“¿Alguien sabe a qué zona vamos?”. La pregunta se escuchó en la puerta de la sede de VU, en la calle Constituyente entre Jackson y Eduardo Acevedo sobre las 14.00, horario y lugar fijados como punto de encuentro por la Lista 10, la “oficial” del sector que lidera Pedro Bordaberry. “Vamos al lugar donde hay más robos”, respondió otro de los convocados. Los asentamientos vecinos 23 de Diciembre y Régulo no aparecen en los mapas de Montevideo; se ubican en la zona rural de la capital. Hacia ese destino partieron dos autos y una moto. Una vez en la avenida General Flores la mini caravana circuló hasta la intersección con Don Pedro de Mendoza, calle que le da nombre a la zona y por la cual transitaron hasta dar con un camino de tierra denominado Linneo. Parecía un lugar de parada obligada. Un cartel de la Lista 10 les daba la bienvenida. Y así fue. En ese punto los vehículos se detuvieron. Los dirigentes debían encontrarse con el candidato a vice, pero no sabían cómo seguir. “Vamos a llamar a Juan Ángel [Vázquez, séptimo titular de la lista a diputados]”, pidió el presidente de VU, Fernando Amado. Pero Juan Ángel no contestaba el celular.

“Voy a salir del auto a fumar un cigarro”, anunció uno de los viajantes. “¿Estás seguro de que te querés bajar acá?”, le advirtieron sus compañeros. “¡No me digan que esperan al Huguito!”, terció un vecino en cuya fachada de la casa anunciaba la venta de lechones y corderos. “El Huguito es lo más grande que hay. Éste es el hombre. Acaba de bajar para abajo [sic]”, indicó con su mano la dirección a seguir a partir de entonces. En seguida todos apagaron sus puchos y continuaron el camino.

Ladran, Hugo

De León se encontraba unos metros más adelante, en la vivienda de una señora que había armado en su galpón un merendero “para los gurises” del 23 de Diciembre, muchos de los cuales se encontraban allí en ese momento. “Acá vamos a dejar la palanca y todo bien cerrado. Las ventanillas también”, anunció uno de los conductores. “¿La ventanilla? Si igual los vidrios te los pueden romper”, acotó el otro. En el lugar había muchas mascotas, la mayoría perros que dedicaban sus ladridos a la delegación colorada y también a la prensa que aguardaba en el lugar. “Acá no hay que tenerles miedo a los perros, hay que tenerles miedo a los chorros”, afirmó un dirigente de VU.

La movida fue promovida por el dirigente zonal Marcos Fagúndez, que no paraba de contar lo arrepentido que estaba de haber apoyado anteriormente a los blancos, cada vez que veía propaganda política del Partido Nacional en la vía pública. El compañero de fórmula de Bordaberry contestó las preguntas de los periodistas; dijo que estaba allí para ver in situ lo que los indicadores de pobreza señalan en las estadísticas. Luego reanudó el viaje en su cuatro por cuatro, secundado por la dirigencia, hacia la calle Osvaldo Rodríguez.

Un anciano pidió a De León que “desarrollara el programa de gobierno” porque estaba “cansado” de los discursos. Vázquez explicó que el PC siempre fue “el escudo de los pobres” y que “ese aspecto del batllismo está inserto en el programa de gobierno”. “No venimos acá a hacer discursos sobre programa, vinimos a ver qué les está pasando”, añadió el candidato. Pero el vecino no se quedó conforme. “No quiero que me detalles el programa, pero hay que hablar un poquito de estas cosas”, insistió y contó cómo “unas señoritas empleadas públicas” lo habían tratado “con prepotencia” cuando fue a renovar la libreta de conducir. Una joven dirigente se encargaba de tomar nota de estos y otros comentarios de los vecinos y luego les pedía sus teléfonos.

Microentrevista

-De León, ¿qué se lleva de este recorrido? -La confirmación de lo que ya sabía desde hace 11 años, que fue cuando conocí esta realidad, estos asentamientos. En 1998 el hermano de Julio Ribas, Juan Pedro, que estaba trabajando en estos temas, nos llevó al asentamiento La Carbonera a entregar unas máquinas para hacer bloques. Y preguntando a la gente que vivía allí supe el problema que se venía en el futuro, pero no tomé ninguna medida. Sólo vi la realidad del futuro, pero ahora, estando en la política, creo que pude escuchar a todos. -¿Cuál es la solución que propone? -Hablar del problema social. Nos tenemos que sincerar todos y tener un programa definitivo sobre de qué maneras y cómo revertir esta situación. Decir con orgullo que hicimos este trabajo va a engrandecer esta sociedad. Tenemos que controlar que estos niños no sigan creciendo por debajo de los niveles de pobreza, ayudar a integrarlos. Por eso hablaba de la planificación familiar inmediata que puede tener el gobierno a mediano y largo plazo. Hablaba de la paternidad responsable, de los medios de prevención de un embarazo no deseado… -¿Habla de despenalizar el aborto? -Hay que despenalizarlo. Es una medida que lamentablemente el presidente Vázquez vetó, pero que se tendrá que ver en el futuro. -Sus dirigentes tenían miedo de que les robaran durante la recorrida. ¿Usted se sintió inseguro en estos lugares? -No, para nada. La gente me recibió con una amabilidad tremenda. Algunos son afines a nuestro partido, otros no, pero hubo una situación de respeto entre los vecinos. Lógicamente acá se vive en una situación complicada, pero no tuvimos ningún problema.

Contexto crítico


En Régulo De León fue recibido por dos mujeres que trabajan en una comisión barrial para “ayudar a los vecinos”. Vázquez les preguntó si tenían agua, saneamiento, guarderías y qué precisaban. “Mirá, como necesitar, necesitamos muchas cosas. Ves que ni dientes tengo... Lo más urgente son boletos para trabajar en la comisión y poder trasladarme a otros barrios donde también trabajo. Porque acá la gente tiene buen empleo, mi hijo es militar”, respondió.

El dirigente Nicolás Ortiz explicó a la diaria que Régulo era un “barrio militar”: “Es como el trabajo social de los militares. Para ser subalterno no es necesario tener secundaria completa y mucha de la gente que vive acá se presenta a estos llamados porque son accesibles, tienen un sueldo seguro y el lugar de empleo cerca. Acá en la periferia están ubicadas muchas de las bases militares”, indicó. De León cumplía con los pedidos de fotos que los lugareños sacaban con sus teléfonos celulares.

Una señora le solicitó algo distinto: “Vengo de Paysandú con mi hijo que tiene una pierna con mala praxis, no conozco Montevideo. Necesitaría unas chapas y unos bloques para hacerme una piecita. No es mucho para ustedes pero para mí sí, porque no sé si lo pueden operar, no sé qué enfermedad será la mala praxis [sic]”. El candidato hizo señas y la dirigente que tomaba notas se encargó de agendar su teléfono.

El último lugar que visitó el ex futbolista antes de retirarse a un acto en Sayago fue un galpón que funciona como sede de la lista 1520. En ese lugar lo esperaban apiñados varios niños con sus mamás. Allí, Fagúndez, el promotor de la recorrida, brindó un improvisado discurso a favor del Partido Colorado, levantando en alto y con firmeza un ejemplar del libro de Wilson Craviotto, Jorge Pacheco Areco. La obra de un estadista.