En la noche del martes una movilización convocada por una autodenominada coordinadora anti-megaoperativos fue epilogada por una desmedida reacción de los policías encargados de custodiar la puerta del Ministerio del Interior e inmediaciones. Y si bien quien suscribe está en contra de cualquier tipo de represión policial, no puede dejar de reparar en las consecuencias directas de la actitud violenta de algunos de los manifestantes que acudieron a la marcha (asumo que otros fueron de forma pacífica y con auténtica inquietud y preocupación ante las políticas de seguridad pública que aplica el actual gobierno). Si bien cualquier persona está en total derecho de concurrir a una convocatoria de estas características, creo que no todos tienen derecho a ensuciar el trabajo de aquellos que de forma mesurada y propositiva intentan combatir las políticas represivas propuestas o implementadas en nuestro país. La misma semana en que la Universidad de la República, que actores de la sociedad civil, que organizaciones de derechos humanos y hasta parte de las bases frenteamplistas, se pronunciaron en contra de los procedimientos del Ministerio del Interior, un grupo de personas colabora -consciente o inconscientemente- en alimentar las mismas políticas que dice combatir. La indignación burguesa que se despierta ante el uso de molotovs, piedras y vallas caídas; las inmediatas reacciones de las señoras de barrio que se molestan contra los “violentos de siempre”, los medios que se restriegan las manos ante imágenes de fuego y jóvenes, no hacen más que deslegitimar cualquier propuesta colectiva que cuestiona -con argumentos jurídicos, técnicos y hasta éticos- la improcedencia de los mega-operativos. Al mismo tiempo que legitima el accionar policial, el endurecimiento de los deberes punitivos del Estado contra los jóvenes díscolos, capaces de tirar bombas y piedras en la puerta del ministerio. Deberían saber los príncipes de la revolución que esas actitudes cortoplacistas e irresponsables son inconducentes. Quien esto escribe está en contra de bajar la edad de imputabilidad, de los mega-operativos y de casi todas las propuestas estatales en materia de seguridad pública. Conozco muchos jóvenes que piensan como yo. Es posible que quienes acudieron a esa marcha piensen como yo. Pero también conozco muchos jóvenes que creen que estas propuestas derechizantes se desarticulan con argumentos y verdadera movilización, no con posturas burguesas que, escudadas en una pashmina o un pasamontañas, tiran piedras a la Policía. ¿O acaso deslegitimar el trabajo colectivo no es una actitud burguesa? Puede que los objetivos sean comunes, pero mientras esa metodología violentista sea la herramienta utilizada para combatir el capitalismo y sus manifestaciones (¿o acaso estigmatizar a los pobres no es una consecuencia del sistema?), seguro que ninguno de los que tiraron piedras en la movilización del martes hará nada en mi nombre. Los jóvenes uruguayos tenemos algo más decente para ofrecer en este reinado de la anti-política.