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Internacional | Martes 03 • Mayo • 2016

La gente lee los folletos sobre las conversaciones de comercio en curso entre Estados Unidos y la Unión Europea, que Greenpeace presenta al público en una cabina de vidrio cerca de la Puerta de Brandeburgo, en Berlín. Foto: John Macdougal

Difícil coincidir

Filtran documentos que revelan presiones de Estados Unidos a la UE en las negociaciones sobre el tratado de libre comercio.

Greenpeace publicó 248 páginas de documentos confidenciales que revelan por primera vez las presiones que impone Estados Unidos en las negociaciones con la Unión Europea (UE) para aprobar el Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión (TTIP, por su sigla en inglés). La organización ecologista denunció que los textos confirman grandes riesgos para el clima, el medioambiente y la protección del consumidor y, en particular, revelan la intención de la administración del presidente Barack Obama de reducir los niveles de regulación europea en estas y otras cuestiones.

La filial holandesa de Greenpeace publicó ayer en la página web TTIPleaks. Org casi la mitad del polémico acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y la UE, con el objetivo de “reavivar el debate”, según explicó su experto en comercio, Juergen Knirsch. La organización informó en un comunicado que los textos fueron escritos unos días antes de la última ronda de negociaciones que se desarrolló la semana pasada en Nueva York. De acuerdo con Greenpeace, los documentos exponen tres elementos fundamentales: las intenciones de Estados Unidos -hasta ahora secretas- de reducir los estándares de la regulación europea; la influencia de las empresas europeas y estadounidenses sobre los negociadores del acuerdo; y el peligro que implica priorizar las cuestiones comerciales sobre las medioambientales.

Los documentos publicados ayer muestran por primera vez cómo se posiciona Estados Unidos en las negociaciones con la UE, un dato que, hasta el momento, el gobierno no quiso revelar. Según los textos, Washington quiere influir directamente sobre los aspectos regulatorios europeos e insiste en la confidencialidad a la hora de compartir información de las empresas en todo lo relativo a los productos químicos.

También hay diferencias conceptuales. En materia de medioambiente y protección de la salud, por ejemplo, Europa no permite las importaciones de carne estadounidense tratada con hormonas, por los posibles vínculos entre ese factor y el cáncer, entre otras enfermedades, y tiene reglas estrictas en el sector químico, sobre todo en cuanto a los pesticidas y a los organismos genéticamente modificados. Sin embargo, Estados Unidos percibe esas reglas como “barreras al comercio”. Greenpeace también dejó al descubierto la estrecha relación entre los negociadores y las grandes empresas. Los sindicatos y distintas organizaciones civiles denunciaron varias veces que su acceso es mucho más limitado. “El sector empresarial tiene oportunidades para participar en la toma de decisiones, de forma de intervenir en las primeras fases del proceso”, advirtió la organización ecologista.

Además, aseguró que la protección del medioambiente será más difícil con el TTIP, ya que en el acuerdo “no se puede encontrar nada que apunte a la protección del clima”, y tampoco tiene en cuenta el Acuerdo de París para reducir las emisiones de dióxido de carbono. Por otra parte, la organización denunció que el acuerdo pasa por alto las excepciones que permite la Organización Mundial de Comercio para que un país pueda restringir las relaciones comerciales “para proteger la vida o la salud de seres humanos, animales y plantas” o para “conservar los recursos naturales”.

En su última visita a Europa, Obama y la canciller alemana, Angela Merkel, subrayaron la necesidad de acelerar las negociaciones para cerrarlas antes de que termine el mandato del presidente estadounidense, en enero de 2017. Sin embargo, la situación es compleja por los desacuerdos que mantienen la UE y Estados Unidos en varios asuntos, que se suman al rechazo de los sectores que siguen sosteniendo que el acuerdo -también cuestionado por haberse cocinado “a espaldas” de los ciudadanos y los legisladores- reducirá los estándares de calidad de los productos, dañará el medioambiente, lesionará los derechos laborales al favorecer a las empresas multinacionales y limitará la soberanía de los países involucrados. Quienes lo impulsan sostienen, entre otras cosas, que el TTIP estimulará la economía y creará más puestos de trabajo. Los responsables nunca aclararon a costa de qué.

Luego de publicar los documentos, Greenpeace pidió a las autoridades europeas y estadounidenses que detengan las conversaciones hasta que no haya un “debate público” sobre la base de “hechos, y no especulaciones”.

“Leyendo estos documentos llegamos a la conclusión de que la negociación debe detenerse, porque los negociadores no están actuando por el interés público”, declaró el director para Europa de Greenpeace, Jorgo Riss, en una conferencia de prensa. Además, insistió en que el texto muestra “por primera vez cuáles son las posiciones de Estados Unidos [...], que intenta lograr una reducción en el nivel de protección en la UE”. Agregó que “como consecuencia, habría una menor protección de la salud pública y del medioambiente en la UE”.

Riss se preguntó qué “éxito” supondría el acuerdo “si el proceso concluye y todos los europeos sienten que se les ha colocado una camisa de fuerza”, y aseguró que si bien la organización no rechaza “otros posibles acuerdos” entre la UE y Estados Unidos, “este proyecto de aunar todo en una gran negociación y situar en ella asuntos sensibles como la salud pública y la protección medioambiental es ya la base de un fracaso”. Finalmente, dijo que a pesar de que Greenpeace “sabe muy bien por encuestas públicas que las mayorías europeas no quieren comer transgénicos” y valoran las leyes de la UE “en asuntos de protección del medioambiente”, en el TTIP “no se reflejan estos valores”.

Las reacciones no demoraron en llegar. La Comisión Europea dijo en un comunicado que los documentos reflejan las posiciones en la negociación y no anticipan el resultado final. Cecilia Malmström, responsable de Comercio de esta comisión, aseguró que la UE no comprometería sus principios sólo para alcanzar un acuerdo antes de que Obama deje el cargo, como cuestionan los detractores del tratado, y garantizó que el TTIP “no rebajará” la regulación europea respecto de la “protección de consumidores”, la “seguridad alimentaria” o el “medioambiente”.

“Es normal que dos partes en una negociación quieran cumplir con la mayor cantidad de objetivos. Eso no quiere decir que la otra parte ceda a esas demandas. No quiere decir que las partes llegarán a un acuerdo intermedio. En áreas en las que estemos demasiado alejados en una negociación, simplemente no llegaremos a un acuerdo”, agregó. El jefe negociador de la UE, Ignacio García Bercero, opinó que la filtración afecta a Estados Unidos porque las posiciones expresadas por el bloque “ya eran públicas” y dijo que la atención que se le está dando al tema es “exagerada”.

Agencias de noticias como Efe y Reuters informaron que un portavoz del gobierno de Estados Unidos, cuyo nombre no publicaron, dijo que el objetivo del TTIP es “preservar” y “no socavar” los “robustos estándares de protección medioambientales y del consumidor” de ese país. Ese portavoz, de la Oficina del Representante de Comercio Exterior de Estados Unidos, agregó que “las interpretaciones dadas a estos textos parecen ser confusas en el mejor de los casos y directamente erróneas en el peor”.

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