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Internacional | Martes 26 • Julio • 2016

Convención Nacional Demócrata, ayer, en Filadelfia, Pensilvania. Foto: Nicholas Kamm, Afp

Con el pie izquierdo

La Convención Nacional Demócrata empezó en medio de un escándalo que dividió al partido.

Los demócratas empezaron ayer en Filadelfia, Pensilvania, la convención de cuatro días que nominará oficialmente a Hillary Clinton como su candidata a la presidencia de Estados Unidos. Uno de los objetivos del encuentro será unir a un partido dividido entre quienes apoyan a la ex secretaria de Estado y a su candidato a vicepresidente, Tim Kaine, y el ala más progresista -que apoyó la candidatura de Bernie Sanders- que rechaza la fórmula por considerarla moderada y cercana al establishment político.

El desafío principal de los líderes demócratas durante la convención, que se desarrolla en el centro Wells Fargo de Filadelfia, será el de unir a un partido que en las últimas horas sólo recibió malas noticias. En el fondo, el mensaje de la cúpula demócrata es que, pase lo que pase, sólo si están unidos podrán derrotar al candidato republicano, Donald Trump.

Hace poco más de un mes, los demócratas pusieron fin a unas elecciones primarias reñidas o, al menos, más difíciles de lo que Clinton había imaginado: cuando todos daban por segura su nominación a la Casa Blanca, Sanders irrumpió con su “revolución política” y conquistó a 13 millones de estadounidenses. El senador de Vermont resistió y siguió en carrera hasta el último momento para poder incluir algunas de sus propuestas en el plan de gobierno de Clinton. En parte, lo logró. Pero los seguidores de Sanders, que en su mayoría son jóvenes que se ubican a la izquierda de Clinton, no confían en una candidata financiada por los grandes grupos económicos a la que ven -por haber sido jefa de la diplomacia estadounidense, primera dama y senadora- como una digna hija del establishment político.

La última esperanza de los sanderistas y de quienes integran el sector más progresista del Partido Demócrata era la elección del candidato a vicepresidente, que podía equilibrar la fórmula al incluir a dirigentes como Elizabeth Warren o Cory Booker. Sin embargo, la esperanza se desvaneció cuando el viernes Clinton eligió a Kaine, un abogado católico y centrista. El descontento se intensificó unas horas después, cuando Wikileaks publicó cerca de 20.000 correos electrónicos del Comité Nacional Demócrata que revelan cómo altos funcionarios del partido debatieron estrategias para debilitar la campaña de Sanders y favorecer a Clinton durante las primarias. La primera consecuencia fue la renuncia de la presidenta del comité, Debbie Wasserman Schultz, quien primero renunció a presidir la convención de Filadelfia y luego anunció que dejará definitivamente el cargo una vez que termine el encuentro.

Un rato antes, Sanders había exigido su dimisión. “No estoy impactado, pero estoy decepcionado”, dijo el senador el domingo en una entrevista con el canal ABC. “Creo que [Wasserman Schultz] debería renunciar. Punto. Necesitamos una nueva presidenta que nos lleve por una dirección muy diferente”, agregó.

Clinton se limitó a agradecer a la dirigente demócrata por “su arduo trabajo y liderazgo”. Su equipo de campaña, en tanto, responsabilizó a Rusia por la filtración de los documentos. “Es alarmante que algunos expertos nos estén diciendo ahora que esto fue cometido por los rusos con el propósito de ayudar a Donald Trump”, dijo el domingo a ABC el jefe de campaña de Clinton, Robby Mook.

Trump, mediante su vocero Paul Manafort, sostuvo que Wasserman Schultz “renunció por su fracaso en proteger los servidores de correo electrónico del comité y el sistema manipulado que creó con la campaña de Clinton”. Manafort aprovechó para comparar el incidente con el escándalo de los correos privados que envió Clinton cuando era secretaria de Estado y por el cual tuvo que enfrentarse a la Justicia: “Ahora Hillary Clinton debería seguir el ejemplo de Wasserman Schultz y dejar la campaña por su falta de protección a la información clasificada en su servidor personal no autorizado”.

Mientras tanto, en Filadelfia, se preparaba el terreno para la apertura del encuentro demócrata.

The show must go on

Los objetivos formales de los demócratas, en esta convención, tienen que ver con elegir a Clinton como su candidata oficial a la Casa Blanca y definir el programa electoral que regirá al partido durante los próximos cuatro años, un plan que visiblemente cedió a las presiones de Sanders.

En noviembre, Clinton representará a un partido más progresista de lo que era antes de la irrupción del fenómeno Sanders. Y lo hará con un programa que incluye medidas como el aumento del salario mínimo a 15 dólares la hora, la abolición de la pena de muerte, los límites al poder de Wall Street, la universidad gratuita para las clases medias y la licencia por maternidad o paternidad por 12 semanas, consignas con las que se identificó la campaña del senador de Vermont.

