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Cultura | Jueves 02 • Junio • 2016

Fernando Nieto.Foto: Federico Gutiérrez

Como una noria

Compañía Reversión estrenó en la sala Verdi.

Tras experimentar con un formato de producción más íntimo (concretamente, monólogos de microteatro en casas particulares habilitadas al público), la agrupación que encabeza Fernando Nieto Palladino vuelve a un escenario a la italiana. Juegos mecánicos podrá verse en la sala Verdi los miércoles y jueves hasta el 23 de junio. Un subtexto místico conecta una historia familiar con saltos temporales y alusiones indirectas a la dictadura. “Pienso en el carrusel, el giro permanente, este volver a empezar, pasar siempre por el mismo lugar, casi desde la inconsciencia. Esto tiene que ver con que, a lo mejor, si a mí me dan la oportunidad de vivir otra vez, puedo hacer que mi vida sea distinta, o a lo mejor no. A lo mejor tengo que bajarme de esta noria para poder cambiar de verdad. Porque no alcanza con volver a vivir, sino que a veces es necesario cambiar cosas que tienen otra profundidad, más que la posibilidad de incidir sobre la mecánica de los hechos”, dice el director.

Tres actores, como en la fundacional Quiroga con la luz prendida (2008), trabajan desde hace diez meses conducidos por ejercicios de etodrama, el “método Nieto”. El detonante o la inspiración fue esta vez una estampita de Santa Lucía de Siracusa, patrona de los ciegos. “A mí me interesaba trazar tres ejes temáticos: lo ilusorio, el horror y la santidad”, cuenta Nieto, además responsable de bajar a papel la dramaturgia resultante. Pero volvamos a la imagen de la mártir. “Como casi todas las estampitas, tiene elementos un poco fuertes: una muchachita joven con la garganta cortada y las cuencas vacías, los ojos en un plato. Me pareció muy impresionante que la santidad tuviera que ver con eso. Conecté con algo medio oscuro. De lo que encontré leyendo sobre ella me gustó mucho que, cuando la estaban por matar, dijo: ‘El cuerpo no se corrompe si el alma no es consciente’. Y eso fue un gran disparador para mí, porque mi formación es científica, y cuando estas conexiones de lo místico van hacia lo científico me produce mucho placer”.

Aunque esboza algunas decisiones del montaje que referirán a esa magia implícita -del mismo modo en que lo ominoso integra la estética de la cineasta argentina Lucrecia Martel-, esta nueva pieza de Nieto se vincula con la idea de la multiplicidad de universos, un poco como en la película Donnie Darko (Richard Kelly, 2001), evocada por el elenco durante los ensayos; y otro poco con el eterno retorno que torturaba al protagonista de El día de la marmota (Harold Ramis, 1993), que también fue nombrada en el proceso. “Pasó que esa frase de Santa Lucía, de alguna manera, tiene que ver con concebir la realidad de la materia como un producto de la percepción. Y de inmediato conecté con la paradoja del gato de Schrödinger y con esa cuestión de que la mirada obliga a la naturaleza a definirse por una realidad. Cómo la percepción está determinando la realidad que nosotros vivimos. Tampoco es una obra de ciencia ficción, pero hay elementos de la física que no se comprenden, y elementos de una dimensión más espiritual”.

La sinopsis ubica parte de la acción en la Navidad de 1986, “cuando Lucía descubre una fisura en la trama del universo. Tras la muerte de Jesús a causa de un accidente eléctrico, Lucía descubre que el tiempo ha retrocedido y que tiene la oportunidad de cambiar el curso de los hechos. Pero comprueba que los muertos no vuelven solos. Junto con Jesús vuelve Laura, su prima y amante, desaparecida 12 años atrás”. Es decir que los personajes desandan el tiempo. “Esa es la primera ley física que estamos rompiendo desde la narración -advierte el director-. En definitiva, esto termina siendo una metáfora de la vida, de esa cuestión cíclica que las personas vivimos, una repetición permanente de los mecanismos que nos hacen funcionar y cometer errores una y otra vez”.

