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Internacional | Lunes 02 • Mayo • 2016

Dilma Rousseff durante una manifestación para celebrar el Día Internacional de los Trabajadores, en San Pablo. / Foto: Nelson Almeida

Más que una fecha

Brasil y Argentina tuvieron un 1º de mayo muy marcado por la coyuntura política.

El Día de los Trabajadores fue una oportunidad para que los sindicatos se posicionaran en Brasil a favor de la continuidad de Dilma Rousseff y en Argentina en contra del gobierno de Mauricio Macri. En Brasil, la mandataria aprovechó las movilizaciones para anunciar un paquete de medidas favorables a los trabajadores y a las personas con menos recursos. En Argentina, las marchas fueron celebradas por la ex presidenta Cristina Fernández.

La jornada del 1º de mayo en Brasil sirvió para dejar claro que los trabajadores organizados se dividen en tres corrientes, de las cuales la mayoritaria es la liderada por la Central Única de Trabajadores (CUT), la principal central sindical de Brasil, que se opone al juicio político que está en proceso en el país para destituir a la presidenta. Ayer la CUT realizó un acto de respaldo al gobierno, que contó con la presencia de Rousseff y del presidente del Partido de los Trabajadores (PT), Rui Falcão, quienes hablaron ante decenas de miles de trabajadores reunidos en San Pablo. También estaba prevista la presencia del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, pero no asistió porque estaba “sin voz”, informaron sus asesores. Además del acto en San Pablo, que fue el central, hubo movilizaciones de la CUT con miles de personas en varios estados brasileños.

Por los parlantes, tanto en San Pablo como en otros estados, sonaron encendidos discursos contra el vicepresidente Michel Temer (que asumirá la presidencia de forma temporal si el Senado vota a favor de iniciar el juicio político y de forma definitiva si Rousseff es destituida) y contra el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha (principal impulsor del juicio político). Los oradores también apuntaban contra los dirigentes de la oposición, sobre todo del Partido de la Social Democracia Brasileña, que perdió las últimas elecciones en segunda vuelta y ha sido uno de los promotores de este proceso.

Tanto dirigentes políticos del PT como los principales sindicalistas de Brasil advirtieron que no se la harán fácil a un gobierno de Temer. Planalto ya había anunciado que no habrá una transición formal si Rousseff es destituida; en los discursos de ayer, Falcão dijo que en ese caso no hablaría con Temer, y los líderes del Movimiento de los Sin Tierra advirtieron que no lo reconocerían como presidente.

Al hablar en el acto del 1º de mayo, Rousseff advirtió que si Temer llega a la presidencia no gobernará para los pobres ni los trabajadores y aseguró que él terminaría con la “mayor parte” del programa social Bolsa Familia y limitaría los derechos de los trabajadores. “Si hace esto contra mí, ¿qué va a hacer contra el pueblo trabajador de este país?”, se preguntó la presidenta. Además, dijo que la oposición intenta dar un “golpe” de Estado porque no superó la derrota electoral. “Ese proyecto que quieren imponer a Brasil no fue el vencedor en las urnas. Si quieren otro proyecto, que lo sometan al voto en las urnas”, exigió.

La presidenta aprovechó su discurso en San Pablo para anunciar un incremento de 9% a las prestaciones del Bolsa Familia y el aumento de 5% del mínimo no imponible del Impuesto a la Renta, que se cobra sobre los sueldos.

Según publicó el diario Folha de São Paulo, el gobierno de Temer planea aplicar un “peine fino” a los programas sociales, para que estos se reduzcan al mínimo necesario, y pretende reformarlos para que los aumentos anuales de las prestaciones sean menores que el crecimiento anual del Producto Interno Bruto (PIB). Los gobiernos del PT han manejado estos aumentos de una forma más discrecional: en algunos años el aumento fue igual a la inflación, mientras que en los años de mayor crecimiento de la economía los programas sociales han crecido por encima del PIB. Por su parte, la cadena O Globo accedió a un documento de planificación del equipo de Temer en el que se prevé la privatización o tercerización de “todo lo que sea posible”.

Sin embargo, un Temer presidente no va a alterar los derechos de los trabajadores, aseguró uno de los oradores del principal acto a favor del juicio político, el diputado Paulo Pereira da Silva, conocido como Paulinho da Força, porque es el presidente de la segunda central de Brasil, Força Sindical, y del partido político de esta central, Solidaridad. Paulinho dijo que se ha reunido con Temer y que su partido, que impulsó el juicio político, lo asesorará para las designaciones de los ministros de Trabajo y Desarrollo Agrario. En el mismo acto, que reunió a miles de personas, habló (después de ser abucheada) la senadora Marta Suplicy, que hace ocho meses renunció al PT y se integró al Partido del Movimiento Democrático Brasileño, el del vicepresidente. Al igual que Paulinho, Suplicy criticó los anuncios que hizo ayer Rousseff y los calificó de “acto de desesperación”.

Anticipados

En Argentina, el Día de los Trabajadores cayó en un contexto en que, a casi cinco meses de la asunción de Macri, los despidos -en el sector público y en el privado- no dejan de aumentar, y la oposición impulsa una ley para frenarlos a la que el gobierno se opone. Pero además, este 1º de mayo fue testigo de un intento de reunificación de las centrales sindicales, que después de dividirse durante los gobiernos kirchneristas se movilizaron en conjunto el viernes.

“La patria salió a la calle porque no tiene miedo y quiere futuro, sobre todo. Como quiere futuro, brota como el agua cada vez que la maltratan”, dijo la ex presidenta Cristina Fernández sobre la movilización de todas las centrales sindicales del viernes en contra del gobierno de Macri. Fue una “jornada maravillosa” en la que “la patria […] tomó la forma de trabajadores”.

La movilización conjunta también fue celebrada por otros dirigentes kirchneristas y de las cinco centrales sindicales: las tres corrientes de la Confederación General del Trabajo (CGT) y las dos de la Central de Trabajadores de la Argentina. La fuerza de la convocatoria, que reunió a 350.000 trabajadores, reforzó la idea de convocar a un paro general, aunque para esto todavía no hay consenso.

En la concentración del viernes se mostró un fuerte respaldo a la ley antidespidos que impulsa la oposición en el Congreso y que ya fue aprobada en el Senado, que prohíbe los despidos por un período de 180 días. También hubo reclamos al Frente Renovador, cuya bancada en Diputados es clave para la aprobación o el rechazo de esta iniciativa. En un principio esta agrupación apoyó la medida, pero su líder, el senador Sergio Massa, presentó después una propuesta “alternativa” para promover la creación de empleo.

Macri reiteró ayer el rechazo del gobierno a este proyecto de ley. En el Día de los Trabajadores el presidente asistió a un almuerzo de la Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos en el que estaba previsto que participara, aunque finalmente no lo hizo, el líder de la CGT Azul y Blanca, Luis Barrionuevo. Durante el encuentro, Macri dijo que el gobierno de Fernández ocultó el desempleo “con trabajo público inútil” y se burló de la ley antidespidos: “Si fuese por cuestión de leyes, saquemos, en vez de una ley para conservar lo que tenemos, una que diga que por ley somos todos felices y ya está, ya lo resolvimos. Pero no es así”.

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