¿Cómo está viviendo la carrera del FA por un segundo gobierno? -Con optimismo cauteloso, no se puede ser totalmente optimista porque el FA tiene todavía que mostrar toda su capacidad diferencial, que es el trabajo de sus militantes y organizaciones de base. Hay un factor nuevo para la campaña y es que hemos hecho un muy buen gobierno, reflejado en el apoyo inédito que tienen el gobierno y el presidente Tabaré Vázquez.

¿Cuántos cientos de miles de uruguayos se han visto beneficiados en su vida cotidiana? Hay un plus de buen gobierno que a veces los politólogos no pueden medir, que son los avances en el plano de políticas sociales, educativas y de la salud. Ahora lo sustantivo es mantener el rumbo y profundizarlo, sin pensar que hemos hecho todo exactamente bien.

-¿Por qué una mirada cautelosa? -Nos está costando mucho entusiasmar de verdad a nuestros compañeros y sobre todo a los jóvenes, pero confío en que eso se pueda revertir. Hoy los frenteamplistas tenemos mucho más para decirle a la gente, porque no partimos de programas y sueños, sino de cosas concretas que este gobierno en poco más de cuatro años ha podido brindarle a la sociedad.

-¿Cree que este gobierno avanzó por debajo de las posibilidades históricas? -Se avanzó mucho en general, y no podría medir cuánto más se podría haber realizado en áreas específicas. Los que hemos estado en la izquierda desde que empezamos a pensar y que nos formamos en el socialismo siempre esperamos un poco más. Por eso me gusta la consigna “vamos a más”, porque traduce esa convicción de apostar a un segundo gobierno para avanzar en asuntos pendientes. En 2004 decíamos que no se podía esperar milagros ni resolver todos los problemas.

Por ejemplo, hay que pensar en cuatro o cinco gobiernos progresistas para empezar a ver un Estado eficiente.

-¿En qué papel imagina a Vázquez en esta campaña? -Haciendo todo lo que los marcos legales y constitucionales le permitan. Si al gobierno lo atacan, es obvio que los que están y estuvimos en él tenemos el deber cívico de defenderlo. Tabaré ha dicho que asumirá ese rol, de la misma manera que se han reconocido los errores.

-¿En algún episodio sintió que estaba en riesgo la unidad de la fuerza política? -Podríamos hacer un ejercicio comparativo, sin remontarnos a los orígenes del Partido Socialista [PS], fundado en 1910, sino más bien a partir de los años 50, que fue cuando me inicié en la lucha social y política. En la izquierda siempre hemos tenido puntos de vista encontrados y por eso tuvimos dificultades para crecer. Hasta que nos dimos cuenta de que el país necesitaba una conjunción y un frente que uniera fuerzas con matices, pero con cosas en común. El FA en sus orígenes nucleaba a corrientes con diferencias, pero sabíamos que si nos juntábamos podíamos constituir una fuerza capaz de romper ese coágulo político-histórico de los partidos llamados tradicionales. El programa común no tenía todo lo que pensaban el PS, el Partido Demócrata Cristiano, el Partido Comunista [PCU] y las corrientes que venían de los partidos tradicionales, aunque nadie renunciaba a sus utopías.

Cedíamos posiciones por un programa común, y ése fue el proceso de unidad en la diversidad, el gran mérito histórico que tuvo la izquierda uruguaya, que hace que otras izquierdas del continente la valoren tanto.

-¿Esa acumulación le permitiría sobrellevar una eventual derrota en octubre? -No tengo la menor duda. Obviamente que un escenario así ameritaría una gran autocrítica para ver en qué nos equivocamos, en lo táctico y estratégico.

Plantearse una derrota es pensar en un fenómeno apartado de toda lógica política, después de un gobierno con tantos éxitos. Pensemos en la experiencia en Montevideo desde Tabaré hasta ahora.

Sin duda, se cometieron errores, pero la gente entendió que había una nueva manera de gastar los dineros públicos y de gestionar con transparencia, por eso ha legitimado la experiencia.

-¿Al militante del FA le costó asumirse como oficialista? -Lo que el FA perdió, por razones obvias, es la ilusión de llegar al gobierno. Esa ilusión de dar un salto histórico, que abarcó a varias generaciones de izquierda, hoy no la podemos tener porque estamos en el gobierno. Por eso es importante hacer valer que ahora hay más inversiones, que las políticas sociales son posibles, que se puede triplicar el presupuesto educativo y que todos los niños pueden tener una computadora. Perdimos aquella cosa virginal de acceder al gobierno, pero tenemos una contrapartida superior que es la obra que hemos hecho.

