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Nacional | Lunes 05 • Septiembre • 2016

Gabriela Salvini, directora del Centro Universitario San Martín. Foto: Pablo Vignal

Pedagogía para la liberación

Con Gabriela Salvini, directora del Centro Universitario San Martín.

En 2008, en Argentina, el Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) firmó un convenio marco con la Universidad Nacional de San Martín (Unsam) y se inauguró el Centro Universitario San Martín (Cusam) en la Unidad Penal Nº 48 de máxima seguridad de José León Suárez, del Complejo Carcelario Conurbano Norte. Allí estudian hombres y mujeres privados de libertad de las cárceles 46, 47 y 48, y personal del SPB, y se dictan la Licenciatura en Sociología, la Tecnicatura en Informática y la Formación Profesional en Pastelería. Además, una vez que el estudiante recupera su libertad, el Cusam ofrece un sistema de tutorías para que continúe sus estudios en el campus de la Unsam. Desde 2011 la directora del Cusam es Gabriela Salvini, especialista en Ciencias Sociales en Lectura, Escritura y Educación, que desde 2013 dicta la Diplomatura de Intervenciones psicopedagógicas en contextos de encierro en la Unsam. La semana pasada Salvini vino a Uruguay para participar como expositora en el Debate de Seguridad y Convivencia. Entrevistada por la diaria, Salvini aseguró que la Cusam brinda a los estudiantes un espacio para “canalizar” sus estados emocionales, determinados por la situación de encierro. El objetivo: que las personas que son liberadas repliquen en los barrios pobres, de donde proviene la mayoría de los detenidos, esas “acciones culturales para transformar, a largo plazo, el recorrido de vida de los jóvenes habitantes de la zona”. Salvini cree que la clave está en ayudar a los reclusos a identificar “saberes y potencialidades” ya adquiridos en su trayecto de vida para transformarlos en “acciones que les permitan no volver” a la cárcel. “Si la educación se define desde una mirada elitista y conservadora, donde yo tengo una receta para aplicar y vos tenés que hacer todo lo que yo diga porque sólo así vas a ser un buen ciudadano, no estoy reconociendo al otro como un ser con saber válido y con una formación cultural, familiar, respetable. Siempre me preocupa que la idea de educar en la cárcel sea la de transformar a ese sujeto en una cosa que no es, y que además no quiere ser”, sostuvo.

Salvini explicó que en el Cusam no se enseña para “implantar” saberes, sino que se busca “intercambiarlos”: “La Universidad no es la luz del conocimiento: yo voy a ofrecerte un saber académico, te cuento cómo es producir conocimiento en ese marco, y a vos te pido que me cuentes todos esos saberes que traés desde tu lugar, que no son los mismos que los míos. Todos traen una historia, sueños, deseos, proyectos, la idea es trabajar para su reconocimiento”. Salvini considera que esta metodología implica que “el otro es un sujeto que tuvo un antes y va a tener un después de la detención”, y que durante ese “paréntesis” la Universidad tiene la posibilidad de intervenir, para que el detenido reconstruya su subjetividad y canalice “el potencial que ya trae consigo en algo que le permita no estar preso nunca más, porque la cárcel no sirve, es mala, el infierno”. Para lograrlo, “hay que desarmar al sujeto para encontrar el modo de entrarle y ver qué cosa le gusta y desde ahí empezar a construir”. Aseguró que con todos hay que ir probando diferentes abordajes, porque “es un proceso artesanal” y hay que hacerlo “cuerpo a cuerpo, cara a cara”. Por eso, las actividades del Cusam son presenciales, de lunes a viernes, de 10.00 a 18.00. Salvini reconoce que hay casos “difíciles”, que es “donde más hay que trabajar, quizá incluso con un equipo multidisciplinario”, pero son los menos. Aseguró que una de las cosas que aprendió como docente es que “es muy interesante trabajar con el recuerdo de la infancia”: “Ahí vos situás a la persona afuera de este ‘soy preso’, porque en realidad no sos preso, estás preso. Lo mismo cuando dicen ‘caí por violento’, ¡no! tuviste una conducta violenta... Para desarmar eso hay que llevar a la persona a un antes donde reconozca un potencial, para que después lo pueda proyectar a futuro”.

Salvini entiende que la libertad está en “poder elegir qué hacer, cómo hablar con el rector de la Universidad o con un amigo”. En ese sentido, afirmó que es “muy delicado el límite entre lo esperanzador de la educación en la cárcel y lo frustrante que puede llegar a ser el sistema”: “Cuando el otro no tiene la respuesta que esperás, el sistema se frustra, entonces dice no, esto no está dando resultado, se corta. ¿Por qué? Porque no están yendo a la búsqueda de un otro que ya existe: se está yendo a la búsqueda de un otro que se ajuste a la medida que yo, sistema, necesito”. Salvini entiende que en esa “falacia” están fundadas las ideas de “rehabilitación” y “reinserción”. Puso un ejemplo de “reconocimiento”: “Hace un año, cuando empezaron a escribir las tesis los ahora graduados, se armaron interesantísimas discusiones dentro de la Universidad sobre hasta dónde había que corregir la tesis de un detenido. ¿Hasta dónde corregimos ese lenguaje atravesado por los cánones de la Universidad, pero también por el lugar de procedencia, la trayectoria de todos estos años en la cárcel? Si la riqueza de nuestro proyecto es que se reciban sociólogos que se formaron dentro de la cárcel, con una mirada desde adentro de la propia cárcel, de la propia vida de detenido, ¿por qué vamos a transformar las tesis en otras cosas? ¿Cómo puedo pedirle al otro que reconstruya su propia subjetividad si yo le quiero imponer un modelo de persona? Está bien, todos somos sujetos sociales, todos nos apegamos a unas normas que establecen, por ejemplo, que por más que haga calor yo no vaya de bikini al Debate... Llegar a esa reflexión implicó sentarnos a discutir entre nosotros y con los estudiantes. Llegamos a la conclusión de que la academia tiene unas exigencias que hay que cumplir, pero en estos casos es mejor llegar a una media: hubo cosas que no se corrigieron, nos llevó un enorme trabajo pensar qué, pero hacemos un glosario o aclaramos al pie de página la etimología de la palabra”.

En Uruguay

Hace menos de dos semanas la Universidad de la República (Udelar) firmó un convenio marco con el Instituto Nacional de Rehabilitación para garantizar uno de los derechos más violentados de las personas privadas de libertad: la enseñanza. Según se explica en un comunicado de la Udelar, el convenio “tiene por objeto promover la cooperación académica y el intercambio científico y técnico entre ambas instituciones”, y se indica que en conjunto definirán las “formas concretas o específicas de colaboración”.