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Cultura | Jueves 01 • Septiembre • 2016

¿Qué esperaban?

Seth Grahame-Smith es el autor de dos best sellers: Orgullo y prejuicio y zombis (2009) y Abraham Lincoln, cazador de vampiros (2010). En ambos casos, los títulos lo dicen todo: en la de Lincoln, el protagonista se dedica desde su infancia al combate contra los chupasangres y descubre que estos utilizan a esclavos como fuente de alimento, de modo que toda su militancia abolicionista, su carrera política y la Guerra de Secesión, así como su asesinato, se convierten en consecuencias de esa trama de terror. La otra sigue el argumento del clásico Orgullo y prejuicio (1813), de Jane Austen, intercalándole elementos que hacen girar la historia en torno al combate contra zombis.

Se trata de un subgénero típicamente posmoderno que se ha dado en llamar mash-up, un término que proviene del ámbito de la música; en la literatura empezó básicamente como un chiste, mezclando textos clásicos con elementos de cultura popular, y se ha vuelto, con trabajos como los de Grahame-Smith, un exitoso negocio (algunos llaman también mash-up al mencionado libro sobre Lincoln, aunque no parta de una obra anterior sino de la biografía, archiconocida por los estadounidenses, de un personaje histórico). Como es lógico, para realizar ese tipo de libro se suelen utilizar obras que ya han pasado al dominio público, evitando complejas discusiones jurídicas sobre si corresponde pagar derechos de autor por una parodia.

Lo curioso es que hace unos días la editorial Hachette, con la que Grahame-Smith firmó un contrato en 2010, acaba de demandar al escritor por hacer lo que él hace. En aquel contrato, el escritor se comprometió a entregarle a la editorial dos manuscritos originales: una secuela de Abraham Lincoln... y otra obra con tema a acordar entre ambas partes; se especificó que ambos debían ser comparables con el primer libro sobre Lincoln en “estilo, calidad y amplio atractivo”. La cuestión es que Grahame-Smith, que cobró de antemano un millón de dólares e iba a recibir tres millones más como adelanto de regalías, entregó una secuela, publicada por Hachette el año pasado con el título El último vampiro americano, y -tras varias postergaciones del plazo acordado- otro texto que la editorial considera violatorio del contrato porque no tiene la extensión prevista, su tema no fue acordado formalmente, “no es comparable” en estilo y calidad con Abraham Lincoln y... “no es un trabajo original” de Grahame-Smith, “sino en gran parte una apropiación de una obra de dominio público de hace 120 años”, cuyo nombre Hachette no ha revelado.