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Nacional | Lunes 04 • Julio • 2016

Omar de la Torre, secretario general de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social, el viernes, en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Foto: Santiago Mazzarovich

Las dos caras de la moneda

Según experto en seguridad social, el sistema mixto permitirá sortear el avance de nuevas tecnologías.

La pirámide poblacional cambió, pero ese no es el único desafío que enfrenta el equilibrio de la seguridad social en Uruguay. La expansión de internet, el avenimiento de las redes sociales y la llegada de Uber y otras aplicaciones como Airbnb también movieron las bases de una estructura laboral que se caracterizaba por su rigidez. En opinión del experto en el tema Omar de la Torre, se posicionan como el principal reto de los mercados laborales en el corto plazo.

De la Torre, abogado de profesión, es el secretario general de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social, un organismo internacional integrado por 70 instituciones de 36 países de América y el Caribe, del que el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social es miembro titular. El viernes, durante su visita a Uruguay, dio una conferencia sobre las tendencias y desafíos de la seguridad social, después de la cual conversó con la diaria.

Para el abogado, las nuevas tecnologías ponen sobre la mesa el debate de “cómo concebimos los modelos de formalidad o informalidad”. “El mundo se está moviendo hacia un lugar donde el ser humano desea moldear su vida con independencia y libertad, por ejemplo, trabajando desde casa y marcando sus propios tiempos, generando recursos y dinero. Eso no se puede condenar”, opinó.

La manera de incorporar estos cambios en el estilo de vida y de trabajo es “flexibilizando el sistema de seguridad social”. En este aspecto, Uruguay, con su sistema de contribución mixto, “uno de los más articulados”, cuenta, según él, con “una gran ventaja”.

“En América Latina hay sistemas estatistas, y después está Estados Unidos, donde [la seguridad social] es muy individualista. Yo creo que podemos llegar a composiciones muy importantes, pero dejando atrás el esquema laboral formal” tal como lo hemos concebido hasta ahora, dijo.

De todas maneras, consideró, tampoco hay margen para hacer algo distinto. “La tecnología está yendo rapidísimo y los nuevos modelos de trabajo son una realidad que no podemos obviar. Los jóvenes que trabajan desde su casa están generando capacidades y recursos, entonces es tiempo de cuestionarnos algunas cosas”, observó.

Consultado sobre las nuevas aplicaciones que han llegado a servicios convencionales, como el de transporte e inmobiliario, De la Torre dijo: “Más allá de la regulación -que es otro capítulo-, en lo que tiene que ver con la seguridad social, los Uber y los Airbnb han demostrado que no están creándole sombra al servicio, sino ampliándolo”.

El punto clave en la flexibilización de los sistemas de seguridad social será poder transmitirles a los jóvenes “la cultura de lo que significa ser un trabajador con una protección”. “Hoy todavía hay una generación que entiende lo que significa haber trabajado con una corporación y que esta dé los elementos para tener acceso a servicios de salud y otra serie de beneficios, pero a los más jóvenes ya ni les entra eso en la comprensión”, consideró. Cree que para acercar estas dos perspectivas es necesario “dotar a las nuevas generaciones de muchísima información, y con mucha urgencia”.

“Aquí en Uruguay hay algunos elementos que en otros países no tenemos: esas cajas de aporte privado con público, que dan la fórmula para que cada uno aporte de acuerdo al tipo de retiro que quiere construir para su futuro”, destacó.

20 años no es nada

“Cambio demográfico y desafíos económicos y sociales en el Uruguay del siglo XXI” se llama el estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y el Banco Mundial que indica que en 2035 la cantidad de adultos mayores en la sociedad uruguaya igualaría a la de los niños. En adelante, el número de los primeros superaría al de estos últimos.

Pero aunque a largo plazo el envejecimiento de la población significa una tensión en el equilibrio de la seguridad social, para De la Torre el alargamiento de la vida no tiene por qué implicar inactividad. “Hay ancianos que se quieren retirar y otros que quieren aplazar su retiro. A lo mejor, un adulto de 70 años puede llegar totalmente sano a la edad de retiro, y no necesariamente cumpla la obligación de retirarse”, afirmó.

Para el experto, la solución pasa por “dar respuesta desde el punto de vista de principios, y no sólo desde el punto de vista económico”. Así, el primer paso para hacer cambios en el modelo de seguridad social debería ser que la propia sociedad discuta sobre “qué se quiere del anciano”, además de darle la opción individual a cada uno de enfrentar la vejez como mejor le parezca. “Los gastos se van a generar igual, pero tener un programa de desarrollo de nuevas habilidades y capacidades en esta nueva etapa de su vida puede hacer la diferencia”, dijo.

Volver a formarse podría “renovar” al adulto mayor, y, en este sentido, las “nuevas tecnologías” pueden ser un estímulo, así como la formación en procesos de gestión. Todo esto, claro, debe hacerse incorporando algún “premio” para el que tiene la voluntad de continuar trabajando.

Para De la Torre, la evolución del sistema de seguridad social no debería pasar “simplemente” por cambiar algunas variables. Consultado acerca de los beneficios de aumentar la edad jubilatoria, respondió que la jubilación debería ser “lo más flexible” posible; en vez de que haya “una edad puntual y estricta” para jubilarse, habría que considerar la posibilidad de aplicar una franja jubilatoria. También descartó que las nuevas tecnologías sean “una amenaza” y propuso, en cambio, considerarlas “parte de la solución”.

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