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Dínamo | Lunes 15 • Agosto • 2016

Ramiro Alonso

Activos y autogestión en los gobiernos del Frente Amplio

Para quienes valoran los cambios que se han producido durante los gobiernos del Frente Amplio (FA), pero creen que pudo haberse hecho más, surge hoy la siguiente pregunta: ¿qué puede esperarse de los años que le quedan al actual gobierno? ¿Qué expectativas podemos tener de que se implementen políticas que no se implementaron durante los años recientes de bonanza económica? Esta duda surge no solamente porque hay muchos menos recursos fiscales para aplicar políticas que requieren recursos, sino además porque los costos políticos de casi cualquier medida crecen en un contexto recesivo. Simplemente, el gobierno tiene menos espalda para implementar cambios, aun cuando estos no comprometan recursos públicos.

Cuando digo que pudo haberse hecho más, me refiero a medidas de tipo redistributivo. Que no se malentienda. El gobierno implementó varias medidas que favorecieron una distribución más equitativa de los ingresos: la reforma tributaria, el Plan de Emergencia, las Asignaciones Familiares, el Plan de Equidad, la reforma de la salud y la reinstauración de los Consejos de Salarios. Incluso las medidas de ajuste que se están discutiendo actualmente, con sus propuestas de cambios en el Impuesto al Valor Agregado, el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas y el Impuesto a las Rentas de las Actividades Económicas, tendrían un efecto redistributivo positivo sobre los ingresos.

Sin embargo, llama la atención lo poco que se avanzó en mejorar la distribución de los recursos con los que cuentan las personas para obtener ingresos. Lo que los economistas llaman, genéricamente, “activos”. Un activo sería cualquier cosa que posea una persona que pueda darle un uso productivo (directa o indirectamente) y así obtener un ingreso: el capital físico y la tierra, el capital financiero y, también, los conocimientos y las calificaciones. Las medidas de redistribución del ingreso, como las aplicadas por los gobiernos del FA, tienen efectos de una sola vez y son más fácilmente reversibles, mientras que una mejor redistribución de los activos tendría efectos dinámicos y más duraderos. Sin embargo, la propiedad de la tierra parece haberse concentrado, datos sobre la distribución del capital casi no hay y no ha habido grandes avances a la hora de mejorar los niveles educativos de los sectores de menores ingresos. Se implementaron algunas medidas para mejorar el acceso a la propiedad de la vivienda, pero estas, a pesar de haber dinamizado la industria de la construcción, no parecen haber mejorado el acceso de los sectores de la sociedad a los que tradicionalmente se les hacía imposible la adquisición de una vivienda.

Una de las pocas políticas que se aplicaron durante los gobiernos del FA (en particular durante el segundo) que tienen la potencialidad de mejorar la distribución de los activos fue la promoción de las empresas autogestionadas (EA). En este tipo de empresas, la propiedad del capital productivo está en manos de los trabajadores de las empresas. Esta es sólo una de las ventajas normativas de este tipo de organización. Entre otras características, en estas empresas los trabajadores pueden alcanzar una mayor autorrealización, tienen la capacidad de decidir sobre aspectos de su vida laboral que afectan su bienestar y además no son explotados.

En el primer gobierno del FA no se aplicó ninguna política particularmente importante orientada hacia la promoción de las EA. La principal medida fue la creación de las cooperativas sociales en el marco del Plan de Emergencia. Sin embargo, esta disposición estaba encaminada a que las EA fueran un instrumento de una política social más que a la promoción de las EA en sí mismas.

Siendo un gobierno de izquierda, uno debería suponer que esa falta de iniciativa no se debió a que no se visualizaran como positivas las ventajas recién mencionadas. Tal vez, podría existir entre algunos actores de gobierno cierto escepticismo sobre el desempeño económico de las EA en términos de eficiencia. Sin embargo, una impresión de este tipo se apoya más en prejuicios que en los datos disponibles. Si bien en la literatura económica han surgido varias hipótesis pesimistas sobre el desempeño de las EA, son pocas las que se vieron respaldadas por la evidencia empírica. Las cuatro hipótesis principales son que las EA toman decisiones ineficientes al elegir los niveles de empleo y salarios; que son menos productivas, debido a que los trabajadores tienden a holgazanear; que subinvierten y que la heterogeneidad de sus miembros las lleva a tomar decisiones costosas e ineficientes.

