-¿Cómo fuiste procesando tu historia reciente?

-En los últimos diez años, es mucho tiempo... Siempre traté de que la evolución fuera natural, lejos de las presiones, fuera de los medios, fuera de la política y de los familiares. Totalmente es imposible, pero siempre traté de despejarlo y de hacer lo que yo sentía y quería, sin dejarme influenciar y pensando independientemente. Así lo hice y con eso realmente estoy muy conforme. Por supuesto que tuve presiones, no necesariamente intencionales. Hubo varias etapas. Desde el comienzo nunca tuve un rechazo hacia lo que fui sabiendo; al contrario, lo acepté. Tiene que ver con esas cosas que uno no elige y llega un momento en que uno tiene que empezar a elegir, ver con toda esta historia qué es lo que yo puedo empezar a elegir, tomar las riendas de mi vida y pensar en un futuro. Durante mucho tiempo me costó pensar en un futuro. Vivía el hoy totalmente y lo único que sabía era lo que tenía que hacer dentro de una semana o un mes, pero me era muy difícil proyectarme en absolutamente todo. Estuve acompañada y tuve contención; si no, hubiera sido imposible estar hoy acá, pero tuvo que ver también con empezar a completarme. La verdad desde cualquier lugar completa, aunque a veces la verdad no es la que uno quisiera. Pero creo que es el momento de empezar a ver qué es lo que quiero y de proyectarme un futuro, no se puede vivir tan encima de las cosas.

-¿Qué quedó de la Macarena anterior a conocer la verdad?

-Lo que aprendí, los valores. Fueron 23 años. No creo que para alguien sea posible borrar 23 años de su vida. Además, tampoco tengo rechazo hacia ellos. Tuve la vida que tuve, me divertí, fui querida. Tuve unos papás que, más allá de no ser los biológicos, me dieron todo el amor de padres que pudieron darme y creo que eso es lindo y no hay por qué borrarlo. Lo que soy hoy tiene muchísimo que ver con lo que fui a lo largo de todos esos años.

-¿Dónde esperaste el 25 de octubre el resultado del plebiscito por el Sí?

-En la casa de Eduardo Galeano. Con él, con su esposa. Son dos personas que me han apoyado muchísimo, han compartido muchísimo conmigo todos estos años y me han ayudado a no sentirme sola.

-¿Qué sentiste cuando se supo que la ley no iba a ser anulada?

-A mí no me sorprendió tanto. Miraba la intención de voto durante los días previos y estaba claro que no había una clara definición, haya tenido que ver con lo que haya tenido que ver. Ahora debe haber mucha autocrítica; hay que preguntarse por qué llegamos a estos resultados.

-¿Eduardo Galeano qué te dijo?

-[Se ríe]. Bueno, fue una etapa de la bronca. Los primeros momentos son los de la bronca y el “por qué no”. De la impotencia, de la angustia, de pensar cómo seguimos de esta manera habiendo pasado tantos años. Fue lo que pasó y por más que duela hay que tratar de aprender.

-¿Fue un error el plebiscito?

-Sí. Mirándolo a la distancia fue un error, pero también hay que ver por qué fue un error. El plebiscito surge ante la falta de una respuesta política, el poder político fundamentalmente tiene que hacer una autocrítica seria de esto. No había intenciones en el gobierno de Tabaré Vázquez de remover esta ley, él había asumido un compromiso público, no era ningún misterio.

-¿Y ahora visualizás cuáles son las intenciones del nuevo gobierno?

-Me aparto de las intenciones porque estoy en el comienzo de un juicio en el marco de la Convención Interamericana de Derechos Humanos y una de las recomendaciones que hace y que no fue cumplida por el Estado es la de remover la Ley de Caducidad. Ahora me dejan de preocupar las intenciones y me empieza a preocupar si el gobierno va a hacer lo que debe hacer. Más allá de las posturas personales, esta ley fue declarada inconstitucional y va en contra de todos los tratados internacionales que firmó Uruguay. Y teniendo la experiencia que se tuvo, no hay otro camino que la anulación.

