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Nacional | Jueves 25 • Agosto • 2016

Roberto Markarian, rector de la Universidad de la República (Udelar), y Roy Vitalis, interno de la cárcel de Punta de Rieles, luego de la firma de un convenio entre la Udelar y el Instituto Nacional de Rehabilitación, ayer, en Punta de Rieles. Foto: Pablo Vignali

Buenos pensamientos

INR y Udelar firmaron convenio marco y evalúan la posibilidad de instalar una oficina en la cárcel de Punta de Rieles.

Ayer el anfiteatro de la cárcel de Punta de Rieles estaba lleno de gente sonriente: la Universidad de la República (Udelar) y el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) firmaron un convenio marco para fomentar el acceso a la educación: se dejó por escrito el compromiso de garantizar uno de los derechos más vulnerados de los reclusos, y se materializó en un papel el esfuerzo de años de los que están presos pero quieren estudiar para “salir adelante”.

Según se explica en un comunicado de la Udelar, el convenio “tiene por objeto promover la cooperación académica y el intercambio científico y técnico entre ambas instituciones”, y se indica que en conjunto definirán las “formas concretas o específicas de colaboración”. Hasta el momento Punta de Rieles ofrecía educación formal con cursos de alfabetización, primaria y secundaria, y no formal por medio de talleres del Programa Aprendiendo Siempre y de Extensión Universitaria, con tutorías de la Facultad de Agronomía, Psicología, Educación Social y la Escuela de Nutrición. Ahora, con el convenio, se “formaliza en un documento una cantidad de actividades que ya se estaban haciendo y se crea un marco que permite que se estimulen nuevas experiencias, proyectos y propuestas para colaborar en la mejor reinserción” de los privados de libertad, explicó el prorrector de Extensión y Actividades en el Medio de la Udelar, Hugo Rodríguez. Sin embargo, acotó que si bien esta cárcel fue un “emblema del terrorismo de Estado” y hoy “es un lugar muy especial dentro del sistema de rehabilitación” porque se considera “modelo” a seguir, es imprescindible llevar la educación a “otros lugares de los que no estamos tan orgullosos y persiste una de las vergüenzas más grandes que tiene este país”, afirmó. En ese sentido, el rector de la Udelar, Roberto Markarian, agregó que “el efecto de la trama fina del conocimiento tiene que manifestarse en los sectores que menos derechos tienen”, y aseguró que para lograrlo “hay que trabajar abajo”. “Esto, que está afuera de lo que uno concibe cuando acepta ser rector, es un aporte de carácter social que retribuye mucho”, dijo, y expresó su “mejor deseo de que colaboremos y ayudemos a que puedan integrarse plenamente a la sociedad”.

Por su parte, el director del INR, Crisoldo Caraballo, hizo hincapié en “entender que el INR tiene que ser parte de la sociedad, así como también es parte de la seguridad pública. Es algo que nosotros debemos construir, es el desafío que vamos a asumir. Entender eso implica entender los procesos, que lamentablemente los tiempos no son iguales a los de las necesidades, pero no existe la cadena perpetua, entonces tenemos que hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que ese ciudadano sea reintegrado a la sociedad de la mejor manera. La educación tiene que ser el camino a seguir”. El director del establecimiento, Luis Parodi, aseguró que “la gente que está presa son uruguayos iguales a nosotros. La educación nos da valores, hábitos, habilidades básicas y conocimiento para obrar mejor, pero fundamentalmente da un lugar crítico, donde hacernos cargo de la época en que vivimos”.

La subdirectora técnica de la cárcel de Punta de Rieles, Lourdes Salinas, aseguró que hay estudiantes “que llegan a sexto año y hacen diferentes orientaciones porque, claro, no tienen la posibilidad de seguir. Se trancan, se frustran, y la idea es que continúen”. Agregó que “depende mucho del juez” que los reclusos salgan de la cárcel para estudiar, y que el convenio permite “abrir la posibilidad de discutir” ese tipo de cosas. En una entrevista que publicó Matices y estampas en su quinta edición, Salinas explicó que “lo educativo se inscribe dentro del proyecto de vida del privado de libertad, que va a obtener beneficios a largo plazo. La formación y capacitación [en la cárcel] permitirán que lo educativo pueda visualizarse como un derecho necesario para el desarrollo integral de la persona y no como una pérdida de tiempo”; Salinas considera que las propuestas laborales “cobran mayor relevancia ante la educativa [porque] los beneficios se observan a corto plazo, principalmente en lo que tiene que ver con un ingreso económico [...] logra aportar a su familia y se siente útil ante esta”.

Desde adentro

El convenio con la Udelar era algo que hace bastante venían reclamando los reclusos que estudiaban. Según explicó a la diaria Roy Vitalis, estudiante presencial de materias del tercer y cuarto semestre de Ingeniería, “como no había demanda, no estaba la necesidad, porque todo el sistema apunta a que tú, cuando puedas, llegues hasta secundaria y ya está”. El vínculo formal con la Udelar sirve para que los que vengan después no pasen las de Caín, como él, para poder estudiar. Vitalis, uno de los oradores del acto, aseguró que, además, la educación sirve para “cambiar formas de vida que están clarísimas ya desde los barrios, la familia, que siempre te están marcando a hacer las cosas mal. Queremos salir adelante y cambiar la cabeza. A mí me ayudó mucho estudiar, hacer una carrera terciaria, vale mucho más que la plata que puedas ganar robando, matando... Esas cosas las tienes en un ratito, pero me hace mucho mejor persona [estudiar], me deja contento, tranquilo y en paz”. Vitalis contó que Markarian, que es uno de sus docentes, al comienzo del semestre le dijo que el último día de clases iba a contar su caso a los alumnos compañeros de Vitalis. “No vaya a decir nada, que estos gurises llegan a saber que estoy en cana...”, le dijo. Pero Markarian, “profesor de matemáticas, qué se iba a olvidar, y el último día lo contó”. Markarian contó que todos aplaudieron a Vitalis.

Edgardo Escobar, director de la revista Matices y estampas (que se publica desde abril en la cárcel), y miembro de la Usina Cultural de la cárcel de Punta de Rieles, espera que “con el pie de la Universidad acá adentro la educación empiece a darse de otra forma, que haya otro tipo de compromiso”. En ese sentido, sostuvo que las tutorías presentan diversas dificultades para desarrollarse, por ejemplo, “es muy complicado que vengan a tomarte los parciales y exámenes en tiempo y forma, la plataforma [del Programa de Entornos Visuales de Aprendizaje] EVA es un desastre”.

Las firmas de Markarian, Caraballo y Parodi simbolizan, además, que las instituciones tomaron conciencia de sus obligaciones y asumieron la responsabilidad que les compete: garantizar derechos, generar pensamiento.

De gira

El acto de la firma del convenio entre la Udelar y el INR terminó con la representación de la obra de teatro El día después (ver la diaria del 13/06/2016), escrita, dirigida y protagonizada por hombres privados de libertad en Punta de Rieles. Este sábado se cumple un año desde la primera vez que la presentaron. Los integrantes del grupo invitan a compartir esa tarde en el anfiteatro de la cárcel, junto a ellos y el grupo de teatro del oprimido Torquemada.

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