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Internacional | Miércoles 04 • Mayo • 2016

Grupos organizados de iglesias y sociedad civil llevan almuerzos a los refugiados cada día. Foto: Fernando Francia

Varados

Centenares de migrantes provenientes de África permanecen en Costa Rica.

Vinieron de lejos. Son centenares ya. Acostumbraban a migrar hacia Europa, pero en la actualidad, cientos de personas provenientes de África cruzan en avión o en barco hacia América del Sur, a veces de polizones o en embarcaciones precarias. Una vez que llegan, atraviesan Brasil, Perú, Ecuador, Colombia y Panamá, y finalmente quedan varados en Costa Rica.

Hace pocos meses estaban en una situación similar miles de cubanos; finalmente, en su mayoría partieron en avión hacia el norte de México, donde Estados Unidos los recibe con frontera abierta por la Ley de Ajuste Cubano. Pero a los migrantes llamados extracontinentales nadie los espera con los brazos abiertos ni hay planes para su evacuación por avión. Algunos tienen familia en Estados Unidos o Canadá, quizá personas que hicieron esta misma ruta años antes.

Un estudio de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) muestra que desde el 2000 hasta 2010 las autoridades habían detectado el paso de cerca de 4.000 migrantes provenientes de África. Sólo en lo que va de 2016 llegan a 1.000 quienes esperan noticias en un albergue improvisado del lado costarricense de la frontera con Panamá.

Es el caso de Tony Wasy, originario de Costa de Marfil, que explicó a la diaria acerca de su situación: “Por un lado está la guerra, que genera miles de desplazados; por otro lado, la situación económica. Yo por eso tuve que salir de mi país”.

Él, como tantos otros, no tiene pasaporte ni papeles que demuestren su procedencia. Dicen haberlos perdido en los tantos robos que sufrieron en el camino. Algunos reconocen que la falta de pasaporte podría brindarles mayor seguridad para no ser deportados. Tony aguarda con paciencia a que las autoridades de Costa Rica les permitan transitar libremente por el país y buscar la forma de pasar la frontera nicaragüense. Su hermano ya lo hizo y ahora se encuentra en Estados Unidos.

Los migrantes provienen también de Malí, Ghana, Senegal, Burkina Faso, Congo, Angola y Nigeria, entre otros países. El senegalés Cheikh Fall está enojado con el gobierno costarricense. Dice que en Nicaragua y Estados Unidos los dejarán pasar. “Yo he pasado por muchas fronteras. Vengo desde Argentina, pasé por Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia. En la frontera de Colombia estuvimos tres horas; en Panamá, tres días, y en Costa Rica, un mes”, se quejó Cheikh en un español que parecía una mezcla con francés y portugués.

Las autoridades costarricenses saben que si los dejan pasar el problema quedará en su territorio, porque la frontera de Nicaragua también está cerrada para los llamados migrantes irregulares. Por eso el tema será colocado por la cancillería costarricense en el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos, que se reúne en Washington esta semana. Buscan que la región entera, incluido Estados Unidos, se haga cargo del tema.

Muktar Mbali también es de Senegal. Cuenta que hizo la travesía por barco de forma muy precaria, con tramos a pie por montañas y selvas durante días, y ha tenido que enfrentarse a autoridades policiales corruptas, así como a timadores y personas que ofrecen hacerte pasar por las fronteras sin problemas y luego huyen con el dinero pagado. “Nosotros sólo queremos pasar por aquí. Pero ahora no podemos ir ni para adelante ni para atrás. Nos quieren llevar a un lugar de detención para luego darnos un papel, pero no sabemos si es verdad”, dijo Muktar.

Son pocos los que quieren hablar con la prensa. Muchos de ellos llegaron con bandas de tráfico ilegal de personas y la visibilización de esta ola migratoria obliga a esas bandas a hacerse a un lado y dejarlos solos. Se trata de un negocio ilegal que mueve 32.000 millones de dólares al año, el tercero en importancia luego de la venta de armas y drogas.

Varios especialistas afirman que el aumento en el fenómeno tiene que ver con el cierre de fronteras en Europa. Karina Fonseca, directora del Servicio Jesuita para las Migraciones, tiene claro que la elección de Estados Unidos y Canadá como destino se debe a esa política europea. “Es una consecuencia de esas acciones de control y restricción que se vive en Europa. Las personas tienen que salir y ahora tratan de llegar a Estados Unidos como alternativa”, afirmó.

Amiyiube Caloumga, de Senegal, tiene una razón de peso para no ir a países europeos. “No queremos cruzar a Europa. Somos de pueblos que fueron esclavos de los franceses, de los españoles, de los europeos. Son países que están más cerca, pero nosotros estamos buscando otros que tiene más trabajo para nosotros, como Canadá”, explicó a la diaria.

Al cierre de esta edición las autoridades habían reconocido la existencia de 800 migrantes. Ellos mismos dicen que son más de 2.000. Lo cierto es que el número crece día a día. Para Guillermo Acuña, director del Instituto de Estudios en Población de la Universidad Nacional en Costa Rica, la crisis migratoria actual apenas está comenzando y será de grandes magnitudes. “Se necesita un acuerdo regional para dar atención a estos flujos. Las necesidades de estas migraciones son múltiples, pues se trata de grupos mixtos: migrantes económicos, solicitantes de asilo, mujeres, niños, afectados por los impactos de las dinámicas naturales en sus países de origen”, opinó Acuña.

En Costa Rica se generó un grupo de solidaridad con los migrantes. Sus integrantes se organizan para llevarles comida, ropa y artículos de aseo personal, y piensan que las migraciones enriquecen a los pueblos y que deberían abrirse las fronteras. Si esto no ocurre, nadie sabe cómo va a terminar esta nueva crisis migratoria. De los 8.000 cubanos varados el año pasado apenas la mitad salió mediante los operativos dispuestos por el acuerdo regional. La otra mitad lo hizo de forma irregular.

Por ahora, las autoridades se apegan a “cumplir la ley migratoria”, dijo a la diaria Mauricio Herrera, ministro de Comunicación y comisionado especial para atender esta crisis. La ley obliga a detener por 30 días a quienes hayan ingresado de forma irregular. Pasado ese plazo, deberán quedar en libre tránsito por el territorio costarricense, y firmar cada 15 días. Si no se crea un corredor humanitario en acuerdo entre los países de la región, incluido Estados Unidos, la opción de los migrantes tendría que ser la salida, irregular, del territorio costarricense para seguir su camino.

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