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Nacional | Viernes 26 • Agosto • 2016

Gonzalo Larrosa en la cárcel de Punta de Rieles. Foto: Pablo Vignali

El lado menos bestia de la vida

Nuevo director del Comcar propone cambiar el nombre y concepción del INR; trabajará contra el aislamiento en el Módulo 12.

El gran monstruo del sistema penitenciario será administrado por un policía licenciado en Educación por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, que piensa que más que “vigilar y castigar”, hay que “vigilar y educar”. Gonzalo Larrosa, de 42 años, es el actual director de la cárcel Las Rosas, de Maldonado, cargo que ocupa desde mayo; antes, desde julio de 2015, dirigió la cárcel de Canelones. A partir de este miércoles Larrosa será el nuevo director de la Unidad Nº 4, ex Comcar (Complejo Carcelario), una cárcel compuesta por nueve módulos de seguridad media y máxima, donde están recluidos unos 3.600 de los 10.200 internos del sistema penitenciario uruguayo. Su desafío: “Cambiar el acento, que hoy está puesto en la seguridad, para tener una visión más pedagógica”. En diálogo con la diaria, explicó cómo piensa ponerlo en práctica.

“La situación es muy compleja por el hacinamiento y todos los males que podemos indicarle. No voy a usar eufemismos: hay superpoblación en algunos módulos, y eso no va a desaparecer en estos momentos. Se prevé que en julio del año que viene, para descongestionar, se inaugure la cárcel de Punta de Rieles, construida por participación público-privada. Lo que sí se está haciendo, y nosotros vamos a potenciar y fomentar, es que haya actividades para todos; así también se reduce la violencia. Pero [la situación compleja] no es producto sólo de la administración del Comcar”, comenzó respondiende Larrosa a la pregunta sobre cómo cambiaría la lógica de esta cárcel, que es la más grande y una de las más conflictivas del país. Para el funcionario, la situación es producto del sistema. “Mi asunción no debería ser sólo un cambio de nombre de autoridades, porque uno le pone su impronta. Hay un sistema que lleva muchos años ahí, funcionarios y una población que están esperando cambios reales. Hay que ponerle cabeza y estructura; tiene que ser un conjunto, no basta la cabeza si seguimos con los mismos medios. Todo el mundo se cincha de la camisa por cómo está el Comcar, todo el mundo opina; pero, en realidad, no ha habido un cambio real. Nosotros vamos con la visión de cambiar, de reunirnos con los familiares, de empezar a tener reuniones con los internos para que ellos empiecen a proponer cosas. El camino que vamos a recorrer es el mismo que en Canelones y Maldonado. Nuestra visión es que todo el espacio del Comcar es un espacio pedagógico, todas las medidas que tomemos serán para educar”, sostuvo el futuro director de esa cárcel.

Educación por violencia

En las 40 semanas que estuvo Larrosa en Canelones, los enunciados violentos que podían leerse en las paredes -por ejemplo: “Terrorismo es mi norte, somos de la calle”- se cambiaron por frases del educador brasileño Paulo Freire, que los mismos internos eligieron: “Nadie dice la palabra ‘solo’. Decirla significa decirla para los otros. Decirla significa necesariamente un encuentro de los hombres. Por eso, la verdadera educación es diálogo”.

Larrosa dijo que lleva su “mochilita” con su “bagaje teórico y filosófico”. “Ese es mi capital, y con eso, primero me reuniré con la gente que va a estar en el equipo de subdirección y con los que ya están trabajando allá adentro, para empezar a conversar y poder caminar juntos”, agregó. Luego sostuvo que “las cosas no se van a hacer por imposición y que está “convencido de que esa actitud lleva a resentimientos”. Agregó que “los cambios van a empezar por dialogar y llegar a acuerdos convenciendo a la gente”. “También vamos a empezar a dialogar con los internos, a tratar de formar una comisión de familiares del Comcar; haré una convocatoria módulo por módulo”, anunció Larrosa. Para el futuro director del Comcar, “es importante que los familiares ingresen y empiecen a colaborar” con el personal del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), para que “vean la realidad y la discutamos entre todos, y que no se les cierren las puertas. Básicamente: mucho diálogo”.

Bajar el dolor

El 9 de julio, Larrosa habló en una jornada organizada por el comisionado parlamentario para el Sistema Penitenciario sobre “Educación en contextos de encierro”, en el edificio anexo del Palacio Legislativo. Allí afirmó que la cárcel “es deteriorante por definición, de internos y funcionarios”, y que pretender “rehabilitar” es como decir “te hundo la cabeza bajo el agua y quiero que respires, y encima que me lo demuestres”. Entonces, previo a la exigencia, asegura que se debe “bajar el dolor y sufrimiento del que está ahí”. Para lograrlo, apuesta a la “deconstrucción” de “conceptos” y a la creación de “espacios simbólicos”. “Los trabajadores no tenemos por qué juzgar, debemos preocuparnos por cómo mejorar las condiciones de vida, para después exigir”. En ese sentido, Larrosa contó que él y el director de la cárcel de Punta de Rieles, Luis Parodi, tienen un acuerdo: “Si decimos ‘no’ a algo es porque tenemos una propuesta. No vale quejarnos porque sí”, aseguró. “Nuestra idea a futuro es que las cárceles -todas ellas- no sean centros de rehabilitación, sino de educación”, dijo. Como una señal en ese sentido propone cambiarle el nombre al INR por el de Instituto Nacional de Educación en Contextos de Encierro (INECE): “Hace 200 años que venimos con esto de vigilar y castigar. Bueno, hay que vigilar y educar. No tenés más remedio que tener a la gente encerrada, porque ese es el formato que tiene nuestra sociedad, pero ya tenemos los resultados de estos dos siglos. Ahora hay que inventar algo nuevo y tener propuestas, hay que buscar caminos alternativos. Le vamos a errar, pero también le vamos a acertar”, aseguró.

El 12

Uno de los aspectos del Comcar que más le preocupan a Larrosa es el Módulo 12. En entrevista con la diaria, el director del INR, Crisoldo Caraballo, explicó así la situación: “El 12 es un módulo de máxima seguridad. Los reclusos, por su peligrosidad, requieren un tratamiento diferente al resto. Ellos tienen visita a través de una mampara, patio, están en celdas individuales, hay doble esclusa”. “¿Quién determina quién va al módulo 12? Soy un escalón dentro de un sistema. Estamos buscando flexibilizar la situación; uno no es ajeno a lo que pasa. Hay un sistema que fue impuesto para ese módulo, una decisión, un modelo de gestión que se eligió debido a una situación de crecimiento de determinado tipo de delito, y que es adecuada a los parámetros internacionales”, aclaró. Consultado al respecto, Larrosa asumió “la preocupación que el comisionado [parlamentario para el Sistema Penitenciario, Juan Miguel Petit] ha transmitido”, pero aclaró que hasta ahora está siguiendo la situación por los medios de comunicación. “Voy a empaparme en el tema una vez que asuma”, aseguró. “Vamos a trabajar en conjunto con el INR, para que si realmente están ocurriendo ciertas cuestiones que no deberían ocurrir, que no pasen”, explicó. Larrosa afirmó que tiene “una visión humanista”, y que cuando asuma como director del Comcar “hay cosas” que va “a trabajar para que no ocurran” y que “se cambie de fondo el formato del módulo 12”.

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