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Cultura | Jueves 23 • Junio • 2016

Vivienda Perotti: arquitectos Octavio de los Campos, Milton Puente e Hipólito Tournier. Foto: DLC

Desde dentro

Recopilación de entrevistas retrata un siglo de arquitectura nacional e interpela al presente.

Hoy a las 19.00 se presentará en el Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) el libro Entrevistas/Edición Especial, de Mariano Arana, Lorenzo Garabelli y José Luis Livni. Organizado en dos tomos, conjuga el trabajo de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU-Universidad de la República) y de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay (SAU), compilando por primera vez las conversaciones que los autores mantuvieron, durante los años 70 y 80, con profesionales uruguayos cuya obra o pensamiento se desarrolló principalmente en la primera mitad del siglo XX, y que tuvieron relevancia en el desarrollo de la cultura arquitectónica nacional.

Como parte de las propuestas de la Comisión de los Cien Años de la SAU, y continuando con el vigor editorial que ha adquirido la FADU en los últimos años, esta publicación, coordinada por Laura Alemán, presenta en su libro 1 las entrevistas que Arana, Garabelli y Livni publicaron de 1986 a 1994 en la revista Arquitectura de la SAU, con reseñas de los autores sobre la actividad de los entrevistados. El libro 2 recoge entrevistas que formaron parte de aquel ciclo pero habían quedado inéditas, cuyas reseñas fueron elaboradas por investigadores del Instituto de Historia de la Arquitectura de la FADU. Acompaña los textos una serie de registros fotográficos, muchos de ellos no fechados, que apoyan el acercamiento a los entrevistados y sus obras.

Al menos 100 años

Resulta imprescindible detenerse en varios de los datos antedichos para explicar por qué Entrevistas constituirá probablemente una pieza fundamental de nuestra cultura arquitectónica.

Comencemos por los autores, tres destacados profesores de la FADU que han legado, tanto desde la enseñanza de la historia o el proyecto como mediante sus obras, lecciones decisivas para la construcción de un corpus propio. En el rol justo de quien entrevista, sus reseñas son piezas valiosísimas en sí mismas, pues combinan la precisión histórica con un ameno relato valorativo, en el que aparecen la perspectiva de los firmantes y la mirada de una época (acaso teñida por la visión interpretativa de Aurelio Lucchini sobre nuestra arquitectura).

Prosigamos con el hecho de que esta publicación podría leerse como una continuación diversa de Entrevistas (2012), que reunió una serie de encuentros con profesionales extranjeros invitados por la FADU, abordando temas y problemáticas contemporáneas a fin de aportar a la actividad profesional y académica. Si bien es posible que no exista tal intencionalidad en la línea editorial, resulta sorprendente y estimulante la comparación de ambos libros, en tanto exhibe la persistencia o el abandono de ciertos temas.

En ese sentido, esta obra no implica simplemente una mirada hacia atrás, sino que expone el panorama de 100 años enlazados por reflexiones sobre temas presentes, sugiriendo incluso diferentes caminos para la investigación en arquitectura. Los más evidentes se vinculan con el campo histórico, en el que estas entrevistas desempeñan un rol crucial. Pero aún hay más, si pensamos en las posibilidades que desde el proyecto o la tecnología puede implicar revisitar y reproyectar muchas de las arquitecturas referidas. Mención particular merecen las reflexiones sobre el campo pedagógico, que presentan visiones de la enseñanza de la arquitectura y sus didácticas, y que pueden hilvanarse como una línea de pensamiento interpelante sobre las prácticas actuales.

Otro aspecto a destacar es la propia herramienta de conocimiento en la que se basan los libros. Las entrevistas, presentadas con una cuidadosa transcripción y un diseño agradable (quizá no tan fino como el de la mencionada publicación anterior), apoyadas en citas, imágenes y referencias precisas, permiten, mediante una conversación afable, desplegar una lectura a la vez clara y compleja de la arquitectura nacional de la primera mitad del siglo XX; incluso alguien poco instruido en la disciplina podrá ir atando cabos sobre personajes, acontecimientos y obras.

