora el candidato del Partido Democrático de Guinea Ecuatorial por quinta vez, y se mantiene como el indiscutible favorito en las elecciones. Mientras tanto, las empresas de construcción extranjeras y sus trabajadores, que gastaban sus divisas en el exiguo mercado local, abandonan el barco. En un país que durante años fue una inmensa obra a cielo abierto, las construcciones se terminan pero no se pagan, o no hay nuevos llamados a licitaciones. Brasileños, italianos, marroquíes y franceses ceden el lugar a empresas chinas y norcoreanas, menos exigentes y más baratas, para construir obras de menor calado. Los estadounidenses, que tienen el monopolio de la extracción de crudo, permanecen allí pero viven en su propia zona, en un círculo cerrado.

En las elecciones, el opositor que reúne más apoyo, aunque no va a ganar, es Buenaventura Monsuy Asumu, del Partido de la Coalición Social Demócrata. En 2009, ese partido, la segunda mayor fuerza política del país, obtuvo 4,05% de los votos, según el recuento oficial. En la actual campaña sus partidarios denuncian regularmente el hostigamiento de las autoridades. Lo hacen mediante los -cada vez más numerosos- medios de oposición digitales y en las redes sociales.

Los otros cinco candidatos son desconocidos y su representación electoral, casi nula. La población está poco informada (no hay medios libres dentro del país), poco educada y anestesiada por decenas de años de dictadura, por lo que la política no despierta mucho interés.

El único partido opositor que podía haber despegado era Ciudadanos por la Innovación de Guinea Ecuatorial, un partido evangelista que crece junto con los templos que pululan y se llenan desde hace años en África. Pero esa organización política quedó por fuera de la elección por decisión de las autoridades electorales.

En realidad, la verdadera lucha que se está dando es a futuro, para cuando Obiang deje el poder, en 2023. Todo parece estar previsto para entonces: Teodoro Nguema Obiang Mangue, el primogénito de la primera de las dos esposas oficiales del actual presidente, es el elegido. Hay otras tres concubinas, cuyos hijos están en los círculos de poder del Estado.

El heredero, más comúnmente llamado Teodorín -y conocido por sus abusos en el consumo de drogas y por conducir autos deportivos-, es objeto de investigaciones judiciales en Europa por sospechas que despertó su vida de lujo. Esas investigaciones fortalecieron la decisión de su padre de promoverlo como su sucesor, y lo nombró vicepresidente.

Sin embargo, Gabriel Mbega Obiang Lima, el hijo de la segunda esposa del presidente, originaria de São Tomé, podría protagonizar la guerra familiar. Al igual que su hermanastro, ejerció como ministro y tiene a su favor una mejor imagen internacional, que podría servirle si el gobierno terminara de perder el apoyo de Estados Unidos, que ya no necesita tanto su petróleo. Algunos opositores no descartan que, a pesar del miedo enfermizo del presidente a los golpes de Estado (motivo por el cual la capital está en una isla, por razones de seguridad), Obiang sea finalmente derrocado por alguien de su propio clan. Esto sólo mostraría que la historia se muerde la cola: Obiang llegó al poder en 1973, tras derrocar a su tío.

Pero Constancia Mangue Nsue Okomo, la primera dama, vela tanto por los intereses de su marido como por los de su hijo. Vela en particular por sus propios intereses, en un país donde el tejido del poder se basa en la poligamia, que extiende su red de influencia mediante madres e hijos, dándoles un lugar central a las mujeres, aunque sea en la sombra. Ahí están las verdaderas raíces del poder del gobernante Partido Democrático de Guinea Ecuatorial, y también su debilidad.

Tampoco está descartado que el aumento del desempleo y la crisis económica precipiten un cambio que, de momento, es difícil de vislumbrar en un país que sigue sin autorizar siquiera el ingreso de turistas.

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