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Nacional | Miércoles 22 • Junio • 2016

Barrio Marconi. Foto: Pablo Vignali (archivo, mayo de 2016)

Mirar más lejos

Cuestionan interpretación del gobierno por hechos del Marconi y acciones que propone implementar.

El local de la Huella de Seregni estaba lleno anoche, en su mayoría de jóvenes que asistieron a la charla “Marconi: ¿qué ves cuando me ves?” que tuvo entre sus oradores a políticos, académicos, representantes de la sociedad civil y de la sociedad en general. La idea era reflexionar sobre los hechos de violencia que ocurrieron en el barrio Marconi a fines de mayo a partir de una persecución policial a dos jóvenes en la que uno fue asesinado y el otro herido con consecuencias importantes -la reconstrucción de los hechos no termina de aclararlos ni de establecer responsabilidades- y que motivó una asonada en el barrio.

Los oradores fueron Sandra Nedov, alcaldesa del Municipio D, Paula Baleato, socióloga e integrante de El Abrojo, Andrea Venosa, abogada, integrante de Casa Grande (Frente Amplio-FA), Luis Eduardo Morás, docente y doctor en sociología, Don Cony, artista del Marconi, y Rafael Paternain, docente y senador suplente por Casa Grande.

Nedov presentó a la zona como un lugar de mayor vulnerabilidad social, y relató que mediante una encuesta se supo que la gente que vive en el barrio se siente tan insegura como quienes llegan de afuera. Hizo referencia a la mesa interinstitucional que sesiona en el barrio una vez por mes para abordar las políticas territoriales y dijo que hay que ver qué planes hay que reformular. “Y sí, sin querer uno se va acostumbrando a algunas cosas, a escuchar tiros”, dijo, y afirmó que “como izquierda nos debemos plantear qué cosas no están bien” para poder revertirlas. Pidió pensar “cómo nos ven los vecinos del barrio” y opinó que existe “una gran deuda social, que es de décadas”. Afirmó que los vecinos “tienen que ser parte de los cambios que se hagan”, y que si bien existe un plan para el barrio, “tal vez podamos darle velocidad, porque los tiempos de la gente no se acompasan con los institucionales”.

Baleato comenzó diciendo: “Marconi es la excusa. Podríamos estar hablando de Cerro Norte, de Tobogán, de la Cantera del Zorro, de Santa Catalina o de cualquier otra zona de Montevideo que son la expresión más visible del confinamiento territorial y de la exclusión social que llevan más de 50 años”, y que la asonada “fue una rebelión espontánea a un montón de daños y de hostigamiento de la economía, la sociedad, la cultura, los medios de comunicación y ahora se agregad la Policía, presentada con su expresión de fuerza de choque, la Guardia Republicana”. Señaló que la fragmentación se va a profundizar mientas se siga pensando “que la integración es problema de algunos sectores de la sociedad que afecta a los que no están integrados y que la sociedad integrada no tiene mucho para hacer porque ya está dentro” y mientras se sigan diseñando políticas “que suponen que la responsabilidad de la exclusión social la tienen los individuos, entonces tenemos que ir a buscarlos y equiparlos de una ciertas competencias sociales para que vuelvan”.

La socióloga criticó que al relatar los hechos ocurridos en el Marconi, la voz principal en los medios de comunicación haya sido la del Ministerio del Interior (MI). Lamentó que el MI haya recurrido a una caracterización sociocultural para justificar el abordaje represivo que aplicó, el discurso que lleva a “identificar como sospechoso a cualquier pibe con capucha”. También juzgó que se diga que “acá hay un problema entre narcos”. Sostuvo que es necesario “otras políticas que hagan posible vivenciar la integración” y que “la convivencia no puede estar encabezada por el MI”. Por último, criticó las políticas sociales focalizadas y los anuncios del vicepresidente Raúl Sendic. “Las políticas focalizadas tienen 20 años en este país, se gestaron en los 90, fueron una respuesta a otro modelo; nosotros, como izquierda y en el curso del tercer gobierno de izquierda, no nos podemos plantear como objetivo político la coordinación interinstitucional, no nos podemos plantear como objetivo la focalización y seguir colocando en las personas el desafío de resolver -como dice un autor- biográficamente las contradicciones sistémicas”.