-¿Tenés claro que esta instancia en la Corte puede ser decisiva en ese camino?

-Es lo que debería ser. Realmente no sé qué posición va a tomar el gobierno. Cuando se llega a una instancia de éstas es porque se ha recorrido mucho y se ha hablado demasiado. Es el momento de hacer lo que se debe hacer.

-¿Cómo te juega el hecho de que esta instancia clave esté personificada en tu nombre?

-Está bien, pero no va por ahí. Lo decisivo es la historia. Me tocó a mí, pero le podría haber tocado a cualquiera de los familiares tener que llegar a una demanda, a la que llegamos porque se nos negó en varias oportunidades el acceso a la justicia. ¿Cómo lo llevo todos los días? No sabría decirte.

-¿Y la espera cómo es?

-Calma en el sentido de que siento que los jueces van teniendo un camino y una meta, quizás no sea el final. Para mí esto tiene mucho de etapas y de cierre de etapas. La etapa de buscar -a pesar de que se va a seguir buscando toda la vida- y la etapa del diálogo, lamentablemente, se terminaron y no dieron frutos. Lo que queda es esto. Para mí es bastante triste que las cosas tengan que venir de afuera.

Verdad

-¿Encontraste respuestas?

-Me quedan muchísimas preguntas y tengo algunas respuestas. Lo que más angustia e impotencia me da es que están las respuestas disponibles. Acá no hubo un accidente de avión y mi mamá cayó en algún lado, se hizo una búsqueda y no se encontró. Acá las repuestas las tienen personas con rostros, con nombres, que están vivas y se niegan sistemáticamente a decir la verdad.

-¿Existen posibilidades de llegar a la verdad todavía?

-Quiero pensar que sí. Creo que va a llegar. También son seres humanos. No tengo odio hacia ellos, no me hace feliz que estén presos, pienso en sus familias y en sus hijos. El tema viene cuando pienso en mi familia y en tantas otras a las cuales no tuvieron ningún problema en destruir, porque la desaparición de los hijos destruye cualquier familia. Se me hace difícil entender que haya seres humanos que pueden llevar esa carga en la conciencia tanto tiempo y cómo podrían, eventualmente, morir con eso.

-¿Impunidad?

-Sí, impunidad. Pero va más allá de eso. Ahora están presos, llegará una condena pero, ¿qué nos da eso a todos a la larga?

-¿Significó algo para ti el procesamiento de Manual Cordero en Argentina por su participación en el Plan Cóndor?

-Sí, por supuesto. También viene de afuera. Significa que se quiere hacer justicia. Ahora, que la justicia se haga depende de otras muchas cosas.

-¿Sin verdad no hay justicia?

-No.

-¿Indulto a cambio de la verdad?

-El indulto no. Ahora se está planteando el arresto domiciliario. Entiendo al presidente desde el lugar de víctima que fue, pero no está en ese lugar porque se victimice. Está por lo que significa su experiencia personal, con los sentimientos que eso te da. Pero si quiere ser un presidente para todos -como él lo ha dicho y creo que es su deseo- debería tratar de despegarse de eso. Es lo que hay que tratar de hacer, incluso yo, porque entiendo que hay intereses de todos que prevalecen a los particulares.

-¿Hay alguna forma de que el pasado de Mujica no atraiga al pasado?

-Es muy difícil pero el Estado es más amplio y creo que el presidente tiene que ver por la sociedad. Éste no es un tema entre ellos [los tupamaros] y los militares. Éste es un problema entre la sociedad y los militares que debe resolver la sociedad. No lo va a poder resolver el presidente Mujica. Para eso se tienen que habilitar todos los caminos de la justicia. Ayer el presidente [por el martes, cuando estuvo en Durazno con los mandos de las Fuerzas Armadas] decía: “Sentimos gente que, con razón o sin ella, reclama que hay que dar vuelta la página y, al mismo tiempo, gente de nuestro pueblo, tan válida como la otra, que grita por justicia, también con razón o sin ella.” La justicia tiene que existir desde siempre y no es necesario que una víctima pida justicia, los poderes del Estado deben velar por ella. No he visto ningún militar arrepentido ni queriendo decir ninguna verdad, entonces para mí es imposible pensar siquiera en un arresto domiciliario.

