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Cultura | Viernes 26 • Agosto • 2016

Nacho Vegas. Foto: Juan Pérez-Fajardo

La canción y la propiedad privada

Una charla con el cantautor asturiano Nacho Vegas.

Nacho Vegas (Gijón, 1974) formó parte de las bandas Eliminator Jr y Manta Ray hasta que inició su carrera solista con el disco Actos inexplicables (2001). Con buena recepción de la crítica especializada y escasa popularidad, se posicionó como símbolo de la escena indie española, con un estilo caracterizado por la calidad y fatalidad de sus letras tristes, existencialistas y autorreferenciales. Luego de un par de álbumes (Cajas de música difíciles de parar, de 2003; y Desaparezca aquí, de 2005) y cuatro miniálbumes en el mismo período, adquirió mayor notoriedad en España y México a partir del disco doble -compartido con Enrique Bunbury- El tiempo de las cerezas (2006). Luego vino un período menos prolífico, con los álbumes El manifiesto del desastre (2008), La zona sucia (2011) y Resituación (2014) y un par de miniálbumes en 2009 y 2011, además de un disco compartido con Christina Rosenvinge, Verano fatal (2007), En los últimos años ha profundizado su militancia a favor de la producción independiente, al impulsar el sello Marxophone (una cooperativa de músicos) y la Fundación Robo (una plataforma colaborativa de arte popular y crítico). Asimismo, apoya explícitamente al movimiento contra los desalojos PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca). Estas circunstancias se reflejan en su obra artística, y en sus canciones adquieren mayor protagonismo las referencias a la crisis española y sus consecuencias. Actualmente está de gira con motivo del lanzamiento del EP Canciones populistas (2015) y llega a Uruguay por segunda vez para presentarse en La Trastienda el lunes 29 de agosto a las 21.00.

¿Conservas recuerdos de nuestro país? ¿Te llevaste discos de aquí?

-Apenas tuvimos tiempo, y fue una pena. Compartimos escenario con Molina y los Cósmicos y fue un enorme placer. Además, desde entonces escucho bastante a Alfredo Zitarrosa, que es demasiado poco conocido en España, siendo un autor tan enorme.

Generalmente se destaca el proceso de politización de tu repertorio a partir de Cómo hacer crac (2011), pero me interesa que comentes otros dos episodios anteriores desde el punto de vista político: el primero, cuando rompiste con Manta Ray porque querías cantar tus propias canciones, en castellano; el segundo, tu participación en 2008, junto a Xel Pereda, en el proyecto Lucas 15, con un fuerte componente tradicional asturiano.

-Nunca he obviado la dimensión política de la música ni de las decisiones que he ido tomando. En los dos casos que citas había premisas culturales -cantar en una de mis lenguas y recuperar a nuestro modo algo del cancionero tradicional asturiano-, pero es inevitable que hubiera un componente militante, contra la excesiva y mal asimilada anglofilia que ahogó a gran parte de la escena indie, y contra la represión que sufren los hablantes de la lengua asturiana.

“Soy un gran lector de periódicos”, has dicho en alguna ocasión. ¿Podrías desarrollar un poco más esa expresión? ¿Qué hábitos tienes en ese sentido y qué función cumplen?

-No sé cuándo habré dicho eso, pero seguramente fue hace tiempo. Hasta hace relativamente poco seguía comprando El País los fines de semana que no tenía conciertos, y disfrutaba mucho con algunos artículos, pero me cansé de tragar tanta mierda. La prensa mainstream en España es bochornosa.

Hace pocos años ocurrió una cosa muy reveladora. El banco Santander compró las portadas de todos los diarios generalistas; la primera página de esos periódicos fue, cierto día, únicamente una publicidad del Santander; sólo cuando los abrías encontrabas las portadas regulares, con las cabeceras habituales y las noticias de primera plana. Ibas al quiosco y la sensación era casi orwelliana: sólo veías anuncios del banco Santander dispuestos en hilera, siempre el mismo, uno detrás de otro. Eso fue un golpe en la mesa, estaban diciendo: “Aquí mandamos nosotros”. Se conoce que no podían permitir que la PAH estuviera visibilizando y deteniendo los desahucios criminales que estaban cometiendo. No vivimos en una democracia ni somos un Estado soberano; estamos gobernados por estructuras supragubernamentales financieras que ejercen el poder de facto. Llamar a eso democracia es un insulto, no ya a la inteligencia, sino al sentido común.

