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Nacional | Jueves 19 • Mayo • 2016

Lara Blanco, directora regional adjunta de ONU Mujeres. Foto: Pablo Vignali

Vínculos al reparo

20% de las mujeres que sobrevive a episodios de violencia con parejas o ex parejas pensó en la muerte.

La escasa representación parlamentaria de las mujeres, el desempleo de las más jóvenes y la erradicación de la violencia de género son de los principales desafíos del gobierno uruguayo en materia de género. Así lo señaló la directora del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) del Ministerio de Desarrollo Social, Mariela Mazzotti, ayer, antes de la presentación de la directora regional adjunta para las Américas y el Caribe de ONU Mujeres, Lara Blanco. Blanco disertó sobre el rol de Uruguay en la región en materia de avances hacia el empoderamiento económico, el liderazgo y la participación política de las mujeres, así como en la eliminación de la violencia de género.

La participación de las mujeres en ámbitos de decisión política en nuestro país ha sido históricamente baja, y si bien “ha mejorado” en los últimos años, Mazzotti explicó que “no alcanzamos aún la paridad y el compromiso igualitario”. Pero el problema no se reduce a este ámbito, sino que alcanza a los distintos niveles de decisión empresarial y organizacional: según la jerarca, las mujeres trabajadoras, aun teniendo altas calificaciones y competencias, “tienen dificultades de acceso a los cargos de toma de decisiones”. Tampoco hay grandes diferencias entre las zonas urbanas y rurales, aunque en estas últimas dicho acceso se ve incrementado. El ejercicio de derechos de las mujeres que viven en áreas rurales es una preocupación de Inmujeres; Mazzotti sostiene que el tema debe ser atendido “a nivel institucional”, en particular del Consejo Nacional de Género, un ámbito tripartito de discusión y construcción de políticas.

Mirada externa

La directora de ONU Mujeres, por su parte, señaló en primer lugar los puntos en los que considera que Uruguay ha “avanzado” respecto de la situación regional. Es el caso, por ejemplo, de la tasa de participación laboral de las mujeres: aunque está 20 puntos por debajo de la de los hombres, la brecha resulta muy menor si se la compara con la región.

Uruguay también se destaca en la proporción de mujeres sin ingresos propios (sólo 15%), y “marcó una pauta” a seguir en la Convención sobre Trabajo Decente para el Trabajo Doméstico: “El primero en acordarla fue Uruguay y lo siguieron 22 países”, afirmó Blanco.

En cuanto a los desafíos, esta mirada externa da cuenta de un desempleo femenino que se encuentra tres puntos por encima del masculino y señala que la “mayor deuda” es con las mujeres jóvenes, que son las que más sufren desocupación.

Blanco hizo varias propuestas al gobierno local. En primer lugar, “no olvidar que la agenda de la igualdad es multidimensional”, que “no se puede y no se debe trabajar en procesos fragmentados” y, por ende, que se debe “poner más atención a identificar los vínculos virtuosos que existen entre los mandatos de la agenda”.

También procurar una “mayor coordinación con el sector privado”, que está “llamado a asumir responsabilidades” en la lucha por una equidad de género. Por otro lado, “no perder de vista los cambios en el contexto y anticipar cómo proceder con realidades adversas y próximas”, en referencia a la desaceleración económica que estamos viviendo. “Justamente porque estamos en una situación de desaceleración es que debemos acelerar los esfuerzos para la igualdad de oportunidades”, afirmó. A su vez, sostuvo que es “indispensable” que cambiemos la escala de las inversiones para poner fin a la desigualdad de género. Por último, invitó a “promover, cuidar y ampliar” el liderazgo de las mujeres en el ámbito de la institucionalidad pública.

Urge

Centrándose en la eliminación de la violencia contra las mujeres, Blanco sostuvo que si bien los esfuerzos desde la agenda estatal y las organizaciones de la sociedad civil fueron “enormes”, no llegaron a ser suficientes.

América presenta las tasas más altas del mundo de muertes por violencia de género hacia las mujeres. En particular, esa es la primera causa de muerte en el segmento de las que tienen entre 15 y 29 años. En Uruguay la violencia contra las mujeres es considerada el delito más frecuente después del hurto; las denuncias ascendieron a 25.000 en 2015. Siete de cada diez mujeres, en Uruguay, declaran haber experimentado violencia de género de algún tipo -física, sexual, psicológica, económica- y en distintos ámbitos -públicos, privados, educativos, laborales- a lo largo de sus vidas.

A su vez, la mayoría de los abusos proviene de parejas o ex parejas: una de cada cuatro mujeres de 15 años y más sostuvo que se ha visto en esta situación en los últimos 12 meses, según datos del Sistema de Información de Género de Inmujeres. Los impactos emocionales y sociales de la violencia son de gran magnitud: 55,4% dijo que sufrió de depresión, angustia, tristeza o miedo como consecuencia de los hechos de violencia y una de cada cinco mujeres declaró haber tenido ideas o deseos de morir o suicidarse.

Para Mazzotti, no hay una sola medida a tomar ni algo puntual a hacer, sino que más bien se debe generar conciencia en la sociedad. “El principal desafío es entender que esto que les pasa a estas mujeres no es un problema de ellas ni personal de la pareja, sino una cuestión social y de la comunidad” y, por ende, éste es el “mejor ámbito” para actuar, dijo, en diálogo con la diaria.

Una oportunidad de cambiar esto radicaría en la educación, en procura de no repetir los estereotipos de género que se vienen perpetuando, con el objetivo de que “los niños no acepten que pueden ser violentos con las niñas sin consecuencias y que estas últimas no den por sentado que pueden recibir esta violencia sin hacer algo al respecto”, apuntó.

La directora de Inmujeres estableció que se hará especial hincapié en este aspecto en el Sistema de Cuidados para que los educadores tengan la visión de “cuidar y educar sin estereotipos”. “No son resultados que se puedan ver en el corto plazo, sino más bien en el mediano y largo, ya que se trata de una transformación cultural y social”, afirmó.

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