Microteatro recurrente

“La primera evaluación sobre los micros que hicimos es muy positiva”, dice Fernando Nieto Palladino, pasando raya a la experiencia de hacer cuatro monólogos en espacios no convencionales -básicamente en habitaciones privadas, organizando la vivencia espectacular en dos recorridos- con la que la compañía Reversión probó suerte en marzo y abril. “El objetivo principal había sido estimular a los compañeros del colectivo a escribir y dirigir por primera vez. Y no sólo quedamos conformes, sino que la gente pudo valorar la propuesta. La idea es que haya una segunda edición este mismo año, con otros dramaturgos y otras direcciones. Seguir generando el espacio para que tengan la posibilidad de trabajar con una producción de bajo costo. También creo que estamos en un momento en que el teatro está necesitando espacios de ese tipo, porque lamentablemente no tenemos los apoyos con los que contábamos antes: claramente hablo del Programa de Fortalecimiento de las Artes”.

Es inevitable pensar, en términos de dramaturgia nacional de los últimos tiempos, en Ex, que revienten los actores (2012), de Gabriel Calderón, donde las cuentas pendientes de una familia -y de un país- detonaban mediante una máquina del tiempo. “En el 86 yo era un niño -comenta Nieto-. Para mí tiene que ver con eso, con que nos fuimos para la época de nuestra infancia y nos nutrimos de esos materiales. Claro, los 12 años para atrás también surgen del ‘Proceso’ y tal, pero no sé si eso fue intencional. Hay otros datos en la obra que, es verdad, refieren claramente a la dictadura. Fueron cosas que accidentalmente terminaron quedando. Pero no va sobre eso la obra. Creo que terminó formando parte como resultado del inconsciente colectivo. No fue un objetivo que eso estuviera ahí, pero está”.

Que piensen los cuerpos

Fue con la santa italiana y otros asuntos en mente que Nieto dio inicio a la dinámica de trabajo habitual, esta vez junto con los actores Pilar Roselló, Miguel Montedónico y Sofía Espinosa. “Siguió los mismos parámetros, las mismas líneas de creación que he trabajado en otros procesos. Al principio no teníamos texto, no teníamos nada, solamente una idea y un lugar al que llegar. Tampoco estaban definidos los personajes. Y desde ese principio hubo una conexión directa con el etodrama, porque fue, sobre la nada, empezar a trabajar las tensiones físicas en conexión con el presente. Conectar con mi compañero cuando no estaba todo puesto en función del drama, porque no había drama, no había texto. Fue necesario apoyarnos en técnicas etodramáticas. Luego nos fuimos desprendiendo un poquito de eso y terminamos con un sistema bastante tradicional, creo yo. Pero lo que delineó la mayor parte de la historia fue un proceso etodramático”. Vale la pena repasar, entonces, qué define ese método que le quita centralidad al pensamiento y que atraviesa la breve aunque fructífera trayectoria de la compañía Reversión (que en temporadas pasadas mostró Los siete locos -2012- y Blu -2013-). “El etodrama es un sistema que le sirve al actor para generar material tanto escénico como dramático, y está basado en echar mano a las herramientas físicas del cuerpo, entendido como organismo y no sólo como músculos y huesos. Sobre todo, buscando estimular los instintos, trabajar desde una sensibilidad muy primaria, alejada del pensamiento. Es un procedimiento que esquiva los procesos mentales; no los niega, pero trata de apoyarse en una verdad física más que en una emocional o psicológica. En ese sentido, trata de no confiar mucho en lo que viene desde el pensamiento”.

Para Nieto, quizá lo más removedor de este estreno sea el hecho de que su papel se remite a la dramaturgia y la dirección. “Es la primera obra que hago en la que no estoy adentro para dirigir desde el juego, sino que estoy afuera y obligado a dirigir desde la palabra, algo que para mí es un desafío bastante raro, aunque más o menos todo el mundo empieza de esa forma. Es la primera obra mía que voy a ver. Es todo muy nuevo en ese sentido, y me doy cuenta de que antes venía trabajando con comodidad, de que mi dirección tenía mucho que ver con la propuesta desde el compañero de escenario, más que desde la dirección. Ahora me encontré con esta cuestión de que hay que hablar y decirles a los actores. Con la palabra hay que ser mucho más explícito y claro, desde un lugar al que no estaba habituado. Y no es que tenga dificultad para hablar...”, aclara, mientras sigue buscando los términos más apropiados.

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