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Deporte | Miércoles 04 • Mayo • 2016

Lola Moreira. Foto: Santiago Mazzarovich

Con permiso de menor

Con 17 años, la velerista Dolores Lola Moreira se prepara para los Juegos Olímpicos.

Dolores Moreira será la deportista uruguaya más joven en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Fue además la primera en asegurarse su cupo, cuando en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 alcanzó la medalla de plata en su categoría, láser radial. Pasta de campeona es lo que le sobra a esta velerista sanducera, pero saltar al primer nivel mundial no es un trabajo de un solo día. Por esa razón, Lola se está preparando desde principios de este año para los Juegos Olímpicos. Tras superar una lesión de espalda que la mantuvo tres meses fuera del agua, Moreira asiste a todas las etapas posibles del circuito mundial. De tanto en tanto, vuelve a Uruguay, donde el fin de semana se consagró campeona nacional absoluta (hombres y mujeres) de láser radial. Recién llegada del Mundial de mayores de Puerto Vallarta, México, en el que fue la mejor latinoamericana y finalizó 17ª, habló con la diaria.

-¿Cómo viene el plan de preparación para los Juegos Olímpicos?

-Viene muy bien. Este año tuvimos el Sudamericano en Montevideo y competencias en Miami, Palma de Mallorca y México; nos quedan Italia y Holanda. Después, desde ahí nos vamos a Río, donde nos vamos a instalar dos meses antes de los Juegos Olímpicos.

-¿Cuál es tu punto fuerte?

-Creo que soy fuerte en la velocidad con vientos medios y poco viento. Soy liviana, y más ágil que otras competidoras. También soy rápida en los francos, que son los tramos en los que el viento viene de atrás y entra de costado. Ahí soy rápida, porque soy la más liviana y puedo surfear las olas; voy a fondo. También creo que soy buena en la estrategia y en la táctica. Me falta un poco cuando hay mucho viento, porque me falta peso, pero estamos trabajando en eso.

-¿Cómo trabajás para ganar ese peso?

-Ahora la meta es subir cuatro o cinco kilos en masa muscular. Soy la más enana. Mido 1,67, mientras que el resto de las competidoras están entre 1,72 y 1,85 y pesan entre 67 y 70 kilos. Yo peso 63, y para poder compensar mi altura preciso estar en 68. La meta ahora es subir eso para competir en Río de Janeiro. El trabajo físico te ayuda en la resistencia, porque cuanto más viento hay, más exigente es la prueba.

-¿Cómo se manifiesta el cansancio en el barco?

-Mi categoría no es como Nacra 17, en la que Mariana Foglia hace todo el despliegue explosivo y aeróbico y Pablo Defazio timonea. En mi caso es intermedio: tengo que ir colgada, usando cuádriceps y abdominales, en los tramos que vamos contra el viento. Ese trabajo hace que se te cansen mucho las piernas, porque vas siempre haciendo fuerza y no tenés descanso. No podés doblarlas o frenar, y con el correr de los minutos las piernas te empiezan a doler. Después, hay otro tramo que es más aeróbico, de jugar con los brazos y barrenar las olas. Pero la ceñida, como se llama al tramo contra el viento, es una fase más estática y te acalambrás. Cuando me pasaba eso me ponía a estirar adentro del barco, pero hoy en día ya no me pasa y puedo hacer tres regatas sin problemas.

-El año pasado estuviste un tiempo sin competir por una lesión en la espalda. ¿Cómo sobrellevaste ese momento?

-Venía con ese dolor desde hacía un año. La Fundación Deporte Uruguay me hizo una prueba física y no la pude completar por ese dolor. Paré de navegar por tres meses y me concentré en recuperarme, porque el dolor era mucho. Estuve mal un tiempo, pero después empecé a venir al gimnasio del Yacht, que es en el segundo piso, y lo único que veía alrededor mío era el mar. Siempre veía salir a todo el mundo a navegar: ahí tenía la motivación. Ahora el dolor ya está superado, pero aún así sigo haciendo trabajos para que no vuelva. Va a ser así toda la vida. Tengo que hacer trabajos de fortalecimiento e higiene de columna.

-¿Cómo es tu mentalidad en relación con ganar y perder?

