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Internacional | Lunes 08 • Agosto • 2016

Eduardo Paes, alcalde de Río de Janeiro, lleva la antorcha de los Juegos Olímpicos, el 3 de agosto. Foto: Marcelo Tasso, Afp

Sin garrocha

Los Juegos Olímpicos no terminarán con la recesión, pero se espera un legado en infraestructura.

Los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro se desarrollan mientras Brasil atraviesa su peor recesión en 20 años: el Producto Interno Bruto (PIB) del país cayó 3,8% en 2015 y se prevé que caerá 3,5% en 2016. Ya no es el país pujante que en 2009 logró que Río de Janeiro fuera elegida como la sede de los primeros Juegos Olímpicos latinoamericanos. Las crisis económica y política contribuyeron al escepticismo generalizado de los brasileños respecto del impacto económico que tendrá el evento deportivo. Según la consultora Ibope, seis de cada diez consideran que los Juegos traerán más perjuicios que beneficios a Brasil, mientras que sólo 32% de los encuestados confía en que el balance final será positivo. Esa misma encuesta contrasta con el estado de la opinión pública, mucho más optimista, que se registraba antes del Mundial de fútbol organizado hace tan sólo dos años.

Para la agencia de calificación Moody’s, “los Juegos Olímpicos de Río dejarán en la ciudad mejorías duraderas en las infraestructuras y supondrán un aumento temporal en la recaudación de impuestos pero, tan pronto termine el evento, el país volverá a la recesión económica”. Este hecho no es algo especialmente novedoso. Según otra consultora, Capital Economics, la evidencia demuestra que en más de la mitad de los países anfitriones de los Juegos Olímpicos, desde Los Ángeles 1984, los efectos positivos se agotan en menos de dos cuatrimestres.

El banco de inversión Goldman Sachs estimó que la principal inversión, tanto pública como privada, derivada de los Juegos ha sido en infraestructura y logística. La institución financiera estima que el costo operativo de sacar adelante este encuentro deportivo es de menos de 2.400 millones de dólares. Esta inversión ha sido totalmente financiada por el sector privado.

El segundo conjunto de inversiones incluye los costos de las instalaciones deportivas y otros proyectos que se desarrollaron debido a las Olimpiadas. Para Goldman Sachs, las inversiones en este campo ascienden a unos 2.100 millones de dólares, de los cuales más de 60% estuvieron a cargo del sector privado.

El tercer bloque incluye proyectos que anticipan o incrementan los gastos en infraestructuras federales, estatales y municipales, así como programas de políticas públicas, por ejemplo la expansión de las líneas del metro. El conjunto de los proyectos podría haber alcanzado una inversión conjunta de 7.600 millones de dólares, de la cual 40% habría sido pagado por el sector privado.

Dado el tamaño de la economía brasileña -la sexta más grande del mundo- la inversión para los Juegos no es tan significativa como para generar por sí misma un impulso fuerte, pero puede constituir una vuelta a la confianza de los inversores respecto del potencial crecimiento del país.

Los analistas estiman que podrán acudir a los Juegos Olímpicos más de 500.000 turistas, lo que puede impulsar el sector de servicios brasileño. De todas formas, la previa estuvo lejos de las expectativas, debido a las preocupaciones por los efectos del virus del zika, que impactó a la baja en el número de turistas potenciales.

La auditora Ernst & Young calculó que los Juegos crearán 1,79 millones de puestos de trabajo permanentes y temporales en el área metropolitana de Río de Janeiro. Si bien no es suficiente para absorber a los actuales 11 millones de brasileños desempleados, no es una cifra despreciable. En todo caso, los Juegos Olímpicos pueden proporcionar cierto alivio para la economía, pero el actual drama político del país continuará siendo la principal traba al crecimiento.

La alcaldía de la ciudad se mostró orgullosa de haber elaborado un presupuesto austero para desarrollar la infraestructura necesaria, algo que suena contradictorio con el objetivo declarado de que estos Juegos generen una mayor demanda por la vía del consumo y la inversión. El alcalde Eduardo Paes, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), habló de lo barato que habían costado los Juegos; de hecho lo fueron, si se los compara con el presupuesto de los Juegos Olímpicos de Londres, en 2012, cuyo gasto ascendió a casi 15.000 millones de dólares. De todos modos, un estudio de la Universidad de Oxford estima sobrecostos de 51% sobre el presupuesto inicial.

Paes insiste en que los Juegos Olímpicos han supuesto una transformación para Río, en especial en su red de transporte público, y que le han dado la chance de convertirse en una ciudad mejor. Dijo que Río ha ganado, además de múltiples instalaciones deportivas, una zona portuaria más moderna y turística, una mejora del sistema de transporte y nuevos túneles, puentes y carreteras.

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