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Cultura | Lunes 27 • Junio • 2016

Corto Maltés. Bajo el sol de medianoche, de Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero. Norma Editorial, 2016. 80 páginas.

Por el camino seguro

Al igual que el mundo de la literatura, el del cómic está repleto de mitos e íconos que trascienden la tinta y el papel; buena prueba de ello es la polémica que acompañó la edición de Bajo el sol de medianoche, que marca el retorno del personaje Corto Maltés. Este marinero, pirata y aventurero apareció por primera vez en Italia, en 1967, en la historieta La balada del mar salado, escrita y dibujada por Hugo Pratt (1927-1995). Luego vinieron más de 20 entregas de la serie, hasta Mu, de 1988. Para hacerse una idea del impacto y prestigio de la obra, basta saber que hay por lo menos dos estatuas de su protagonista, en Suiza y Francia, cuatro o cinco calles europeas con su nombre, sellos conmemorativos, películas de animación e incluso, en el universo ficticio de la DC Comics donde viven Batman y Superman, una isla llamada Corto Maltese (a la cual se ha aludido también en la serie de televisión Arrow).

Tras el fallecimiento de Pratt y hasta hace un par de años, nadie se había animado a meterse con su criatura, no sólo por su calidad particular sino también porque en Europa el cómic suele ser identificado con su autor mucho más que en Estados Unidos (donde hace décadas los personajes sobreviven a sus creadores), y porque, en este caso, esa identificación fue aun mayor, ya que Corto Maltés tiene mucho en común con Hugo Pratt en el terreno biográfico. Pero estaba visto que tarde o temprano le iba a tocar, al igual que les tocó antes a otros íconos de la historieta europea como Astérix, el Teniente Blueberry o Blake & Mortimer.

Tal vez por eso este nuevo libro, nacido por iniciativa de los herederos de Pratt, busca más recorrer un terreno seguro que inventar y añadir elementos nuevos. La historia se ambienta en Alaska y más al norte aun en 1915, durante un hueco de la biografía del personaje narrada en los libros de Pratt (que va de 1887 a 1936). La idea de cómo ubicar la aventura en ese hueco surgió entre los titulares y el guionista y dibujante español Juan Díaz Canales, escritor de la exitosa y premiada serie de historietas Blacksad, que en este caso se ocupa del guion.

El disparador de la aventura es una carta que Jack London le envía a una ex prostituta, transformada en luchadora contra el tráfico y la explotación sexual de mujeres, por intermedio de Corto. Aparecen personajes creados por Pratt y guiños a su mundo, aunque dispuestos de tal modo que un lector casual no quedará por fuera si no los conoce. Tal vez el más antojadizo de esos guiños sea la participación de Rasputín, eterno amigo, socio y también rival de Corto, que parece justificarse sólo en la intención de empezar la historia con cierto aire de familiaridad para los lectores del original.

Corto Maltés es una marca registrada, como muchos otros personajes famosos, y por lo tanto obedece a patrones gráficos muy definidos. El dibujante Rubén Pellejero, uno de los artistas más importantes del cómic español de las últimas décadas (y que por su estilo era uno de los candidatos ideales para este proyecto), se adapta al modelo de Pratt en forma muy respetuosa, no sólo por el modo en que traza las líneas y usa las pinceladas, sino también en el ritmo narrativo, que desarrolla mediante una cuadrícula de 12 viñetas por página.

El único aspecto en el que Bajo el sol de medianoche cambia las reglas previas es el de la extensión. Sus 80 páginas son apenas un tercio o la mitad de lo habitual para las publicaciones de Pratt, que en parte eran tan extensas porque aparecían primero en revistas y luego eran reeditadas en libros. En este caso, se usa el formato estándar para un álbum de historietas europeo que aspira a ser reeditado en muchos países. El resultado funciona bien como una continuación de la obra de Pratt, aunque no agrega nada nuevo al mito ni apuesta a reinventarlo. En parte por esta razón, muchos lectores, críticos e historietistas ven en este libro un mero emprendimiento comercial (de todos modos, lo comercial también era importante para Pratt, que fundó la empresa Congo para manejar los derechos de su obra). Obviamente, la idea no era precisamente innovar, y el camino elegido por herederos y autores llevó a que este libro haya vendido 250.000 ejemplares solamente en Francia. Ya se habla de una continuación.

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