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Internacional | Miércoles 27 • Julio • 2016

Monumento de la República, en París, con ofrendas en homenaje al sacerdote asesinado en la ciudad de Saint-Étienne-du-Rouvray. Foto: Geoffroy Van Der Hasselt, Afp

En alerta

Sucesivos ataques en Europa reavivan el debate sobre la inmigración.

Dos hombres mataron ayer a un sacerdote en una iglesia de Normandía, en Francia, en un acto que fue reivindicado por el grupo jihadista Estado Islámico (EI). La alarma se activó enseguida en la región, al tratarse del sexto ataque en Europa en menos de dos semanas. En la mayoría de los casos, los atacantes eran extranjeros que habían llegado como refugiados, y esto reavivó las críticas de varios sectores que reclaman medidas más duras para limitar la entrada de inmigrantes.

Francia volvió a sufrir un ataque terrorista, en pleno estado de excepción. Ayer, dos hombres armados tomaron como rehenes a cinco personas en una iglesia de Saint-Étienne-du-Rouvray, en Normandía, y degollaron al sacerdote, Jacques Hamel. Una hora después, las fuerzas de seguridad mataron a los atacantes y liberaron a los rehenes, uno de cuales había sufrido heridas graves, según informó el portavoz del Ministerio del Interior francés, Pierre-Henry Brandet. Los testigos aseguraron que los hombres gritaron en árabe “Alá es el más grande” antes de que llegara la Policía.

Desde la ciudad normanda, el presidente francés, François Hollande, confirmó que los responsables del “cobarde asesinato” eran “terroristas que reivindicaron pertenecer a Estado Islámico”. La agencia de noticias Amaq, vinculada al grupo jihadista, ratificó la información unas horas después. Hollande recordó que la amenaza “sigue siendo muy elevada”, porque Francia se enfrenta a una organización que le declaró una “guerra que hay que librar por todos los medios, pero respetando las leyes”, porque “eso es lo que hace” un país “democrático”.

Se supo que uno de los atacantes, de nombre Adel Kermiche, ya había sido fichado por la Policía y que fue arrestado después de que en Turquía se detectara que intentaba viajar a Siria para unirse a las filas de EI, informó una fuente judicial a la radio France Info. El hombre estaba bajo prisión domiciliaria desde marzo y, aunque llevaba una pulsera electrónica, tenía permiso para salir de su casa entre las 8.30 y las 12.30. El ataque a la iglesia comenzó cerca de las 10.00.

Este es el último de una serie de atentados cometidos en Europa, entre ellos la masacre en Niza -en la que murieron 84 personas, hace tan sólo 13 días- y cuatro incidentes en Alemania. La mayoría de ellos fueron cometidos por personas originarias de países no europeos.

En las últimas horas se confirmó que el atacante de Niza, un tunecino identificado como Mohamed Lahouaiej Bouhlel, había estado planeando el atentado durante meses, con la ayuda de al menos cinco cómplices -una pareja albanesa, un tunecino y dos hombres tunecino-franceses- que ya fueron detenidos, aseguró ayer el fiscal de París, François Molins. Aunque EI reivindicó este ataque, las autoridades todavía no encontraron conexiones entre Bouhlel y el grupo jihadista.

El ataque en Normandía reavivó las críticas de la oposición francesa. El líder del partido de derecha Los Republicanos, Nicolas Sarkozy, reclamó ayer un “cambio profundo” en la acción antiterrorista y dijo que hace falta una lucha “implacable” contra un enemigo que “no tiene tabúes, límites, moral ni fronteras”. En una declaración que hizo desde la sede del partido, Sarkozy pidió al gobierno que aplique “todas las propuestas” que presentó en los últimos meses y que lo haga “sin demora”, porque los franceses “ya no pueden seguir perdiendo tiempo”. Las propuestas que ha presentado Sarkozy con relación a este tema incluyen expulsar del país de manera “urgente” a los extranjeros sospechosos de terrorismo y aplicar pulseras electrónicas a los franceses sobre los que recaigan las mismas sospechas, restringir sus movimientos o bien internarlos en “centros de retención”.

Por su parte, la presidenta del ultraderechista Frente Nacional, Marine Le Pen, condenó en Twitter el “horrible” ataque en la iglesia normanda y denunció la “responsabilidad inmensa” de quienes han gobernado Francia en las últimas tres décadas por su “inacción”.

La respuesta de Hollande a los últimos ataques consistió en intensificar los ataques contra EI en Irak y Siria. El viernes había anunciado que enviaría refuerzos militares para la coalición internacional que combate allí, que destinaría equipos de artillería para que el Ejército iraquí los pueda utilizar en agosto, y que, a finales de setiembre, volverá a enviar a la región su portaaviones Charles de Gaulle para aumentar la capacidad de ataque de sus cazas.

De corrido

En Alemania, que fue escenario de cuatro ataques en tan sólo seis días, la oposición sigue cuestionando la política migratoria de la canciller Angela Merkel. El primero de los ataques en Alemania tuvo lugar el lunes 18, cuando un afgano atacó con un hacha a un grupo de pasajeros en un tren en la ciudad de Wurzburgo, en el estado de Baviera. La Policía mató al joven, que había entrado al país como refugiado, después de que hiriera a varias personas. Un rato después, EI aseguró que el afgano era uno de sus combatientes.

Cuatro días después, un alemán de origen iraní mató a tiros a nueve personas e hirió a 35 en un centro comercial de Múnich. El atacante, que no tenía antecedentes penales, se suicidó minutos después de que llegara la Policía al lugar. Según las autoridades alemanas, el hombre actuó solo en un ataque que preparó durante un año. La investigación reveló que estuvo un tiempo bajo tratamiento psiquiátrico, no tenía vínculos con el terrorismo y compró el arma en internet, un hecho que abrió otro debate en el país: el del control de las armas.

Tampoco fue un ataque jihadista el que ocurrió dos días después, cuando un sirio de 21 años mató con un machete a una mujer embarazada a la que conocía e hirió a otras dos personas en la ciudad de Reutlingen. Pero el atacante llegó a Alemania como solicitante de asilo, y este dato se sumó para avivar la discusión sobre la inmigración.

Pocas horas después, en Ansbach, una ciudad de Baviera, un hombre detonó una bomba que llevaba consigo e hirió a 15 personas. La Policía encontró en su celular un video en el que el atacante juraba lealtad a EI, informó el ministro del Interior de Baviera, Joachim Herrmann. Informó además que el atacante, proveniente de Siria, había llegado a Alemania hace dos años, también como solicitante de asilo.

El ministro del Interior alemán, Thomas de Maizière, dijo ayer que no se harán cambios en las reglas de asilo hasta que concluyan las investigaciones sobre los incidentes. Pero los ataques no hicieron más que reforzar las posturas de algunos sectores que condenan la manera en que la canciller alemana gestionó la crisis de los refugiados. El lunes, el partido ultranacionalista y xenófobo Alternativa para Alemania dijo que la política del gobierno es el “mayor peligro” que tuvo el país desde el fin de la Guerra Fría. “Día tras día llegan a nuestro país a través de las fronteras abiertas personas que, a causa de su origen cultural, representan inevitablemente un enorme potencial conflictivo para nuestra sociedad”, dice esa organización política en un comunicado.

El gobierno de Baviera, en tanto, exigió a Merkel endurecer la política de asilo porque “el terrorismo islamista llegó a Alemania” y “los políticos están obligados a responder de forma valiente ante el miedo de los ciudadanos”.

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