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Cultura | Miércoles 11 • Mayo • 2016

El Palacio de los Festivales en la víspera del Festival de Cannes, en la ciudad francesa del mismo nombre. Foto: Antonin Thuillier, Afp

Duelo de titanes en la Costa Azul

Comienza el Festival de Cannes 2016.

Muchas películas europeas, 19 de ellas francesas; buena representacion asiática y escasisíma presencia latinoamericana, nula la uruguaya. Así se ve este año la selección para el festival de cine más importante del mundo.

Hoy quedará inaugurada la 69ª edición del Festival de Cannes, que continuará hasta el 22 de mayo. Como todos los años, el certamen marca una impronta en su travelling sobre el mundo del cine, invariablemente muy eurocéntrico (19 películas francesas, tres británicas, tres rumanas, tres españolas...), a la vez que presenta un amplio panorama norteamericano (con 13 films estadounidenses y tres canadienses). Asia estará bastante bien representada, con producciones provenientes de Camboya, Corea, Filipinas, Japón y Singapur, pero en esta edición se verá apenas una de India y no habrá ninguna de China. Se presentará sólo una realización africana, y los países latinoamericanos integrarán la lista de los casi ausentes: sólo se exhibirán dos películas chilenas, una argentina y una brasileña, y esta última será la única en la sección oficial.

Los films seleccionados competirán por la Palma de Oro que da a Cannes forma de ring; el duelo con más cámaras y paparazzi del mundo, lo que tradicionalmente explica la inclusión de algunas películas que, de no ser por la popularidad de ciertas figuras de su elenco, probablemente hubieran quedado muy alejadas del sol de La Croisette, la rambla de un par de kilómetros en las costas del Mediterráneo sobre la que se ubica el Palacio de los Festivales y los Congresos, sede central del festival.

Pesos pesados

Serán 21 los títulos que se disputen el preciado premio mayor, y este año los integrantes del jurado encargado de otorgarlo serán el director australiano George Miller, que lo presidirá, el director francés Arnaud Desplechin, la actriz estadounidense Kirsten Dunst, la actriz y directora greco-italiana Valeria Golino, el actor danés Mads Mikkelsen, el director húngaro Lászlo Nemes, la actriz y cantante francesa Vanessa Paradis, la productora iraní Katayoon Shahabi y el actor canadiense Donald Sutherland. Los films seleccionados por los responsables del Festival, Pierre Lescure y Thierry Fremaux, no sólo tendrán que vérselas con ese jurado, sino también con críticos del mundo entero, y sus valores o vanidades no sólo se cotejarán para obtener espacio en el (nunca mejor llamado) palmarés, sino también, lo que no es menos importante, para que su imagen publicitaria llegue bien aureolada a un público más amplio que el de Cannes, con vistas a su estreno comercial. Son pocos los casos de films que llegan al festival después de ser presentados en sus países de origen; dos casos recientes son Mi madre, del italiano Nanni Moretti, en la edición de 2015, y en esta edición Julieta, del español Pedro Almodóvar, gran consentido del festival, quien llega con una película que es casi un insulto acrítico a la tradición cinéfila del certamen.

Otro de los cineastas más populares que integran la selección de este año es el británico Ken Loach (ya un veterano de Cannes, donde ha sido seleccionado desde 1979), que ganó la Palma de Oro en 2006 con El viento que agita la cebada. Es improbable que ahora su I, Daniel Blake tenga la misma fortuna; parece que los mejores tiempos de Loach pasaron hace años. Otros directores recurrentes son los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, que ya se han llevado dos primeros premios a su Bélgica natal, con Rosetta en 1999 y El niño en 2005, y que para esta edición vuelven a ocuparse de las heridas sociales con La muchacha desconocida (La fille inconnue), que podría ser bien acogida en la convulsionada Francia de hoy. Rumania, que sigue en su edad de oro cinematográfica, llega con dos de sus directores más sólidos: Cristian Mungiu y Cristi Puiu. El primero fue el ganador de la Palma de Oro en 2007 con su impresionante Cuatro meses, tres semanas, dos días, y ahora presenta Bachillerato (Bacalaureat), un film sobre los compromisos e implicaciones de la paternidad. Puiu -del que se pudo ver en Montevideo La noche del señor Lazarescu (2005)- viene con su nuevo film Sierra Nevada, que gira en torno a la muerte del patriarca en una familia rumana.

