Antes de que terminara el plazo para hacer campaña electoral en los medios brasileños, la candidata del Partido de los Trabajadores (PT), Dilma Rousseff, y su rival del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), José Serra, hicieron esta semana sus últimos intentos de acumular votos, con la mira puesta en el 8% de indecisos.

La favorita en las encuestas, Rousseff, llamó a no dar por ganada la elección y aseguró: “Vamos a disputar cada votito”. Sus palabras fueron aplaudidas en un acto en Brasilia en el que participaron varios ministros y cientos de militantes, informó el diario brasileño O Estado.

Recién en los últimos días de campaña Rousseff hizo hincapié en que podría convertirse en la primera mujer electa presidenta de Brasil y llamó a la gente a que la ayude a lograrlo. Declaró que una victoria suya “abrirá un camino” y que “a partir del domingo todas las mujeres de Brasil podrán decir que también pueden ser presidentas”, publicó la agencia EFE. Además recordó las políticas de género impulsadas por el PT -como el plan para incentivar la licencia maternal de seis meses-, y prometió profundizar en esta línea e invertir en programas de capacitación y salud para mujeres.

Junto a un balance del gobierno del presidente Lula da Silva, Rousseff hizo un guiño a los votantes de Marina Silva, la ex candidata a la presidencia por el Partido Verde y ex ministra de Medio Ambiente del gobierno del PT. Dijo que su partido se preocupó por el crecimiento económico sustentable y que durante la gestión de Lula disminuyó el ritmo de la deforestación de la Amazonia gracias a la actuación de quienes fueron sus ministros de Medio Ambiente: Carlos Minc y Marina Silva. Esas palabras eran también una crítica al gobierno anterior, el de Fernando Henrique Cardoso, del PSDB, del que Serra fue ministro. La candidata, además, acusó a Serra y al PSDB de no atender los temas sociales y de tratarlos como “un anexo al programa de gobierno”. Dijo que ésa es “la diferencia histórica” entre su partido y el de su rival.

Aprendiz de Lula

Ese día, el miércoles, Serra prometió que si gana las elecciones, dará “continuidad” a los programas sociales de Lula -quien alcanza 83% de popularidad-, en particular el plan de transferencia monetaria Bolsa Familia y el de construcción de viviendas Mi casa, Mi vida, informó la agencia de noticias Ansa. También prometió, tal como lo reclamaba la iglesia Asamblea de Dios, que si gana, vetará un proyecto de ley que considera delito la homofobia, en caso de que se convierta en ley. “Esa ley voy a vetarla, porque persigue a las iglesias que tienen posiciones contrarias a la homosexualidad. Una cosa es perseguir y hacer grupos de exterminio contra gays, como ya ocurrió; otra es prohibir que las iglesias se manifiesten contra actos homosexuales entre sus fieles”, dijo, según citó la agencia.

Por otra parte, Serra alertó que “Brasil está sufriendo una desindustrialización”, y aseguró: “Yo voy a cambiar esa política”.

Haciendo números

Aunque Rousseff pidió evitar el triunfalismo, las encuestas de intención de voto mantienen optimista al PT. Distintos sondeos, como los de las firmas Datafolha y Sensus, pronostican que Rousseff ganará.Estiman que obtendrá entre 49% y 54% de los votos, mientras que Serra recibirá entre 36,7% y 46%. Además de una ventaja para Rousseff, los sondeos muestran una tendencia al crecimiento de la intención de voto para la candidata oficialista.

“Las encuestas están muy equivocadas. Sabemos que algunas, como las de Vox Populi o Sensus, están alquiladas y trabajan para el gobierno”, acusó Serra, según citó EFE. El candidato aseguró: “Hay un abuso con las encuestas en Brasil, que en un futuro tendrá que ser revisado, porque acaba teniendo influencia en los electores”. Recordó que varios sondeos se equivocaron al dar a Rousseff como ganadora en primera vuelta.

Vaticano en campaña

Grupos religiosos brasileños hicieron campaña contra Rousseff en estas elecciones. Insistieron en que si gana, despenalizará el aborto, pese a que la candidata firmó un documento que indicaba lo contrario. Quizás por eso las palabras que el papa Benedicto XVI dijo ayer a obispos del nordeste brasileño, de visita en el Vaticano, ocuparon los titulares destinados a la campaña en varios portales de noticias y ediciones digitales de medios de prensa de Brasil.

El papa declaró que “cuando los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas lo exigieran, los pastores tienen el grave deber de emitir un juicio moral, aun en materias políticas”. Añadió que corresponde a los sacerdotes orientar a los fieles laicos a vivir según la doctrina de la iglesia, y en ese sentido señaló: “Cuando los proyectos políticos contemplan, abierta o veladamente, la despenalización del aborto o de la eutanasia, el ideal democrático, que sólo es verdaderamente tal cuando reconoce y tutela la dignidad de la persona, es traicionado en sus bases”.

Otra voz en la campaña fue la del presidente Lula, quien declaró que una victoria de Serra el domingo sería un “retroceso”, que su candidata es víctima de “canalladas” y que si “el gobierno tiene 3% de evaluación mala o pésima, ese 3% debe estar en el comité de Serra”.