Reparos

-¿Vas a ampararte en la Ley de Reparación Integral?

-No. Es una decisión que tomé hace mucho tiempo. Con esa ley yo no me siento reparada en ningún aspecto, en absolutamente nada. Uno de los porqués es que tenemos una Ley de Caducidad. Otro motivo es que en esta ley no se reconoce explícitamente la participación de Uruguay en el Plan Cóndor y de ninguna manera sin Plan Cóndor hoy yo podría estar acá hablando contigo. De ninguna manera hubieran pasado las cosas como pasaron. No digo que no hubieran pasado, pero no de la forma en que sucedieron. Tengo claro que no se va a hacer una ley para casos particulares pero no hay ningún punto que me satisfaga. Me parece que además de un reconocimiento tiene que haber una actitud en consecuencia, aunque no voy a negar los esfuerzos en ese sentido de ninguna manera.

-¿Cuál es tu consejo para aquellos que puedan ser beneficiarios de la ley?

-Creo que a algunas personas puede satisfacerlas y me parece totalmente justo. Esto es personal, tiene que ver con lo que siente cada uno. Mi mamá no tenía ningún vínculo con Uruguay. Que pongan una plaza no me va a llevar a pensar en ella. En el único lugar donde se sabe que estuvo fue ahí [en el Calen]. No es nada reparador que el lugar donde pasaron cosas siga siendo una dependencia militar y sin el más mínimo indicio de lo que allí pasó. Mi camino es la Corte Interamericana.

-¿Pudiste hacerte una idea de cómo era tu mamá?

-Sí. Lamentablemente tuvo una vida muy corta. Cuando yo me enteré ya era mayor de lo que era ella cuando presuntamente la mataron.

-¿Te planteaste la idea de ser madre?

-Prefiero no contestar eso.

Proyectar

-Si tuvieras que caracterizar a tu generación, ¿cómo lo harías?

-Fue la generación a la que se le trató de borrar la memoria. Una generación que fue víctima de mucho ocultamiento, que atravesó sin saber. Se le trató de matar la iniciativa en muchas cosas. No tengo claro si es o no una generación de transición. Pero hoy mi generación está en la edad de poder hacer mucho. Tiene mucha potencialidad y lo que necesita es más espacio. No en el sentido de reivindicar “espacios para los jóvenes”, porque tampoco somos tan jóvenes.

-¿Te pareció llamativo que la juventud que no convivió con la dictadura tomara riendas en campaña por la anulación?

-Sí, me llamó la atención y fue muy reconfortante. Fue muy lindo ver el involucramiento, pero también faltó espacio y reconocimiento. Porque para otros ya era la segunda experiencia y los sentimientos son diferentes. Estas cosas son las que deben alentarse.

-¿Cómo pensás que se acercaron a la verdad esos jóvenes?

-Por su inquietud. A su vez, la gente estuvo dispuesta a dar su testimonio y a difundir qué fue lo que pasó. La única manera es la transmisión del material escrito. Si uno trata de entender la sociedad de hoy es imprescindible saber cómo era su pasado. La valentía de querer saber eso no significa ni quedarse en el pasado ni centrarse en él. Pero, en definitiva, es imprescindible saber. Se facilitó el acceso de la información. En mi generación y la de los años inmediatos se trató de no hablar “de eso”, de olvidar.

-¿Qué les tocará a los hijos de esta generación?

-No sé qué les puede llegar a tocar, pero van a tener motivos para seguir avanzando. Reparados definitivamente no van a estar, pero vivirán en una sociedad más justa y con mejores ejemplos.

-Supongamos que llegó el día y la Ley de Caducidad quedó sin efecto. ¿Qué hay después?

-Alivio. Porque va a abrir un camino y va a tirar abajo el tema de la impunidad. Vamos a poder empezar a hablar de la primera reparación.