La primera hipótesis es contradicha por todos los estudios empíricos sobre el tema, incluidos los realizados para Uruguay (1). Respecto de la segunda, los trabajos empíricos realizados encuentran que las EA son tanto o más productivas que las empresas capitalistas (EC) (2). Sobre la tercera, diferentes trabajos muestran que efectivamente la mayoría de las EA tienden a invertir menos que las EC. Sin embargo, tal como resulta ejemplificado por diversas experiencias de EA que operan en sectores de tecnología de punta (3), dicha tendencia no es inevitable y puede ser alterada con una adecuada estructura de incentivos. Respecto de la cuarta hipótesis, hay trabajos que muestran que las EA pueden tener dificultadas para retener a los trabajadores más calificados. De modo que hay elementos que muestran un panorama más positivo para las EA cuando se las compara con las EC, mientras que otros dan uno más negativo. Aun así, el efecto combinado de todos ellos podría resumirse cuando se analiza la supervivencia comparada de estos dos tipos de empresas. En este caso, la evidencia muestra que las EA sobreviven tanto o más que las EC(4).

En el segundo gobierno del FA se dio un impulso a la promoción de las EA. En el discurso, este impulso se justificaba por las virtudes mencionadas más arriba y por la búsqueda deliberada de formas de organización alternativas al capitalismo. En este marco es que se creó el Fondo para el Desarrollo (Fondes). Esta medida, que en su momento celebramos, no parece haber sido utilizada de la manera más adecuada si la idea era promover las EA. Viendo la forma en que se utilizó el Fondes, da la impresión de que dicho instrumento fue utilizado con el fin de resolver los problemas de empleo de corto plazo que se daban por el cierre de las EC, más que para promover las EA.

La gran mayoría de las EA que contaron con financiamiento del Fondes fueron empresas recuperadas, varias de las cuales tenían serios problemas de viabilidad. Prestarles dinero a estas empresas resolvió un problema de empleo en lo inmediato, y se pateó la pelota para adelante un par de años. Pero a la larga, cuando las EA financiadas mostraron problemas de sostenibilidad, el propio Fondes terminó perdiendo legitimidad. Y en esa pérdida de legitimidad se apoyó una reforma al Fondes impulsada por el actual gobierno, que tuvo como resultado la reducción de los recursos disponibles para financiar las EA. Si la prioridad del Fondes hubiera sido promover las EA en sí mismas, se debería haber sido más exigente en el análisis de la viabilidad de los proyectos y haber seleccionado más EA no en ramas en las que las EC estaban cerrando, sino en los sectores que mostraran mayor dinamismo.

Al día de hoy, el gobierno cuenta con dos instrumentos que pueden utilizarse en forma potente para promover las EA. El primero es la implementación del Sistema de Cuidados. Como ya fundamenté un una columna anterior en la diaria, esta es una excelente oportunidad para promover cooperativas de cuidados mixtas (de trabajadores y usuarios). El segundo es el Fondes reformado. Aun con recursos reducidos y ahora con destino a una población más amplia, sigue siendo un instrumento con una gran potencialidad. Sin embargo, para ello no sólo deberían cambiar los criterios de selección de proyectos. El Fondes también debería utilizarse para generar una estructura de incentivos a las EA que las ayudara a resolver algunos de los problemas específicos que enfrentan.

_(1). G. Burdín y A. Dean (2009), “New evidence on wages and employment in worker cooperatives compared with capitalist firms”, Journal of Comparative Economics, Elsevier, vol. 37 (4).

(2). E. Fakhfakh et al (2012), “Productivity, Capital, and Labor in Labor-Managed and Conventional Firms: An Investigation on French Data”, ILR Review, Cornell University, ILR School, vol. 65 (4).

(3). Ver los casos de Mondragón, la EA de automoción robótica Isthmus en Estados Unidos, etcétera.

(4). G. Burdín (2014), “Are Worker-Managed Firms More Likely to Fail Than Conventional Enterprises? Evidence from Uruguay”, ILR Review, Cornell University, ILR School, vol. 67 (1)._