-Yo soy muy, pero muy autoexigente. Me da mucha bronca cuando pierdo. Además, en la vela te das cuenta fácilmente de cuándo cometiste los errores. Últimamente me estoy tranquilizando un poco más. Antes me pasaba que me iba mal en una regata y para la siguiente ya estaba con el balde en la cabeza, pero estuve trabajando bastante con psicólogos y coachs deportivos, y ahora si me fue mal es borrón y cuenta nueva. Pongo la mente en blanco. Si me enojo mucho le pego al barco, pero no rompo nada. Hay gente que le pega con el timón y quiebra las cosas. Yo le pego con la mano, cosa de que no se rompa nada. Antes lo que hacía era tirarme al agua: hundirme y gritar en el agua, pero eso era cuando estaba muy loca. Ahora no. Si me enojo voy con el entrenador y me desahogo contándole todo.

*-¿Competís solamente contra vos misma o mirás para el costado, para ver a quién le podés ganar?

-Un poco de cada cosa. Si no conozco a las demás, no me importa. Pero si conozco a la gente con la que compito y sé que puedo ganarle, siempre voy a tener en cuenta dónde están en el momento de la regata. En el agua no soy de ir a buscar problemas. Hago mi regata. No soy como otras personas que vienen y te pegan un jetazo, viran adelante tuyo para darte viento sucio. Yo no soy de hacer eso, no soy de ir a buscar problemas para ganarle a otra. No tengo pica con nadie. Antes, en optimist, sí tenía. Era con los chicos de acá. Pero en láser, no. Soy amiga de las sudamericanas y nos contamos cómo nos fue e intercambiamos información. Las sudamericanas somos bien unidas. Somos las sudacas, el Team Sudaca.

-¿Con las europeas hay buen vínculo?

-Nosotras con ellas no tenemos problema, pero ellas con nosotras, sí. Sienten que somos inferiores, porque la elite de la vela es Europa y ellas no quieren que nadie venga a molestarlas. No te lo dicen, pero te das cuenta. Se manejan por su lado. Cuando entrenan en el Mundial, la gente prueba la velocidad con distintos países, pero los europeos entrenan entre ellos. Aunque, claro, tampoco son todos los europeos así; esto se da básicamente con países que ya tienen un equipo importante, como Gran Bretaña, Holanda y España.

-Mariana Foglia y Pablo Defazio dicen que conseguir sparring para ellos no es fácil porque existen estos celos de los europeos. Sin embargo, vos siempre conseguís gente de todo el mundo para entrenar. ¿Por qué tenés buen sparring?

-El tema con los sparring [compañeros de entrenamiento] es que en muchos países se puede entrenar con compatriotas. La semana pasada, hablaba con una francesa que me contaba que al Mundial fue la sparring de la clasificada a los Juegos Olímpicos y le pagan todo. Así es en Europa, Estados Unidos y Canadá. Nosotros, al no contar con la posibilidad de tener a alguien ahí, lo que hacemos es conseguir compañeras para entrenar. Las consigo por mi amistad con ellas y también por la amistad de mi entrenador [Luis Chiaparro] con los entrenadores de ellas. Ahora en Río voy a entrenar con una portuguesa; mi entrenador la conocía, y como en Palma de Mallorca estuvimos entrenando los días previos y ella vio que yo navegaba bien, le gustó la idea. La idea es subir el nivel, que todos saquen cosas de los demás para subir el nivel. Si el otro no tiene cosas para darte que puedas absorber, no vale la pena. Creo que de mí lo que miran es que soy rápida con poco viento, y ahora en Río va a haber poco viento.

-¿Cuáles son tus candidatas a las medallas? ¿Cuál es tu objetivo en los Juegos Olímpicos?

-La holandesa Marit Bouwmeester seguro va a ganar una medalla; es una de mis ídolas, está despegada. Y la belga Evi Van Acker, también. Ellas dos van a estar adentro. La tercera medalla se peleará entre Estados Unidos, Lituania, Gran Bretaña y Dinamarca. Y China (actual campeona olímpica), que siempre da batacazos. Para mí, creo que llegar a estar entre las 15 primeras sería todo un logro. Van a ser alrededor de 40 competidoras y estar entre las primeras 15 sería buenísimo.

-¿Te considerás aspirante a llevar la bandera en el desfile inaugural de los Juegos Olímpicos?

-Creo que no. No creo que merezca esa distinción, teniendo en cuenta los deportistas que hay. Creo que los demás me superan ampliamente en años en el deporte y en merecimiento. Han entregado mucho más que yo.


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