Con un solitario gol de Nahitan Nández en el comienzo del segundo tiempo, Peñarol derrotó a Danubio 1-0 en el partido jugado en el estadio Campeón del Siglo que cerró la 11ª fecha del Torneo Apertura. Con la victoria, el aurinegro quedó en el tercer lugar de la tabla, a tres puntos del líder y a uno del escolta, Defensor Sporting.

Tener precisión es concluyente. Los entrenadores proponen, los jugadores disponen, las tácticas confrontan. Y puede pasar, como en el partido de ayer, que el juego se obstruya, no salga de acuerdo con lo planificado, se vuelva torpe, impreciso. Entonces el arte de la precisión es determinante: Federico Cristóforo, el arquero de Danubio, descolgó un centro, la pelota le quedó larga, salió lejos de su arco para intentar rechazarla por segunda vez, pero no pudo. Nahitan Nández estaba justo en el vértice superior derecho del área grande. Vio el hueco, abrió juego hacia la izquierda, un poco para atrás, y la tocó justo, llovida, por encima de la cabeza de varios que sólo atinaron a ver, resignados, cómo un error propio y una virtud ajena se transformaron en el único tanto del partido. Fue para el invicto Peñarol y valió tres puntos. Mucho rédito en un encuentro que fue, en líneas generales, bastante cerrado.

La primera parte tuvo más lucha que cualquier otra cosa. No estaba en los planes, y eso fue lo que llamó la atención. Ambos plantearon el juego por las puntas, con velocidad y desdoble hasta los últimos metros -los mejores fueron las dos zurdas: Lucas Hernández y Cristian Rodríguez en Peñarol; Lucas Olaza y Diogo Silvestre en Danubio-, pero apenas si hubo chances claras de gol. Las intenciones eran jugar bien para después meter los goles, pero no ocurrió así. El fútbol es perverso: la intención no vale. Al menos, si no hay gol. Y en los primeros 45 minutos no los hubo porque ganaron la intensidad, la marca, el poco espacio para jugar, la falta de acierto en los últimos metros de cada área, y las imprecisiones en la definición: las dos chances más claras de Peñarol fueron un zapatazo a la carrera del Cebolla y un tiro de Nández, que se fueron por arriba del travesaño; la de Danubio corrió por cuenta del volante Giovani Zarfino, allá por el minuto 10, pero Gastón Guruceaga la sacó al córner con un vuelo estupendo. Basta leer los nombres en las pocas jugadas citadas: no aparecen delanteros. La radiografía del primer tiempo no dio buenos resultados.

Pero una cosa son los augurios y otra, bien diferente, es lo que sucede. Nández encontró el rechazo corto del arquero danubiano, se acomodó tomando un poco de distancia, tiró la pelota pinchada por encima de todos y abrió el marcador. 1-0. Nández, el goleador de Peñarol. Otra vez, el capitán aurinegro era determinante en un partido con desdoble y gol. Apenas corrían dos minutos del segundo tiempo, y el partido cambió para siempre.

Danubio tuvo una oportunidad de empatar en los minutos siguientes a quedar en desventaja. Lo impidió Guruceaga, que estaba para figura. A los 58 minutos, voló hacia su izquierda para tapar un remate envenenado de Olaza desde afuera del área. Cinco minutos más tarde, un efecto dominó salvó nuevamente a Peñarol del empate y terminó dejando a Danubio con un hombre menos. Los nombres propios no tienen sinónimos: Guruceaga. Otra vez el golero carbonero, esta vez ante un cabezazo hacia abajo de Juan Manuel Olivera, conservó el cero de su equipo. En ese mismo rechazo van a buscar la pelota Cristian Rodríguez y Nacho González, chocan, el árbitro no consideró la posible infracción del lacazino y eso derivó en airadas protestas del entrenador danubiano, Gastón Machado, y del capitán Damián Malrechauffe. El defensa se ganó la segunda amarilla de la noche por sus reclamos, y su equipo jugó con diez los últimos 25 minutos. Peñarol no supo liquidar el pleito. Aprovechó la circunstancia de jugar con uno más, elaboró varios contragolpes por ambos costados, incluso cambió su figura táctica con el ingreso de Juan Boselli por Marcel Novick, pero siguió fallando en el pase final o en embocarle al arco. Danubio, lejos de quedarse quieto, decidió quedarse con tres defensores e ir al frente, sobre todo con envíos largos y aprovechando las jugadas de pelota detenida.

Pero no hubo caso. A veces las mínimas diferencias son lo suficientemente importantes como para darles sentido a las cosas. Al fin y al cabo, en el fútbol, la mejor ecuación es ganar, y este 1-0 es sinónimo de tres puntos que mantienen en la pelea a Peñarol.

MH.