Reincidentes

Entre los restantes, son varios los que ya han desfilado por el tapis rouge de La Croisette y y regresaron a sus países con un premio en la valija. Regresan con ambición de más, entre otros, la británica Andrea Arnold, de quien en Uruguay se estrenó la interesante Acuario (2009), el coreano Park Chan-Wook y el francés Bruno Dumont, también conocidos en Uruguay gracias a la programación regular de Cinemateca o de su Festival Cinematográfico Internacional. El canadiense Xavier Dolan, a la vez enfant terrible y niño mimado de Cannes, retorna, casi sin haberse ido, con Sólo el fin del mundo (Juste la fin du monde), un drama familiar que protagonizan Marion Cotillard, Léa Seydoux, Gaspard Ulliel y Vincent Cassel, gente de esa que ya viene desde chica gastando la alfombra roja a la hora de las galas. También estará presente el estadounidense Jim Jarmusch, quien, además de llevar a concurso Paterson -con Adam Driver, que encarnó al villano Kylo Ren en la más reciente entrega de la serie La guerra de las galaxias-, presenta un documental que bucea en la historia de la banda punk The Stooges y que será presentado por el mismísimo Iggy Pop, algo que seguramente teñirá de nostalgia de música y contracultura esta edición del festival francés. Y habrá que ver si el filipino Brillante Mendoza repite con Ma’Rosa el éxito que obtuvo en 2009 con Kinatay, que le valió el premio del jurado al mejor director. El danés Nicolas Winding Refn, golden boy en Cannes desde Drive (2011), es uno de los más esperados de esta edición con The Neon Demon, relato de terror que se ambienta en el mundo de las modelos top y cuenta con un heterodoxo elenco de actrices (Christina Hendricks, Elle Fanning, Jena Malone).

La lista de los que aspiran a la Palma de Oro se completa con la alemana Maren Ade, de la que en Montevideo pudo verse su muy atendible opera prima Entre nosotros en 2009 y que acaba de completar un film de casi tres horas -Toni Erdmann- sobre un padre que intenta reconectarse con su hija ya adulta; el francés Olivier Assayas con Personal Shopper; el iraní Asghar Faradi, que entró a último momento con El cliente; la actriz francesa devenida realizadora Nicole García, con Mal de Pierres; su compatriota Alain Guiraudie, director de El desconocido del lago (2013), “ascendido” al pasar de la sección Un certain regard (“cierta mirada”, dedicada a películas “originales y diferentes” de autores aún no consagrados internacionalmente) a la competencia principal con su nuevo film Rester vertical; el brasileño Kleber Mendoça Filho con , el estadounidense Jeff Nichols con Loving y el holandés Paul Verhoeven, de vuelta en Europa con Elle.

Los otros

Por otro lado, en Un certain regard compiten 18 films, de los cuales siete son primeras obras; como es la norma, hay muchos nombres sin excesivo bagaje, lo que abre un hueco a las sorpresas y deja soplar un viento de menor cálculo. La excepción es el japonés Kore-Eda, eterno luchador por la Palma de Oro, cuya inclusión aquí resulta, a la inversa que en el caso de Guiraudie, una suerte de “descenso”, o quizá un mensaje velado que le está recomendando resetear, en vez de repetir hasta la extenuación una fórmula probada que ya ha desafiado las leyes de la resiliencia. Argentina estará muy bien representada en esta competencia con La larga noche de Francisco Sanctis, film que viene de ser premiado en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires y ópera prima de los jóvenes Andrea Testa y Francisco Márquez. Es una adaptación de la novela homónima de Humberto Constantini publicada en 1984, y cuenta, con Diego Velázquez en el papel protagónico, las tribulaciones de un hombre sin especial compromiso político que, en plena dictadura argentina de 1976-1983, recibe una información que podría salvar las vidas de otras personas. Testa y Márquez logran transmitir, con gran pulso cinematográfico, aquel ambiente ominoso y sórdido que a quienes vivimos en dictadura se nos hace tan áspero recordar.

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