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Nacional | Lunes 29 • Agosto • 2016

Alerta Feminista, el viernes en la plaza Cagancha. Foto: Fantiago Mazzarovich

Alertas

En lo que va del año murió una mujer por violencia de género cada 15 días; el viernes marcharon en su memoria.

Cada vez que muere una mujer por violencia machista, la Coordinadora de Feminismos del Uruguay convoca, en el correr de las horas siguientes, a una “alerta feminista”: una manifestación en el lugar donde ocurrió el hecho y, si eso fuera en el interior, otra, simultáneamente, en Montevideo. El viernes la convocatoria fue en la plaza Libertad, a las 18.30, por Camila Rodríguez, una adolescente de 14 años asesinada en Barros Blancos, Canelones, localidad donde también se llevó a cabo una concentración en la que participaron, fundamentalmente, sus vecinos.

En lo que va del año fueron asesinadas 15 mujeres por violencia de género: un promedio de aproximadamente una muerte cada 15 días. La última fue Camila, pero el viernes cientos de mujeres y algunos hombres se concentraron en la plaza Libertad para reclamar por todas y en busca de que esto no suceda ni una vez más.

El ritual comenzó con La caída de las campanas, la performance que convoca, en cada oportunidad, a “sonar en duelo público”. Vestidas de blanco y paradas en círculo, unas diez mujeres sostienen campanas en las manos. Luego, mientras las van haciendo sonar, se dejan caer, de una en una, al piso, para volver a levantarse, a veces por su cuenta y a veces con ayuda de las otras.

El espectáculo busca (y consigue) llamar la atención de los transeúntes.

El hilo que las une

Una vez finalizada la interpretación y ya caídas todas las campanas al suelo, la marcha arrancó por 18 de Julio, con una pancarta al frente en la que se leía: “Todas en alerta y en las calles”. Detrás, por encima de las cabezas de quienes caminaban, 15 carteles recordaban a las mujeres asesinadas en lo que va del año, con su nombre, edad, fecha y lugar de muerte. “No más muertes por violencia de género. Soluciones reales. El gobierno es responsable”, se leía en uno de los carteles. Otro, del Colectivo Mujeres de Negro, decía: “Estoy aquí por vos, estoy aquí por voz”. “Tocan a una”, gritaba alguien, y el resto respondía: “Tocan a todas”.

La manifestación terminó en la sede de la Intendencia de Montevideo con la lectura, a más de 100 voces, de una declaración, mientras se dibujaban en la calzada, simbólicamente, 15 siluetas. “Otra vez la violencia machista que mata. Otra vez, con rabia, dolor e indignación, decimos que nos falta una más, una más que se suma al triste conteo. Camila Antonella Rodríguez, de 14 años, estudiante de la UTU de Barros Blancos, desapareció el domingo a las nueve de la mañana de su casa, de donde salió a comprar té, y fue encontrada [el miércoles] muerta en un baldío cercano”.

“Sabemos cuál es el hilo que une todas estas violencias. Por eso nos organizamos para denunciar, visibilizar, autocuidarnos. No nos dejamos solas. Porque ninguna nos es indiferente y todas nos tocan. Porque esta suma de ausencias nos vuelve cada vez más porfiadas en nuestra presencia y nos redobla la insistencia. Porque por cada una que nos falte estaremos en la calle, en la plaza, donde nos quieran escuchar y donde no nos quieran, sosteniendo que no estamos dispuestas a aceptar esta violencia”, advertía la proclama.

En comparación con otras alertas, esta vez se pudo ver en la actividad realizada en Montevideo una mayor presencia masculina: desde adolescentes hasta adultos mayores, solos o en compañía de mujeres.

En Barros Blancos se movilizaron, en paralelo, los vecinos de Camila; según consignaron varios medios de prensa, sosteniendo velas encendidas cortaron la ruta 8 a la altura del kilómetro 23.

“Hora de autoorganizarse”

“Nos manifestamos porque la violencia sobre nuestros cuerpos sigue existiendo. Estos son los casos extremos, que llegan a la muerte, pero la realidad es que la violencia persiste desde lo cotidiano, en lo público, en el acoso callejero, en las casas y en los trabajos; por ejemplo, cuando a una chiquilina le tocan la cola y nadie dice nada”, dijo a la diaria María Delia Cúneo, integrante de la Coordinadora de Feminismos y una de las organizadoras de la movilización.

“Queremos que todas seamos conscientes de lo que está pasando, y que esto sea una lucha colectiva”, completó Tatiana Gámbaro, otra de las organizadoras. En este sentido, Cúneo sostuvo que “es hora de empezar a poner un freno” a esta violencia, y que esto debe producirse “mediante la autoorganización”. “Esto es un llamado a todas las mujeres a autoorganizarse desde sus trabajos, sus barrios, o con sus amigas, para poder pensar juntas qué acciones hacemos para que esto no siga ocurriendo”, afirmó.

15 campanas

Yenny, de 36 años, asesinada por su ex pareja -un policía- el 11 de enero en Colonia del Sacramento, fue la primera del año, según datos aportados por la Coordinadora de Feminismos. Le siguió Deborah, de 25, una semana después, en Casavalle (Montevideo), también muerta por su ex pareja.

En febrero se registraron tres defunciones más, todas en Montevideo: la de Shanaia, de 14 años, en Verdisol, asesinada por su tío; la de Martha, de 21, en Punta Espinillo, y la de Gladis, de 72, en la Unión, ambas por sus ex parejas.

Luego fue el caso de Claudia, de 29 años, asesinada en Trinidad (Flores), también por su ex pareja, el 3 de marzo. A Rebeca, de 54, la mató en Cerro Pelado (Maldonado) un hombre con el que mantenía una relación.

El 22 de abril fue encontrada asesinada por su ex pareja Silvia, de 49 años, en Santa Clara (Treinta y Tres), y una semana después murió Jessica, de 24, en Barros Blancos (Canelones), tras una larga agonía luego de haber sido prendida fuego por su ex.

En mayo se fueron otras tres: Zully, de 40 años, estrangulada por un cliente, en una esquina de la capital del país; Gloria, de 45, asesinada por su ex pareja en Rincón de los Machado, en Tacuarembó, y Dayana, de 22, muerta en el barrio Maracaná de Montevideo (la Policía aún no ha encontrado al responsable).

El 7 de julio murió Graciela, de 57 años, asesinada en San José de Mayo por su pareja, y nueve días después, Flavia, de 22, en Toledo (Canelones). Ni en este caso ni en el más reciente, el de Camila, ha sido identificado el asesino.

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