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Nacional | Martes 19 • Abril • 2016

Barrio Roberto Mariano de San José, ayer. Foto: Pablo Vignali

Resaqueados

1.300 personas desplazadas y un desaparecido tras las peores inundaciones en décadas en San José.

“Un loquero”. Ruben Galeano define así la situación que vivieron él y los vecinos del barrio Roberto Mariano de San José el sábado de madrugada. El río homónimo del departamento creció más que la última vez que hubo una inundación catalogada de grave, que data de 1959. Esta vez el agua sobrepasó el puente carretero, que une a San José con la ruta 11, cosa que nunca había pasado y que los maragatos describen como “increíble”. Sobrepasó los pronósticos de la gente que conoce el agua del río, como Galeano, porque vive a su orilla y sabe que cuando amenaza es mejor partir. Sobrepasó la capacidad de respuesta de la Intendencia de San José (ISJ), el Ejército y Bomberos, que esa madrugada no dieron abasto con la evacuación. El saldo: un desaparecido, casi 1.300 personas desplazadas, 40.000 personas sin agua, fallas en el sistema de telecomunicaciones, y más de 20 caminos destrozados en algún punto.

“Es desolador. Mi cocinita, bien humilde, de chapones, con techo de nailon, que hicimos con todo el sacrificio... si la vieras. Es desolador”, repite Galeano, padre de cinco niños, trabajador de la construcción que está desempleado. “Yo sé que lo importante es que estamos todos bien, y las cosas que se perdieron qué le vas a hacer, pero yo, que hace casi 20 años que vivo ahí, sí, cuando hay creciente grande tengo que salir, pero esta me superó. La altura siempre era de un metro y medio como mucho, pero esta vez, en cuestión de tres horas, el agua ya estaba arriba de la vereda”, cuenta, sonríe y lagrimea en el refugio que se instaló en el gimnasio del Colegio Sagrada Familia, en pleno centro de San José de Mayo. Su hermana, Lorena Ramírez, que vive en el predio de atrás, agrega: “Cuando llegó el camión a buscarnos ya estábamos dentro del agua. Metimos los colchones y frazadas con medio cuerpo dentro del agua”. Ruben, su esposa, sus niños, su hermana, su tío y su padre perdieron. El agua les ganó todo: la casa, los muebles, la ropa, los recuerdos.

Otras veces, el agua es menos agresiva y sube de a poco; les da tiempo a levantar los muebles y electrodomésticos. Pero esta vez entró furiosa, de golpe, y dio tiempo sólo a salir. Mario, de 72 años, esperó la lancha en el segundo piso de su casa, con agua hasta las rodillas. “La viejita de enfrente”, de 92 años, estaba en el techo, recuerda Ramírez. “Estábamos desesperados”, dice.

El barrio de Galeano y de María Griselda Devera ayer estaba embarrado, todavía inundado. Varias máquinas de la ISJ cargaban y tiraban la basura del temporal.

Hay dos elementos comunes en los relatos de la gente víctima del agua: uno es que jamás pensaron que el río fuera a crecer tanto; el otro, que saben que si dejan sus casas, además de la desgracia que trae el agua, lo que queda se lo roban. José Luis Falero, el intendente magarato, pidió ayuda al Ministerio del Interior, que mandó a tres equipos de la Guardia Republicana.

Ayer de mañana, Falero recorrió algunas de las zonas afectadas, y Ana Bentanerri, la secretaria general de la ISJ, otras. Los barrios Roberto Mariano, Exposición, Picada de las Tunas, Las Palmas (que nunca había tenido problemas por inundaciones) y El Berral son los más afectados. De esas zonas fueron evacuadas cerca de 500 personas, que ahora están en los refugios instalados en el Colegio Sagrada Familia, el Club San Lorenzo y Argos. También hay cerca de 800 autoevacuadas. Falero anunció que se repartirán canastas de comestibles y pide a la población su colaboración con alimentos no perecederos y ropa de cama. Valeria Travieso, del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), solicita a las familias autoevacuadas que transmitan su situación a la Policía o al Mides, para una vez que regresen a sus casas el equipo pueda ir y evaluar la situación.

Falero prevé que el río crezca nuevamente por las fuertes lluvias en Flores, aunque ayer en San José sólo lloviznó.

El jefe de Bomberos de San José, Marcos Castro, avizoró la desgracia. Supo que el agua, esta vez, venía brava. En la medianoche del viernes, cuando ya hacía rato que llovía, una ambulancia que iba por la ruta 3 agarró un “espejo de agua” y volcó. Las cuatro personas a las que trasladaba fueron rescatadas de las banquinas, que ya tenían aproximadamente dos metros de agua. Después, ya entrada la madrugada, no cesaron las llamadas desde los barrios circundantes al río San José. Cientos fueron los evacuados en los camiones de la ISJ y en las lanchas de Bomberos. Entre ellos, la familia de María Griselda Devera y Germán Eduardo Burgos, dueños del almacén Las Cuatro Esquinas, que quedó tapado por el agua.

Los vecinos del barrio Roberto Moreno vienen y van. Sacan cosas de dentro de las casas, se pasan el mate de mano en mano, ríen y lloran. Arriba, el cielo está gris. Sobrevuela un helicóptero. Abajo, en la calle, la gente está embarrada y rodeada de todo tipo de objetos. Alrededor: la resaca del agua. “Ojalá que nunca te pase”, dicen.

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