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Internacional | Lunes 25 • Abril • 2016

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, firma el Acuerdo de París sobre el clima en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, el 22 de abril. Foto: Jewel Samad

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Rousseff y Temer recurren a la comunidad internacional para que esta respalde su actuación en Brasil.

El viaje de Dilma Rousseff a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) fue inesperado, pero eso no impidió que el vicepresidente Michel Temer, quien asumiría el gobierno si ella es destituida, enviara a su vez a algunos senadores para que respaldaran un eventual gobierno suyo. Mientras tanto, Temer mantuvo reuniones en San Pablo con miras a formar su propio Ejecutivo.

La llegada de Rousseff a la ONU (donde se firmó el Acuerdo de París sobre reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, alcanzado en 2015) estuvo precedida de mucha tensión. Se había previsto que ella no viajara, para no dejar a Temer en la presidencia, y una vez que se anunció que sí lo haría, se informó que lo haría para denunciar en la Asamblea General un golpe de Estado en su contra.

Esto generó una reacción rápida de otros sectores, que consideraron que Rousseff estaba dispuesta a dañar la imagen internacional de Brasil con tal de beneficiarse. Entre quienes hicieron estas acusaciones estuvo el juez del Supremo Tribunal Federal, Celso de Mello, quien dijo que es “un error gravísimo” creer que hay un proceso de golpe de Estado en Brasil. También el diario O Globo, que en su editorial del jueves criticó el viaje y escribió: “Dilma y el Partido de los Trabajadores parecen creer en la teoría nazi de Joseph Goebbels de que una mentira dicha 1.000 veces se convierte en una verdad”.

También hubo una reacción de Temer, que dio entrevistas a Financial Times, The New York Times y The Wall Street Journal, en las que negó que exista un golpe. También formó parte de esta reacción el envío de un grupo de senadores a Nueva York para contrarrestar lo que había dicho Rousseff. Uno de ellos fue el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, Aloysio Nunes, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), quien aseguró que Rousseff está “desesperada por mantenerse en el cargo” y por eso “está trabajando para destruir la imagen positiva” que tiene Brasil.

Sin embargo, Rousseff apenas mencionó la situación política de Brasil en la Asamblea General de la ONU. Se refirió al “momento tan grave que vive Brasil”, dijo que su país “es una gran nación, con una sociedad que superó el autoritarismo en el pasado y consiguió construir una democracia viva” y que el “pueblo” brasileño “trabaja duro, ama la libertad” y “va a evitar cualquier retroceso”.

La presidenta sí utilizó expresiones más duras en un encuentro con corresponsales de medios extranjeros. Les dijo que se está llevando adelante un golpe de Estado en su contra, no por la vía militar, sino por la de “rasgar los principios democráticos”. Además, dijo que si el Senado acepta el proceso de juicio político -lo que la alejaría del cargo durante 180 días-, apelaría a la cláusula democrática del Mercosur, porque no cometió ningún crimen de responsabilidad que amerite un juicio político. “Voy a luchar con todas mis fuerzas para asegurar que no se rompa la democracia brasileña”, dijo Rousseff ante los medios. La cláusula democrática del Mercosur fue aplicada por última vez en 2012, cuando el presidente paraguayo, Fernando Lugo, fue destituido en un juicio político que duró menos de 48 horas, en el cual, según denunció, no contó con las condiciones necesarias para defenderse. En ese entonces el Mercosur suspendió a Paraguay hasta que, un año después, se realizaron las elecciones en las que fue electo Horacio Cartes.

También en la línea de aumentar la presión internacional, el ex presidente del Partido de los Trabajadores Tarso Genro pidió que el Parlamento del Mercosur sesione en Brasil, “o al menos que los parlamentarios viajen a San Pablo o Brasilia” para monitorear el proceso.

En campaña

Mientras en el exterior tanto Rousseff como senadores afines a Temer defendían sus posiciones respecto del juicio político, en Brasil el vicepresidente mantuvo varias reuniones que fueron leídas como intentos de reunir apoyos para un eventual gobierno suyo.

Los medios brasileños informan que fueron Temer y sus aliados los que convocaron a estas reuniones, pero el vicepresidente dijo a los medios que no es así, que él está “siendo buscado por mucha gente” y que se reúne con ella para escucharla. Dijo que espera “silenciosa y respetuosamente” la decisión sobre el juicio político y que ha brindado entrevistas a medios extranjeros para enfrentar la “descalificación” que recibió de la presidenta -que lo acusó de comandar los intentos de destituirla- y para fortalecer la imagen de las instituciones brasileñas.

Temer se reunió el sábado con Henrique Meirelles, un economista muy respetado por empresarios y políticos en Brasil, que fue tanteado para asumir el Ministerio de Hacienda en este segundo gobierno de Rousseff. En 2002 Meirelles fue electo diputado por el PSDB y Luiz Inácio Lula da Silva lo convocó para que presidiera el Banco Central, cargo en el que se mantuvo durante los ocho años del mandato del ex presidente.

Tras el encuentro con Temer, Meirelles dijo que el vicepresidente tiene una visión “correcta y adecuada” de la crisis económica y de qué alternativas servirían para salir de esa situación; sin embargo, no quiso responder si sería parte del gabinete o si volvería a presidir el Banco Central.

Según los medios brasileños, Meirelles es sólo una de las figuras del PSDB que Temer querría tener en su gabinete si quedara en el cargo de presidente. Pero en estos planes enfrenta una dificultad: ese partido aún no ha definido si integraría formalmente un gobierno liderado por él. Algunos de los referentes del PSDB, como Nunes -que fue su candidato a vicepresidente en las últimas elecciones- o el senador José Serra, se han manifestado a favor de integrar un gobierno liderado por Temer.

Otros se han pronunciado en contra. Tal es el caso del senador Aécio Neves, ex candidato presidencial y actual presidente del PSDB, quien dijo en una entrevista reciente: “Es importante que quede claro que el gobierno de Temer será un gobierno del PMDB [Partido del Movimiento Democrático Brasileño, al que pertenece el vicepresidente]. Las otras organizaciones políticas, como la nuestra, que tenemos responsabilidad para con el país, ayudaremos desde el Congreso”.

La división con respecto a este tema se extiende también entre los gobernadores y las bancadas de diputados y senadores. El martes 3 de mayo se reunirá la Ejecutiva Nacional del PSDB, y se espera que allí se tome una decisión sobre cuál será la relación del partido con un eventual gobierno de Temer. En estos días, según las declaraciones a los medios brasileños, las posiciones en contra son mayoritarias. Incluso hay quienes proponen que el partido endurezca sus reglamentos internos para que, si algún miembro del PSDB opta por integrar el gobierno de Temer, sea suspendido. Entre esos nombres figura el de Serra, quien ha sido tentado para ocupar el Ministerio de Planificación en ese escenario, informó O Globo.

Dirigentes del PSDB manifestaron que no pueden integrar un gobierno liderado por Temer porque él fue electo por una fórmula cuya victoria ha sido cuestionada por el partido en el Tribunal Supremo Electoral. Además, al PSDB le preocupa que un gobierno de Temer con amplio respaldo lleve a que su popularidad mejore y a que se convierta en un rival fuerte en las elecciones presidenciales de 2018.

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