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Ahora / Cultura | Viernes 08 • Julio • 2016

Francisco Fattoruso. Foto: Pablo Vignali

Lo que se hereda

Con Francisco Fattoruso, antes de la presentación de su nuevo disco.

Lleva la música en la sangre, en grados tan extremos que es muy probable que su carné de salud muestre determinado nivel de colesterol en la música. De todos modos, ya hace diez años que Francisco Fattoruso -hijo de Hugo- tiene una carrera solista y ejerce como productor artístico de varias bandas, entre ellas, por ejemplo, Cuatro Pesos de Propina. El miércoles 13 de julio en La Trastienda realizará la presentación de su flamante Khronos, su cuarto trabajo como solista (después de su debut homónimo en 2005, The House of the Groove en 2007 y Music Adventure en 2013, pero su producción grabada incluye muchos más, como integrante de grupos o acompañante). Es un disco con temas largos y espíritu libre que fue grabado en vivo y con público.

Más allá de que en Khronos hay una mezcla de géneros, el disco tiene una inconfundible llevada jazzera.

-Es más jazzero, pero nunca digo que estoy haciendo jazz, porque es una palabra muy amplia que diferentes personas interpretan de distintas maneras. Incluso hay puristas, que generalmente no son músicos, que identifican al jazz como lo que se hizo sólo en determinado período. Pero mis grandes influencias, como John Coltrane, Herbie Hancock, Charlie Parker y Chick Corea, empezaron haciendo una cosa y terminaron rompiendo completamente con el concepto del purismo. Para esos músicos, jazz es una palabra que tiene que ver con sentimientos, más que con un ritmo. Entonces, en este disco buscamos una esencia más en vivo, como en el jazz, que por momentos es libre pero en el que hay cosas que están marcadas.

Da la impresión de que estuvieran zapando; todo lo contrario al sonido mainstream actual, que es homogéneo y está toqueteado por computadora.

-Hoy en día, lentamente, se está abandonando eso de apoyarse únicamente en la tecnología, y se está volviendo a hacer las cosas de forma un poco más orgánica. Se empezaron a vender de vuelta las cintas para grabar en los estudios, y muchas producciones ya no suenan distorsionadas, aunque sean pop, porque hace muchos años estaba todo muy sobreprocesado, con Auto-Tune [marca comercial de un programa procesador de audio creado para corregir las desafinaciones de voces e instrumentos, que también se emplea, a valores extremos, para producir un efecto de distorisón] y muy exagerado. En este caso, se hizo como si fuera vintage: grabamos en computadora, pero ensayamos mucho y la música estaba recién compuesta, sin darle miles de vueltas en la computadora para ver cómo quedaba mejor.

Algunos temas me hicieron acordar a Opa. ¿Hay influencia de la música familiar?

-Hay mucha influencia de Opa, ya desde el lado de que es funk mezclado con jazz y ritmos folclóricos. Yo me crié con eso, pero la diferencia es que me crié más con el rock; entonces, agrego elementos rockeros. No tanto en este disco, pero en general sí.

El último tema, “Light Hacker”, es rockero.

-Sí, ese es el tema pesado del disco. Pero el piano eléctrico es como lo principal de Opa, y es un concepto que heredé, entre otras cosas, de ahí.

Naciste en Estados Unidos y viviste fuera de Uruguay durante muchos años. ¿Creés que eso marcó tu música? Porque al escucharla uno no diría que es uruguaya en términos tradicionales.

-Sí, quedé completamente influenciado. Hice gran parte de mi carrera en Argentina, por ejemplo, y tengo influencias de ahí, pero también de Brasil y de Estados Unidos. Cuando vivís mucho en otro lugar, empezás a agarrar como son los músicos y el lenguaje que se usa. Cada lugar tiene un fuerte. Por ejemplo, en Uruguay lo que más hay son guitarristas; y en Atlanta, bateristas.

En Estados Unidos tuviste contacto con el gospel en las iglesias, que es una raíz importante de la música negra.

-Se sentía una conexión directa, como acá cuando vas al Barrio Sur y escuchás una cuerda de tambores, que vendría a ser lo más puro del candombe. Allá los veía tocar el órgano en las iglesias, cómo cantaban y el ritmo que tenían, y me sentía muy agradecido de estar expuesto a eso. Aprendí mucho.

¿Sufriste algún prejuicio por ser “hijo de”?

