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9.12.09

Saliendo del ropero

Cuentos llenos de abrojos (ganador de los Fondos Concursables del MEC 2008) es el tercer libro de Jorge Alfonso, autor de Cacareos poéticos y poemas de amor misógino, de 2007, en edición artesanal, y Porrovideo (2008, Estuario). Si bien ha sido publicado un año después, los dieciséis relatos que lo integran son muy anteriores a la escritura de Porrovideo y muestran otras facetas del trabajo narrativo de Alfonso. De hecho, es tentador intentar una perspectiva evolutiva en la que los textos de Cuentos llenos de abrojos podrían ser catalogados en por lo menos dos categorías diferentes, una de ellas evidente nexo a Porrovideo y otra perteneciente a una búsqueda estilística que transitaba por otros caminos.


Si Porrovideo procedía a reinventar la ciudad de Montevideo, rescatando ángulos descuidados por la narrativa y evitando la imagen consabida u “oficial”, el hilo conductor de Cuentos llenos de abrojos pasa más por la elaboración sobre la interioridad del narrador (que en Porrovideo llega al nombre de “Alfonso” y adquiere también una historia en cuanto productor de textos, en el cuento “Navidad con una gata anaranjada”) o los sucesivos narradores (hay en estos cuentos una suerte de presencia que emerge y no termina de emerger) que por la interacción entre su espacio interior y el exterior de la ciudad que habita. El arco que trazan los cuentos “Mi acompañante” y “Breve historia del fin de la tristeza”, primero y último del libro respectivamente, que pueden entenderse como una progresión pero también como dos variaciones de un mismo tema, sirve de receptáculo y límite a las diferentes propuestas narrativas del compilado; así, “Apología” y “Diversas formas de estarse quieto” resultan asimilables a la línea más confesional y menos narrativa del libro, mientras que “Cuento lleno de abrojos”, “Los sueños de gloria de un perro”, “El espectáculo más grande del mundo” y “Tras ella” se instalan en un espacio de mayor apuesta a lo narrativo y equivaldría al nexo del que hablaba en el párrafo anterior. “El espectáculo más grande del mundo”, por ejemplo, traza un puente especialmente claro hacia “El aire del barrio”, cuento que abre Porrovideo.


De todas formas, esta división en dos grupos peca de demasiado simple. Basta con considerar por ejemplo “Debido al gran suceso de público”, cuento que parece resonar con cierto clima kafkiano a la hora de contar la historia de un hombre que llevó su vida y su identidad al escenario, fundiendo el espacio interior con el exterior, ficción con realidad, personaje con persona, o “La guerra a prueba de balas”, quizá el cuento más atípico del compilado (aunque tiene puntos de contacto con “El espectáculo más grande del mundo”) y muestra de un acercamiento de Alfonso a la ciencia ficción de corte cyberpunk.


Los cuentos “En el ropero”, “Mi acompañante”, “La fila”, “Apología”, “Mi gato” y “Diversas formas de estarse quieto” habían aparecido en ediciones sucesivas de A palabra limpia, compilados que surgen del concurso de narradores jóvenes organizado anualmente por la B’nai B’rith y que contó como jurados a Marosa DiGiorgio, Tomás de Mattos, María Esther Burgeño y Rafael Courtoisie. En estos libros prácticamente invisibles aparecieron también relatos de Horacio Cavallo, Rodolfo Santullo y Martín Bentancor, asi como también poesía de Alex Piperno y Emiliano Martínez, por lo que cabría pensar que, a la hora de trazar un mapa posible de la generación de escritores nacidos con posterioridad a la dictadura, se vuelve necesario señalar como muchos de los que empezaron a alcanzar cierta presencia en años como 2007 y 2008 habían figurado ya (y en el caso de Alfonso extensivamente) en otras movidas que en su momento alcanzaron poca o ninguna notoriedad. Creo que vale la pena, entonces, ver en este último libro de Alfonso una suerte de ajuste de cuentas con cierta invisibilidad padecida hasta el lanzamiento de Porrovideo (y también de la muestra El descontento y la promesa, editada y prologada por Hugo Achugar, en la que aparece el cuento “Tras ella”), generando una muestra de su trabajo narrativo desde fechas tan tempranas como 1997 o quizá antes. Y esto nos lleva a pensar, una vez más, en los mecanismos que generan visibilidad en ciertos textos y descartan otros, asi como nos mueve a mirar el pasado reciente con otra atención y descubrir cómo se generaban y generan espacios a través de antologías de concursos o libros autoeditados por los participantes de diversos talleres literarios.


José Gabriel Lagos, en un artículo aparecido en la diaria en Marzo de este año, incorporaba a Alfonso al extremo de uno de los posibles grupos en los que dividir el mapa de los narradores jóvenes, concretamente al sector “pop”, en el que encontraríamos además a Natalia Mardero, Dani Umpi e Ignacio Alcuri. El segundo grupo fue llamado de los “egoístas”, orientados a cierta búsqueda introspectiva; gran parte de los relatos de Cuentos llenos de abrojos podrían leerse como muestras de una más clara filiación “egoísta”, en lugar de la tendencia “pop” de Porrovideo, por lo que cabría pensar que el movimiento desde esta introspección al “pop” sea una de las líneas legibles en la carrera de Alfonso hasta el momento, o marque también que, en el fondo, las preocupaciones existenciales siempre tuvieron un lugar en su obra, hecho que también señalaba Lagos en el artículo mencionado.

Pero dejando de lado estas cuestiones, los cuentos de este último libro de Jorge Alfonso ofrecen un humor ácido y sarcástico, una mirada inquieta, inteligente y desesperanzada y una marcada apuesta al rigor en la escritura. Quienes disfrutaron de Porrovideo hallarán aquí más facetas de un escritor de prestigio creciente y merecido en el nuevo mapa de narradores uruguayos; los que se acerquen por primera vez a la obra de Alfonso encontrarán en Cuentos llenos de abrojos no solo a un autor de claro compromiso con su arte sino además un mundo lleno de ironía, ternura, humor y talento. ■

Ramiro Sanchiz (la diaria, 28/07/2009)

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