Aunque Clinton no tiene que convencer a nadie, porque ya alcanzó a los 2.383 delegados necesarios para ganar la candidatura, el voto en la convención tiene una importancia simbólica: pondrá a prueba la unidad del partido y evaluará la fidelidad a Sanders, que no tiene intenciones de abandonar su “revolución”. Los delegados que respaldan al senador trataron el sábado de erradicar a los “superdelegados”, esos delegados demócratas no electos en las primarias que pueden inclinar la nominación y que, en este caso, se alinearon a favor de Clinton. La propuesta fue debatida en el comité de reglas de la convención y fracasó con 108 votos en contra y 58 a favor. Los delegados serán los encargados de designar hoy a Clinton como la candidata presidencial del Partido Demócrata, y ella aceptará formalmente la nominación el jueves, en el cierre de la convención.

El discurso de Sanders fue fijado para la primera jornada del encuentro, una jugada estratégica del partido en su intento por calmar las aguas. El equipo de campaña del senador había adelantado en un comunicado que su discurso de anoche se centraría en “dejar claro” que Clinton es “muy superior” a Trump “en todos los principales asuntos, desde la economía y la salud a la educación y el medioambiente”. La participación de Sanders en la convención tenía como fin, además, recordar que la propuesta de Clinton también “incluye acuerdos que él mismo alcanzó” con ella, agregaba el comunicado. Otra de los oradores de anoche era la senadora Warren, una participación que, junto a la de Sanders, era necesaria para conquistar a los votantes más progresistas, que rechazan a la candidata ganadora de las elecciones primarias.

El otro discurso esperado de anoche era el de la primera dama, Michelle Obama. Los organizadores de la convención habían informado que su discurso se iba a centrar en el debate sobre cómo construir una economía que funcione para la mayoría de la población y no sólo para el 1% que concentra la riqueza del país, otra de las consignas que abrazó Sanders en los últimos meses. Ayer también hablaría un grupo de madres de jóvenes negros que murieron a manos de policías.

Cientos de personas se concentraron en los alrededores de la convención demócrata para protestar pacíficamente, rodeadas por un dispositivo de seguridad mucho menor que el que custodió el encuentro republicano de la semana pasada. La mayoría de los manifestantes, según informó el diario estadounidense The Washington Post, eran jóvenes de izquierda que respaldaban a Sanders y cuestionaban a Clinton. Además, abogaban por un mayor control de las armas en el país y rechazaban las políticas de Trump contra los inmigrantes, así como la violencia policial contra las minorías. Responsables de la Policía de Filadelfia dijeron a The Washington Post que estaban “contentos” porque las manifestaciones fueron “pacíficas”, y explicaron que su mayor preocupación fue el calor que se sintió ayer en la ciudad, con temperaturas cercanas a los 37 grados.

El escenario del Wells Fargo recibirá hoy al ex presidente y esposo de la candidata, Bill Clinton. Mañana será el turno del actual presidente estadounidense, Barack Obama, y del vicepresidente, Joseph Biden.

Parejos

Dos encuestas elaboradas durante el fin de semana y publicadas ayer muestran un avance de Donald Trump sobre Hillary Clinton en la intención de voto de los estadounidenses, cuando falta un poco más de cuatro meses para que acudan a las urnas. En el primer sondeo, divulgado por la cadena CNN, Trump obtuvo 48% de las preferencias frente al 45% que alcanzó Clinton, un ascenso del empresario que se registró horas después de que terminara la convención republicana. Este estudio también refleja una mejora en la imagen de Trump y una pérdida de confianza en Clinton, ya que 43% de los consultados consideró que el candidato republicano es honesto y confiable, mientras que sólo 30% manifestó lo mismo acerca de la demócrata. La otra encuesta, publicada por la cadena CBS, muestra a los dos candidatos empatados en 42% de la intención de voto. En este sondeo, 38% de los votantes definieron a Trump como “honesto y merecedor de confianza”, mientras que 29% dijo lo mismo sobre Clinton. Los dos estudios fueron realizados después de la convención republicana, que históricamente impulsa un poco al candidato de ese partido, y cuando la popularidad de Clinton -que ya venía en caída- tuvo un duro golpe al filtrarse los correos electrónicos del Comité Nacional Demócrata que revelaban las estrategias de los líderes para aplastar la carrera de Sanders y favorecer a la ex secretaria de Estado en las elecciones primarias. Según el promedio de encuestas nacionales que elabora *Real Clear Politics*, Trump tiene actualmente dos puntos de ventaja sobre Clinton en intención de voto. Días atrás, la candidata demócrata lideraba la carrera con 1,4% más de apoyo que el empresario.

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