-¿El PS tiene problemas para procesar el recambio generacional? -Es un factor que no podemos ocultar, en lo sectorial y en todo el FA. Los recambios son tan difíciles como necesarios. Cuando en 1994 dije que no aceptaba más la candidatura a diputado argumenté que después de estar cierto período en un cargo público y partidario era necesario dar un paso al costado. Para darles espacio a las nuevas generaciones y porque uno mismo necesita oxigenarse, porque el riesgo de la desviación burocrática aumenta con la falta de rotación. En eso estamos un poco retrasados. También vale decir que el tajo de la dictadura conspiró contra relevos que antes eran naturales.

-¿Cómo se sortean, entonces, las ansiedades que genera un congreso electoral como éste? -Cuando se está en el tramo final de la constitución de las listas y las alianzas partidarias se genera un ambiente que no es el más adecuado para avanzar en el plano de las ideas y la reflexión. Pero apuesto a que el PS logrará integrar a todas sus corrientes de pensamiento, más allá de la lucha por los cargos. Y confío en que salga todo bien, porque cualquier sector que salga mal de estos procesos afecta a todo el FA. Es algo que el FA tiene en su haber desde 1971; si uno de sus sectores se debilita perjudica a toda la fuerza, y si logra avanzar la beneficia. Hay que asumir esas responsabilidades porque el FA representa a sectores muy amplios de la sociedad y no les podemos fallar.

-La decisión de acompañar a Astori generó controversias y el tema todavía sobrevuela la interna socialista. ¿Las diferencias en torno a esa opción fueron tácticas o estratégicas? -Un acuerdo para una interna tiene más rasgos tácticos que estratégicos, porque es para un momento determinado. De todas formas, siempre trato de tener una mirada de mediano y largo plazo, por eso siento que habría que tomar decisiones sin perder el rumbo, aunque la cosa no sea lineal y siempre haya zigzagueos en la dialéctica histórica. Las decisiones que tomaron comités centrales y direcciones nacionales acarrearon problemas en todos los sectores, porque el FA no tiene tradición de lucha interna y no estamos tan preparados como el Partido Nacional, que es como mandado hacer para los líos internos.

-¿Se siente equidistante de las corrientes de opinión en el PS? -Estoy fuera de la militancia partidaria activa desde hace mucho tiempo, y veo las cosas con cierta desventaja, porque no estoy en la cotidiana. Tal vez por eso cada vez pienso más las cosas en clave frenteamplista, en lugar de socialista. Yo era secretario general del PS cuando se constituyó el FA, en medio de una ardua discusión porque en todos los grupos había gente que no comprendía la importancia del ingreso. Por consiguiente el FA tiene una importancia tremenda en mi vida, tengo un apego y una mística frenteamplistas muy fuertes.

-No existen muchos antecedentes de que un presidente de la República en funciones renuncie a su sector. ¿Cómo procesaron los socialistas ese episodio? -Todo se tramitó civilizadamente, por parte de él y del PS. No sería objetivo decir que fue un tema que pasó inadvertido, pero la relación sigue siendo muy buena. Hay que recordar que si bien Tabaré surgió a la vida política dentro del PS, siempre fue una figura que lo trascendió.

Él arrancó como candidato a la intendencia y eso ya lo planteó como una figura de todos. La gente no votaba a la “lista de Tabaré” y eso fue bueno para el FA, es decir, que más allá de su filiación se lo viera como un compañero y luego un gobernante de todos.

-¿Y en cuanto a los motivos de su decisión? -Su posición sobre la despenalización del aborto es totalmente distinta a la mía, que soy partidario de la ley. Pero fue por el camino que había anunciado, y el que avisa no es traidor. Por otra parte, pertenezco a la vieja tradición contraria al veto, al que considero un recurso no republicano. Que una persona, por más que haya sido electa por el pueblo, deje sin efecto una ley votada por los representantes de la soberanía popular no parece lo más recomendable, en absoluto.

-Desde la interna del FA se ha cuestionado la pertenencia frenteamplista de José Mujica y el Movimiento de Liberación Nacional. ¿Cuál es su opinión? -Es una gran injusticia que se comete con estos compañeros y con el Pepe en particular. Si bien es cierto que el MLN no formó parte de la creación del FA y que era una organización político-militar que iba por otro camino, sus simpatizantes desde el 26 de Marzo sí se integraron al FA desde el vamos. A diferencia de otras guerrillas que cuando había elecciones las atacaban y cuestionaban a los partidos de izquierda por participar, ellos nunca lo hicieron. Puedo dar testimonio de que ellos veían con simpatía que los sectores de la izquierda se unieran, y no fueron enemigos del FA. Hay sectores que vinieron mucho después, y otros que se fueron y volvieron, así que pensar que en el FA hay categoría A y B es un desastre. Después que se acepta un ingreso tiene que ser en condición de iguales.