Venosa negó que falte presencia del Estado en el barrio Marconi, pero sí pidió que la interinstitucionalidad dialogue con las personas para que “se sientan partícipes”. Coincidió en que “el aparato represivo no resuelve el problema” y advirtió que el Consejo Nacional Consultivo de los Derechos del Niño advierte en estos días sobre el camino punitivo y el aumento de penas que se está proponiendo. Recordó que la fiscal del caso del Marconi solicitó el archivo de la causa por daños graves a un niño y porque no hay indicios de que fueran las personas que perseguía la Policía.

Morás expresó que las causas de la exclusión hay que buscarlas varias décadas atrás, al menos en 1965, cuando el informe de la CIDE hablaba de problemas de vivienda y educación. Señaló que la explicación de que “el problema es el narcotráfico” es una interpretación perversa y superficial, porque el problema de fondo es el consumo, pero también la falta de cuidado hacia uno mismo, porque de acuerdo a algunos estudios, en barrios como el Marconi el índice de suicidio de los jóvenes es cuatro veces superior al de otras zonas de Montevideo. Acusó igualmente la frase que dice “el problema es que la gente no quiere trabajar”. Expresó que en verdad “no hay suficientes oportunidades para que todos puedan estudiar y trabajar”. Citó un estudio en el que está trabajando en el que se encuestó a 550 jóvenes privados de libertad: 80% había trabajado y 46% había abandonado los estudios en primer año de liceo. Identificó como un problema el dato de la encuesta de valores que revela que “43% uruguayos piensa que los pobres son pobres porque desaprovechan las oportunidades y que son pobres por responsabilidad de ellos”, y dijo que a ello se le suma el problema de “la demanda por más mano dura”, y cuestionó el alcance de las políticas focalizadas. “Hay que pensar en modelos redistributivos, en un nuevo ciclo de políticas que ya no sean solamente políticas sociales, sino que apunten a renovar al pacto social”.

Don Cony fue breve. Expresó que en el Marconi “hay mucha gente que lucha para salir adelante” y recordó que hay quienes viven sin agua potable ni luz eléctrica y en casas de chapa. Al revés de lo que pensaba Morás -que opinó que estaba bien que la charla no hubiera tenido lugar en el Marconi, por aquello de que el problema es de todos y no sólo del barrio- Cony expresó que debería haberse hecho en el barrio, para que los pobladores pudieran expresarse.

Paternain mencionó una encuesta de violencia policial en Montevideo sobre adolescentes y jóvenes (realizada por el Servicio de Paz y Justicia, el Instituto de Estudios Legales y Sociales del Uruguay, las facultades de Ciencias Sociales y de Ciencias Económicas) “que demuestra que la Policía, con una práctica muy arraigada, realiza controles sobre los jóvenes y los adolescentes por el mero control, que realiza detenciones indiscriminadas, y que opera con un criterio de selectividad territorial, sociocultural y socioeconómica muy marcado. Los mayores niveles de violencia policial sobre adolescentes y jóvenes casualmente se dan en estos territorios sobre los que estamos hablando, y los niveles de violencia varían desde la violencia física, desde el hostigamiento, la amenaza, la violencia vebal, las detenciones en un marco cotidiano de ilegalidad”. Indicó que hechos como los del Marconi no son “una casualidad, sino que están anclados en prácticas institucionales, en lógicas de relacionamiento que vienen de muy lejos y que nos deben hacer replantear los modelos de gestión en las políticas de seguridad”. Pidió políticas de desarme y criticó “argumentos que agudizan determinadas zonas como lugares de riesgo, como lugares de incremento de la violencia del delito, de localización del narcotráfico, y luego justificamos determinado tipo de políticas que contribuyen a generar estos hechos trágicos”. Pidió colocar en el centro de la agenda la cuestión social y descartar la centralidad que ocupa la seguridad. Sostuvo que es necesario “no seguir interpretando el delito y de la violencia bajo la lógica del delito, del sistema penal o de la acción policial” y cuestionó “este modelo de gestión policial reactivo, represivo”.

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