Ahora leo medios críticos como Diagonal, Ctxt y otros, y me informo por las noticias que veo enlazadas en Twitter. Muchas veces esto te hace leer en diagonal o quedarte apenas en el titular, pero si te detienes un poco te permite obtener un mosaico de las noticias de medios de todo tipo. Las cosas están pasando muy rápido ahora, o esa es la sensación, y lo que ocurre a nuestro alrededor es importante para mí, porque la realidad siempre ha nutrido mis canciones.

“Vuelve a meterte heroína”

Hace algunos años, un tema habitual en las entrevistas que le hacían al cantautor tenía que ver con cuánto hay de real en su personaje y cuánto hay de personaje en el real Nacho Vegas. Cuestiones motivadas por la veta autobiográfica de su producción y el exhibicionismo de su dolor, su desamor y sus adicciones. “En todas hay algo de mí”, dice. “Las canciones son miradas, miradas desde diferentes perspectivas, y aunque en ocasiones te alejes de ti mismo con la mirada, no dejan de partir de ti”. Cuando se le pide que resuma su biografía en pocas palabras, se decide por estas: “Nací, amé, sufrí, hice canciones, asistí a muchas derrotas y alguna que otra victoria, nunca dejé de creer, hice más canciones y me pasé mucho tiempo preguntándome por qué”.

Uno de los aspectos que caracterizan tu obra es el protagonismo de los textos. De hecho, has dicho a menudo que te cuesta considerarte músico y suele comentarse tu estilo vocal más bien despojado. En este sentido, ¿cuáles son tus vínculos con la literatura (no hablo específicamente de tu libro de relatos -Política de hechos consumados, de 2004-) y cómo crees que esos vínculos se evidencian en tus canciones?

-Los libros, al igual que la música, son, como decía [el escritor francés Michel] Houellebecq, necesarios para no conformarnos con la vida. No lo sabría decir mejor. Por supuesto, la literatura ha sido y es una gran influencia para mí a la hora de escribir canciones, pero tampoco me gusta cargar demasiado las tintas en eso.

Como te decía antes, la materia prima de mis canciones es la realidad, aunque también la imaginación en un sentido profundo, que, como decía Santiago Alba Rico, no hay que confundir con la fantasía. No sé, a veces una canción nace también de una frase escuchada al azar en un supermercado o en el bar, o de una noticia leída en algún medio, enlazando con lo que me preguntabas antes.

No pensemos en tus canciones ni en su autor, sino específicamente en quienes las escuchan con asiduidad. ¿Qué te parece que encuentran en ellas? ¿Por qué las adoptan (si cabe ese verbo aquí)?

-Sí, me parece un verbo acertado. Incluso podemos decir que se apropian de ellas, y es que para eso está la música popular, así pervive. No debemos tenerle un respeto reverencial a la cultura popular, porque es un bien que nos pertenece a todos y tenemos derecho a apropiarnos de ella, a utilizarla si queremos. Cuando yo hago pública una canción, deja de ser sólo mía.

Tendemos a fijarnos mucho en la música popular del último siglo o menos, porque lógicamente es lo que hemos vivido, pero hay que pensar que durante miles de años esa música se transmitió de un modo horizontal, oralmente, generación tras generación, sin que mediara el mercado, y la autoría se diluía. Por eso desconocemos el nombre del autor o la autora de tantísimas canciones tradicionales. Alguien tuvo que dar el primer paso, que es algo muy valioso, pero después esas canciones se fueron reinventando colectivamente.

¿Qué es lo más emotivo y qué es lo más pintoresco que te han dicho sobre alguna de tus canciones o discos?

-“Gracias” y “vuelve a meterte heroína, por favor”, respectivamente. En algún momento has dicho que con la heroína combatías la tristeza y el dolor. ¿Hoy cómo batallas contra eso? ¿Has vencido o has sido derrotado?

-Lo único bonito que se puede decir de la tristeza y el dolor es que forman parte de la existencia, y por eso a veces nos recuerdan que estamos vivos: de ahí que sean sentimientos de los que manan muchas canciones y poemas. No tengo la clave para combatirlos, pero sí sé cómo no se deben combatir: en soledad. Es jodido, porque muchas veces es precisamente la soledad la que te hace sufrir, o sencillamente la tristeza te paraliza y tiendes a aislarte.

No tengo una respuesta buena para tu pregunta, pero sí te diré que una canción, aun partiendo de la soledad o del dolor, sólo existe realmente cuando se comparte. Una canción es lo contrario de una propiedad privada, que cuando se reparte se hace cada vez más pequeña. La canción es más grande cuanto más se comparte.

Javier Etchevarren

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