Estos diálogos están estructurados en base a una serie de preguntas constantes, lo cual por un lado les da unidad, y por otro evidencia miradas divergentes. El foco de los interrogantes se puso en quiénes integraban la generación de cada entrevistado, qué docentes fueron relevantes en su formación, qué viajes o contactos con el exterior realizó (aquí el manejo de publicaciones aparece como algo fundamental) y cuáles eran sus obras o arquitectos de referencia. Estos temas recurrentes no sólo permiten completar un retrato profesional bastante acabado y en contexto de cada entrevistado, sino que también registran el peso de otros personajes relevantes que se cuelan una y otra vez en los relatos, y cuyo perfil se dibuja facetado por las múltiples miradas. Es el caso evidente de Le Corbusier desde los años 20 hasta los 40, pero también de Peter Behrens, Henry van de Velde, Erich Mendelsohn, Willem Marinus Dudok y Frank Lloyd Wright, entre otros. En el ámbito local, aparecen el reconocimiento unánime a la figura de Julio Vilamajó como el gran proyectista, aquí en la entrevista con Guillermo Jones Odriozola; al destacado rol docente de Mauricio Cravotto, cuya actuación se repasa en el diálogo con su hijo Antonio; y la ineludible presencia de Joseph Carré como firme sostén en la construcción de una arquitectura apropiada. Por otro lado, son notorias algunas ausencias que no fueron voluntarias, como las de Jorge Caprario, Ricardo Fernández Lapeyrade, Román Fresnedo Siri, Carlos Gómez Gavazzo y Rafael Lorente Escudero.

Si el libro 1 sirve para explicar de manera bastante acabada cómo surge y se establece en Uruguay lo que los autores llaman la “arquitectura renovadora”, el libro 2 funciona como un coherente complemento, en tanto incluye entrevistas que aportan otra mirada sobre el mismo momento, e incorpora a profesionales no arquitectos que fueron operadores destacados dentro del campo arquitectónico, como Eladio Dieste y Atilio Lombardo. Además, suma el diálogo con Mario Payssé, cuya obra, al igual que la de Dieste, adquirió relevancia en la segunda mitad del siglo XX. El grado de lucidez con que los encontró el momento de la entrevista ayuda a terminar de definir algunas aristas de otros actores, como Vilamajó o Joaquín Torres García, y su influencia en cierta arquitectura nacional.

Comparaciones odiosas

Parece útil subrayar, más allá de la urdimbre de tópicos, personajes y anécdotas, algunas apreciaciones recurrentes que, tomadas de la voz de sus protagonistas, suenan como tareas pendientes o aparecen desde el tiempo como signos de identidad. En primer lugar, la percepción, que Carlos Surraco esboza con nitidez sobre lo deficitario de la cultura arquitectónica en nuestra sociedad, traducido en la incomprensión de usuarios, políticos y comunicadores, que vuelve aun más árida la actividad profesional. Aunque no es precisamente la visión de un fracasado, allí están sus anécdotas sobre el Instituto de Traumatología y el Hospital del Banco de Seguros para explicar el punto. Esta visión incluye un reclamo hacia los propios arquitectos, al sostener que “el que no se inspira en nadie es un ignorante que no hace más que macanas”. Precisamente, Juan A Scasso insiste con la relevancia formativa de los viajes, recuerda que recorría Europa con un cronista y que él mismo escribía regularmente en la prensa. Juan M Muracciole apunta que la exposición de los mejores trabajos estudiantiles, patrocinada por la Facultad y el Ministerio de Educación y Cultura, buscaba la difusión pública de las preocupaciones arquitectónicas.

A este respecto, en el contraste temporal, una de las ausencias actuales más notorias es la de los concursos de arquitectura, potente herramienta de difusión cultural y validación de proyectos, que se llegan a añorar con el transcurso de las páginas, por su reiterada aparición como hitos de la historia arquitectónica y personal de los entrevistados. Antonio Cravotto recuerda que su padre llegó a participar en 12 concursos nacionales en los años 1929 y 1930. Es posible que el medio actúe, efectivamente, como un factor de aplacamiento, al decir de Lucchini.

Finalmente, cabe subrayar el espíritu de “modestia” del que hablaba Octavio de los Campos (“pensando siempre que somos hijos de un país donde no son posibles ciertos alardes suntuosos que luego tendrán que pagar las futuras generaciones”). Esta concepción de la arquitectura expone, de forma bastante evidente, que la vistosa sustentabilidad contemporánea no es una creación reciente; tiene largas raíces que no pueden ser escindidas del tronco disciplinar. La versión de Surraco refiere a la búsqueda de “lo simple” (lo explica con algunos de sus proyectos) y es también una crítica, que sugiero repasar como un mantra, a la práctica irreflexiva de la destrucción (sólo en esta publicación se cuentan demasiadas obras perdidas o fatalmente dañadas). Al respecto, Cravotto rememora el esfuerzo de su padre por desarrollar el proyecto del Palacio Municipal a partir del aprovechamiento de los cimientos preexistentes, y Dieste insiste en la pertinencia de la intervención del depósito del Puerto de Montevideo (también fruto de un concurso), que cuestiona la premisa de la demolición, legando al patrimonio nacional una de sus mejores obras.

En definitiva, sólo cabe esperar que estos libros contribuyan, desde dentro, a revertir ese “lacerante estado de invisibilidad cultural” del que nos hablaba Conrado Pintos, y así seguir conversando.


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