Ir al contenido

Nacional | Miércoles 29 • Junio • 2016

Esperando el estirón

Uruguay mejor posicionado de América Latina en desarrollo infantil, salvo en indicadores como sobrepeso y educación media.

UNICEF hizo público ayer su informe “Estado mundial de la infancia 2016”, que sistematiza cifras de todos los países del mundo en materia de desarrollo infantil, en indicadores vinculados a la salud, la pobreza y la educación. En Uruguay, los encargados de presentar el informe fueron Gustavo de Armas, especialista en políticas públicas de UNICEF; el decano de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República, Rodrigo Arim; la antropóloga Wanda Cabella, y el doctor en Medicina y Neurobiología Luis Barbeito.

De Armas destacó, en diálogo con la prensa, que en los últimos años Uruguay “redujo significativamente la pobreza infantil medida como pobreza de ingresos”, que pasó de 50% en 2006 a 18% en 2015. Además, siguió disminuyendo la mortalidad infantil y aumentó el acceso a la educación media. Sin embargo, persisten “brechas de inequidad”. Los niños de los hogares más pobres en Uruguay presentan un Índice de Desarrollo Infantil por debajo del de los niños de los hogares más ricos (82,5% frente a 92%). A modo de ejemplo, De Armas señaló que mientras que la pobreza en niños y adolescentes afrodescendientes se redujo de 69% en 2006 a 32% en 2015, en la población infantil general el descenso fue mayor (de 50% a 18%), con lo que la brecha de inequidad en este indicador creció al doble.

La inequidad también se refleja en los porcentajes de culminación de la educación media superior, que son de 40% para el promedio de la población adolescente. Sin embargo, mientras que apenas 12% del quintil de menores ingresos culminó esa etapa, en el quintil de mayores ingresos el porcentaje llega a 70%.

El informe incluye también datos vinculados a la violencia contra los niños en el hogar. 54,6% de los niños de entre dos y 14 años sufre “algún método de disciplina violenta en su hogar”, lo que De Armas calificó como un “porcentaje preocupante”. Los niños reciben casi el doble de castigo físico que las niñas (34% contra 18,3%).

Además de las inequidades que subsisten en Uruguay en función del contexto de desarrollo del niño, hay algunos datos llamativos si se lo compara con el promedio de América Latina y el Caribe (ver tabla). En la mayoría de los indicadores, Uruguay está mejor posicionado que el promedio de la región. Sin embargo, la incidencia del sobrepeso en los niños de hasta cinco años en Uruguay es la misma que en la región (7%) y superior al promedio mundial (5%). Otros indicadores que llaman la atención son el matrimonio precoz (antes de los 18 años), que en Uruguay es de 25% mientras que en la región es de 23%, y la tasa de partos en adolescentes, en la que Uruguay presenta una cifra inferior al promedio de la región pero superior al promedio mundial.

En cuanto a la tasa neta de asistencia a la educación secundaria entre 2009 y 2014, Uruguay presenta un porcentaje inferior al promedio regional: 75% frente a 76,5%. De Armas remarcó que Uruguay “no puede avanzar en términos de desarrollo sostenible con los niveles de culminación de la educación media que tiene, que es un problema de todo el sistema educativo”. Hizo notar que en las tres últimas décadas las cifras de culminación de la educación media superior en Uruguay se han mantenido “relativamente estables”, y sostuvo que de este modo “el país enfrenta serios obstáculos para alcanzar el desarrollo sostenible”. “La inversión en infancia implica inversión en educación”, sostuvo De Armas.

Bueno y rentable

Arim destacó que “hay una evidencia absolutamente incontrastable” respecto de que la inversión en infancia “tiene una rentabilidad social significativa”, más allá del “imperativo moral” de realizarla. “El sesgo de la inversión social en Uruguay está mucho más asociado a los adultos mayores que a la infancia, aunque algo cambió en los últimos años”, señaló el economista. Recordó que de cada peso que se destina a la infancia en Uruguay, cuatro se destinan a otros grupos etarios y, en particular, a los adultos mayores. “Eso no es casualidad”, afirmó, y agregó que esto tiene que ver, entre otros factores, con “la capacidad de incidencia de algunos colectivos”.

El informe de UNICEF se titula “Una oportunidad para cada niño”, y Arim aclaró que no comparte la idea de que la equidad es “igualdad de oportunidades”, sino que muchas veces tiene que ver con “igualdad de resultados”. Consideró que debe apostarse a políticas de corte universalista, más allá de priorizar también a sectores específicos. En ese sentido, señaló que además de tener políticas dirigidas a la primera infancia, debe acompañarse a cada persona con políticas a lo largo de su ciclo de vida.

Cabella destacó que la educación femenina es una “herramienta poderosa para cortar el círculo de pobreza”, y abogó por una visión “más integradora de las distintas facetas de la pobreza”. Barbeito explicó que a los tres años 90% del cerebro de la persona está constituido y que los daños que puedan ocasionarse en ese período de la vida son muchas veces irreversibles. Reconoció que hay quienes cuestionan este concepto porque lo entienden “discriminatorio”, pero remarcó que está probado científicamente. Afirmó que “muchos problemas sociales que tenemos tienen que ver con el cableado del cerebro en los primeros años de la vida”, y que las situaciones de “adversidad profunda” (violencia sistemática, pobreza, falta de cuidado materno) generan en casos extremos un “cerebro tan chiquito y atrofiado como el de una persona con demencia terminal”. La adversidad profunda en estos primeros años genera pautas comportamentales y cognitivas complejas, y vulnerabilidades en la salud física y mental.

En un artículo denominado “La infancia primero”, elaborado por la subsecretaria de Salud Pública, Cristina Lustemberg, en base a su experiencia durante el período de gobierno pasado como responsable del programa dirigido a la primera infancia Uruguay Crece Contigo, se advierte que en la población atendida por el programa (4.000 familias con mujeres embarazadas y niños menores de cuatro años), cuatro de cada diez niños menores de dos años padecía anemia, y cuatro de cada diez presentaba algún tipo de alteración en su desarrollo.

Etiquetas