-Sí, muchas cosas que al final terminan siendo irrelevantes. Creo que inconscientemente la gente hace una comparación, sin pensarlo, y te juzga diferente de como te hubiera juzgado si no supiera nada de vos y opinara sólo por si le parece que tenés talento, o por cómo está lo que hacés. Pero el resultado termina siendo el mismo. Cuando uno demuestra lo que hace, va para adelante y funciona, la gente lo termina reconociendo de la misma manera.

¿Siempre te gustó tocar el bajo?

-En realidad, me gustaba más la guitarra. Tocaba los dos instrumentos y estudié bastante ambos, hasta que llegó un momento en el que me di cuenta de que con el bajo tenía una conexión diferente, y me incliné hacia él. Y sigo estudiando para crecer técnica y musicalmente.

Hay un cliché de que el bajista es el que no pudo tocar la guitarra.

-Lo de Paul McCartney fue así. En una época pasaba eso, pero ya hace años que no. El bajo tenía un protagonismo menor, pero hoy en día hay muchas personas que ya saben desde muy chicas que quieren tocar el bajo. Antes era algo medio aburrido que nadie quería hacer.

También trabajás como productor. Es un rol que antes no abundaba en la música uruguaya, y en la actualidad hay muchos músicos que producen. Pero ser buen músico no necesariamente significa ser buen productor.

-Sucedieron dos cosas. La primera fue que las bandas empezaron a notar la necesidad de trabajar con alguien externo. Eso acá no se había hecho mucho. Uno de los productores más importantes es Jaime Roos, pero principalmente producía su propia música.

No le quedó mal...

-No, es un gran productor que nos enseñó a todos. No hay nadie de Uruguay que sea bueno produciendo y no tenga una influencia de algo que diseñó Jaime Roos, porque él marcó las pautas por primera vez acá. Pero el concepto se empezó a adoptar primero con productores extranjeros, como cuando [Gustavo] Santaolalla empezó trabajar con bandas de acá. Enseguida se empezó a ver la necesidad, y hoy en día es súper normal. Lo otro que sucede es que muchas bandas quieren un productor sí o sí, y llaman a cualquier músico para que produzca un disco. Algunos son buenos haciéndolo, y hay otros que quizá no lo tendrían que hacer. Hoy no hay ningún disco que no sea producido por alguien, pero hay cosas para las que es necesario tener un productor y otras para las que tal vez no. Porque si el productor es bueno, va a hacer brillar tu música, pero si designás a alguien sólo porque pensás que hay que hacerlo, se genera un área gris donde se puede dañar lo que ya está producido. Porque todos los músicos, cuando generan un concepto, ya se están produciendo.

¿Sos tan fanático de The Beatles como tu padre?

-En realidad, los descubrí solo. Él [Hugo Fattoruso] me dejó saber que era fan de ellos, pero nunca me pasó data, excepto las canciones que me enseñó y que siempre lo vi tocar. Pero fue algo que yo generé. Y cuantos más años pasan, más influencia voy agarrando de diferentes cosas de ellos. En una época eran las líneas de bajo, en otra cómo sonaban las voces, las armonías, etcétera. A medida que fui creciendo, fui descubriendo cosas diferentes, y hoy en día tengo una noción bastante amplia de qué usaron para grabar, dónde lo grabaron y quiénes fueron los ingenieros. Pero no soy como la gente que sabe más, que constantemente compra los libros que cuentan todas las historias. The Beatles son de lo más importante de la música moderna, una enciclopedia para cualquier músico. Fue, justamente, uno de los primeros grupos en decir que tenía un productor. “Producido por”, eso no existía antes. El concepto de tomar las canciones y transformarlas para que fueran pegadizas, sin sacrificar la música, se inventó ahí.

¿Podés escuchar “Rompan todo”, de Los Shakers, sin problemas? ¿O te tiene medio podrido?

-La puedo escuchar. Me encanta. Creo que soy objetivo, no porque sea familia, simplemente porque no puedo creer que las grabaciones de Los Shakers suenen tan bien. Es muy viejo y está muy bien. Mi familia rockeaba cuando faltaba mucho para que yo naciera. Es lo mismo que me pasa con Opa, que me emociona porque lo hizo mi familia, pero también por la música en sí. Así como cuando escucho a Tótem, no puedo creer cómo suena y cómo tocaban.

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