“Les pido disculpas a todos pero no quiero más pérdidas. Yo también estoy devastado. Nos rendiremos”, dijo Jatuporn Promphan, uno de los dirigentes de los camisas rojas de Tailandia, que protestan contra el gobierno desde el 12 de marzo. Luego se entregó a las tropas del Ejército, que arremetieron con vehículos blindados y armas semiautomáticas en el campamento que los opositores mantenían en la capital.

Este campamento alojaba a miles de manifestantes y mantenía paralizado desde hace seis semanas el distrito comercial céntrico de Bang-kok, donde se encuentran varios hoteles y sedes diplomáticas, informaron el diario tailandés Bangkok Post y la agencia de noticias Reuters. La ofensiva militar para desmantelarlo comenzó el jueves y dejó desde entonces 55 muertos y 450 heridos.

Ayer otros cinco líderes se entregaron a la Policía luego de pedir el fin de las protestas, otros tres no lo hicieron y muchos de los manifestantes reaccionaron con violencia ante el pedido de abandonar las movilizaciones. Al llegar las tropas, columnas de humo que surgían de neumáticos incendiados ocultaron a muchos de los camisas rojas.

El primer ministro, Abhisit Vejjajiva, del Partido Demócrata, acusado por la oposición de acceder al gobierno sin el apoyo popular, decretó el toque de queda anoche en 21 provincias del país para controlar los incidentes que ocurrieron luego del enfrentamiento de ayer, que causaron 15 muertes.

Un portavoz del Ejército anunció que las fuerzas armadas recuperaron el control de la capital luego de imponer el toque de queda. Antes, los camisas rojas saquearon comercios e incendiaron 27 edificios, entre ellos los de la Bolsa de Valores y el Canal 3 de televisión, que es estatal y cuyos funcionarios fueron evacuados en helicóptero por la azotea. También fue incendiado y destruido el Central World, el segundo centro comercial del sudeste de Asia, informó la agencia de noticias EFE. Los empleados de los diarios Bangkok Post y The Nation también fueron evacuados para prevenir, porque los camisas rojas los acusan de ser simpatizantes del gobierno. Por el toque de queda, la mayoría de los comercios de la capital -de más de 12 millones de habitantes- cerraron sus locales. También lo hicieron las sucursales de bancos, luego de que la emisora Radio Roja exhortó a los manifestantes a “lanzar fuego si están cerca de cualquier banco”.

Los camisas rojas exigen la disolución del Parlamento y la convocatoria a elecciones. La mayoría de ellos pertenecen a zonas rurales de Tailandia o a clases urbanas pobres y son simpatizantes del ex primer ministro, Thaksin Shinawatra, derrocado en 2006 por un golpe militar y luego condenado por corrupción en su ausencia. Shinawatra advirtió ayer, desde su exilio, que la ofensiva militar no detendrá el malestar político y que el “resentimiento” podría llevar al “pueblo” a un conflicto civil en todo el país.