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Cultura | Miércoles 18 • Mayo • 2016

Una historia en imágenes 1957-1973, de Aurelio González. Alter Ediciones, 2015. 336 páginas

Una herencia que renace

“Una historia en imágenes 1957-1973”, de Aurelio González. Alter Ediciones, 2015. 336 páginas.

Aurelio González es un fotógrafo militante. Y este es un libro militante. Palabra fuera de moda, por cierto, y aún más teniendo como referencia otro concepto del autor, que en la última página escribió: “…Igual, éramos un equipo. A todos mi agradecimiento”.

González refleja un profundo sentir uruguayo en el período documentado por las imágenes que este libro recoge, de fotógrafos del diario El Popular: personas comprometidas -como equipo- en la documentación gráfica de las luchas del pueblo trabajador, eterno olvidado por la mal llamada “prensa grande”. Ya sabemos que el actuar “en equipo” se asocia más, actualmente, con el ámbito empresarial o el deportivo, que con la militancia. En este inicio de siglo, en que muchas veces se sobrepone al individuo autor sobre el contenido que documenta, esa concepción colectiva es ejemplar. Actualmente, ante una foto “de impacto” publicada en la prensa y difundida en las redes, a los pocos minutos se sabe vida y obra de quien la tomó, y a menudo eso opaca a la propia foto. En los World Press, en los Pulitzer, nombre y vida del ganador pasan muchas veces a ser más importantes que la imagen premiada y su contenido.

Y ya que hablamos de premios, varias de las fotos de Una historia en imágenes merecerían recibirlos -pese a las deficiencias técnicas del revelado a las apuradas, propias de un diario de aquella época-, por los momentos que ilustran y también por la valentía que implicó tomarlas.

Este libro nos enseña que en Uruguay existía buena fotografía de prensa antes de su aniquilamiento con el golpe de 1973. En los años siguientes, debido a la represión, reinó el oscurantismo hasta que en 1983 Cyro Giambruno y José Luis Sosa se animaron a salir a la calle con sus cámaras: su colectivo Camaratres (cuyo archivo fue donado recientemente al Centro de Fotografía para que lo custodiara y difundiera) documentó hasta 1985 los hechos más relevantes de los últimos espasmos de la dictadura. Durante esta, apenas algunos fotógrafos habían podido expresarse profesionalmente en publicaciones periodísticas, aparte de lo documentado por los del oficialista El País y por El Día. La cultura del fotorreportero con mirada crítica e independiente casi había desaparecido.

Con la apertura democrática nacieron varias publicaciones que no lograron sobrevivir, pero el fotoperiodismo social fue logrando renacer gradualmente, sobre todo en dos medios, el semanario Brecha (1985) y el diario El Observador (1991). Cada uno, a su manera y en su momento, incrementó la importancia de la imagen, dándole espacio a algunos jóvenes fotógrafos y a otros que retornaron del exilio con muy buena formación.

De todos modos, poner el oficio al servicio de los ideales, “ser Aurelio”, es calificado en nuestros días, remachando y remachando hasta el cansancio, como algo cursi, pasado de moda, hasta ridículo. La buena noticia es que desde hace unos diez años empezaron a resurgir en el mundo colectivos de fotográfos que, libres del yugo de las grandes corporaciones de medios nacionales e internacionales, producen y distribuyen muy buenos -y cada vez más vistos- trabajos de documentación social. Con base en la fotografía, producen también textos y videos, logrando publicar en medios comerciales progresistas o autodifundirse mediante internet. La herencia del “ser Aurelio” vive un renacimiento que en algunos casos es espléndido.

Los jóvenes empiezan a descubrir que existe “otra cultura”, además de la de los circuitos clásicos de la información periodística. Los grupos Globo y Clarín, respectivamente en Brasil y Argentina, por citar ejemplos cercanos, ya empiezan a desenmascararse como generadores y transmisores de un desmesurado y antidemocrático poder político.

La anécdota, ya bastante conocida, es que los negativos de El Popular fueron escondidos en 1973 para evitar que las fuerzas represivas los destruyeran, y recuperados por González 30 años después. El hecho de que debieran ser ocultadas indica que el poder represivo, de cualquier tipo y en cualquier país, siempre le tuvo pánico a lo que hoy podemos llamar el efecto Wikileaks, o sea, a que se publique información que lo compromete.

Para algunos, las imágenes de este libro pueden ser un mero refresco de la memoria. En realidad, son un muy valioso documento, único, de nuestra historia reciente. Percibir su poder es importante para los uruguayos que vivimos aquellos años de lucha y de resistencia. Pero también es imprescindible para informar y enseñar sobre ese período a las nuevas generaciones, en el lenguaje que cada día manejan mejor y les es más conocido: el de lo visual.

  • Por ejemplo, Ostkreuz (Alemania), Sub.Coop (Argentina), Cía de Foto y Garapa (Brasil), Colectivo Nómada (Costa Rica), Odessa, Tendance Floue y Transit (Francia), TerraProject (Italia), Mondaphoto (México), Supay Fotos y Versus Photo (Perú), KameraPhoto (Portugal), Documentography (Reino Unido), ONG (Venezuela), Blank Paper, Nophoto, Pandora y Ruido Photo (España) o Est & Ost (Europa del Este).

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